¿Somos víctimas o victimarios del capitalismo?
¿Por qué esta tiene que ser la única opción?

¿Hasta dónde somos capaces de llegar para salvar nuestro propio culo? Angustia, desesperación, locura y sangre a costa del incesante y devorador capitalismo. Parece que todo está permitido cuando el sistema te escupe y no te queda mucho más que perder.
Park Chan-wook, uno de los grandes directores del cine asiático contemporáneo regresa a la pantalla grande tras la sofisticada obra maestra Decision to Leave (2022), el cineasta surcoreano cambia de registro pero no de maestría en la dirección cinematográfica de La única opción.
Man-soo (Lee Byung-hun) es un hombre que parecía tenerlo todo: era el empleado del año en una empresa papelera, está casado con una esposa compañera (Son Ye-jin), tiene dos hermosos hijos talentosos, dos perros preciosos y una casa de ensueño. Pero en nuestra época nuestra realidad puede cambiar de un segundo a otro, la era digital avanza y el pasado no sólo queda atrás, es arrasado. Tras ser despedido por un recorte masivo enfrenta la humillación del desempleo y Man-soo ya cansado y amenazado económicamente por su situación decide que si el mercado laboral es una guerra, él será victimario de sus planes y no una víctima más del sistema, así que concibe un plan para eliminar a sus competidores directos por un puesto que anhela en una nueva compañía papelera.
Es una tragicomedia y pese a la fuertísima crítica al sistema no se convierte en un drama solemne. Park abraza el absurdo y el humor negro para describir la tragedia. Man-soo no es un asesino profesional, es un hombre patético y algo torpe impulsado por una masculinidad frágil y un capitalismo feroz. Hay una secuencia magnífica e hilarante donde la vida o la muerte dependen de una comunicación imposible por el volumen ensordecedor de la música.
Una densa capa de sátira social recubre este relato de supervivencia. Si en Parasite (2019) la lucha de clases era una infiltración desde abajo, No other choice es un manotazo de ahogado de la clase media trabajadora que está amenazada por desaparecer. Park utiliza el oficio y la obsesión del papel como metáfora de un mundo que se niega a morir ante el avance de la automatización. Cada trama está excelentemente escrita, la del protagonista y la deshumanización del mundo laboral, la de la eliminación de sus competidores, la de su esposa, la de su hijo y mi favorita la de su talentosa hija, excelso final para esta última.
Película tremendamente recomendada para todo tipo de espectador, una de las películas del año, de esas que te hacen reír y ponerte tenso de un plano al otro pero también de las que uno sale reflexionando sobre el mundo en el que vivimos y en la realidad que deberíamos querer construir para vivir mejor. ¡Al cine!
Calificación: 9.5/10
Por Julián Lloves para La Butaca Web.