Batacazo multiversal
Serious Sam es uno de mis primeros recuerdos asociados a los videojuegos. Antes de saber siquiera como se controlaba un teclado y un ratón, ya tuve la oportunidad de abrirme paso entre hordas de extraterrestres por el antiguo Egipto mientras escuchaba comentarios estúpidos de fondo.

Como podréis imaginar, mi habilidad en aquel entonces no era demasiado buena. Vaya, que incluso el demasiado sobra. Con suerte podía avanzar corriendo de escenario en escenario hasta que alguno me obligase a limpiar la sala de enemigos, momento en el cual terminaba muriendo.
Pero, aparte de algo inútil, era muy persistente. Por ello, reiniciaba el juego una y otra vez, aprovechando cada ocasión para ver de nuevo las escenas iniciales, donde me explicaban la historia de Sam y las “guerras mentales”. No sé cuánto tiempo dediqué a aquel juego, pero fue el suficiente para que su música y su estilo visual se grabasen en lo más profundo de mi cerebro; en el lugar en el cual se fue poco a poco formando mi visión de este medio.
Después de aquellas partidas, tardé años en volver a la franquicia. Cuando por fin lo hice, mi habilidad a los mandos había mejorado indudablemente (aunque distaba de ser demasiado buena, para qué engañarnos). De una u otra forma, fue suficiente para poder superar el primer encuentro en su totalidad. A día de hoy, todavía recuerdo como me sentí al llegar al último nivel. La fascinación que me provocó cruzarme (y superar) tal horda de enemigos, cuyos compañeros caídos eran rápidamente reemplazados por nuevas bestias sedientas de sangre. Todo ello, acompañado por una de las mejores bandas sonoras que mis jóvenes oídos habían escuchado.

Creo que después de esta regresión, comprenderéis un poco mejor cual es mi relación con la saga y por encima de todo, en cuán alta estima tengo a la primera entrega (comparto aprecio similar por muchos juegos de la saga principal, sobre todo los clásicos).
Es por ello, que cuando tengo la oportunidad de probar algo relacionado con nuestro Sam, aprovecho para hacerlo. Ese ha sido el caso para Shatterverse, el nuevo spin-off de la saga, que trata de llevar al héroe intergaláctico al roguelite, de forma un tanto desastrosa.
Un dato curioso de la franquicia: hay más spin-offs que juegos principales. De hecho, la proporción es casi de 2 spin-offs por juego. Por ello, es natural que haya obras más apreciadas y otras un tanto menos queridas. SeriousSam: Shatterverse no es una continuación de la cuarta entrega ni de su fantástico DLC (el cual analicé en esta misma página hace ya unos años), es un juego de otros padres que trata de servirse de la ambientación de la saga para construir un roguelite cooperativo.
En este, entra en escena el multiverso. Resulta que Sam sólo es el hombre más duro de su propio universo, el cual resulta ser únicamente uno entre muchos. De entre estos muchos, uno de ellos cuenta con la versión más peligrosa de Mental (el malo, en resumidas cuentas). Este ha descubierto la existencia del multiverso y ha comenzado a conquistarlo en su totalidad.

En el proceso, las fronteras entre mundos se han roto y de ellas ha nacido la resistencia: una colección de los mejores Sams, de los tipos (o tipas) más duros de todo el multiverso. Así pues, como jugadores, nos toca meternos en su piel y explorar diferentes mundos para detener a Mental y sus planes de conquista.
La historia nunca ha sido el punto fuerte de la franquicia. De hecho, suele ser alguna excusa tonta y poco creíble a partir de la cual poder machacar todo lo que se nos ponga por delante. Pero lo que sí que suele ser, es divertida. Tanto en su premisa como en la forma en qué se cuenta. Respecto a la premisa, estamos delante de un cliché con mayúsculas. Es algo que puedo aceptar sin mucho quebradero de cabeza, ya que Sam destaca por ser un cliché andante: el héroe americano por antonomasia. Ya sabéis, el tío duro que no mira a las explosiones.
Pero donde ya no trago es en la forma en la que esta historia se cuenta. A través de comentarios entre los distintos personajes que son como poco, cansinos. Es difícil coger una de las características principales de Sam, explicarse con cuatro palabras estúpidas pero aun así mantenerse en su pedestal de virilidad y convertirlo en una competición de chascarrillos irritantes.

Los distintos Sams hablan entre ellos, hablan mucho pero no dicen nada. Mientras avanzas por los escenarios del juego, serás bombardeado por más comentarios que por proyectiles. Por suerte, el juego te deja silenciar estos diálogos. Pero bueno, una mala narrativa quedaría fácilmente perdonada a través de un buen loop jugable.Por desgracia, es todavía peor a los mandos.
En Serious Sam: Shatterverse, nuestras partidas se separarán en actos, en cada uno de los cuales tendremos que cruzar 3 mundos semi aleatorios y acabar con sus respectivos jefes finales. Para ello, uno o varios Sams se unirán a la aventura y tratarán de enfrentarse a las hordas enemigas a la vez que consiguen nuevas armas y mejoran sus habilidades.
Está claro que la base de este juego es moverse y disparar, pero por desgracia es el punto en el que más flaquea. La movilidad es, sencillamente, horrible. Se trata de un shooter de 2026 con todas las letras: dash, doble salto y, como no, gancho. Pese a estar delante del Sam con más opciones de movilidad del mercado, el movimiento del juego es ortopédico y frustrante. El personaje no tiene peso, el gancho desafía a la gravedad de forma incómoda y los dashes, sorprendentemente, consiguen cortar la inercia del movimiento.

Con ello, moverse por los mapas (mapas faltos del cariño que irradian los de la franquicia principal) se siente más un trámite que un núcleo jugable. Pero disparar, por desgracia, no mejora la situación. El gamefeel de las armas no es malo por sí mismo, pero los enemigos consiguen acabar con toda inmersión. El ejército de Mental está compuesto por algunos de los principales monstruos de la franquicia, pero convertidos en versiones mucho más estúpidas y con claros problemas de programación.
Las masillas terrestres y voladoras (los Gnaar y las Arpías) se atascan en cualquier esquina o con cualquier elemento del terreno y basta con desplazarse en círculos para anularlos. Los esqueletos de Kleer, una especie de toros hechos de huesos, caracterizados por desplazarse muy rápido, pero en línea recta, ahora son capaces de modificar su dirección a placer y en todo momento van directos a estrellarse en tu cara, por mucho que te muevas.
Junto a todo esto, el juego parece diseñado para obligarte a rejugarlo durante horas y horas. Una de las principales características de la franquicia es el amplio arsenal de Sam, con todo tipo de armas imposibles, siempre a mano. Shatterverse cuenta con muchas de las armas icónicas de la saga, pero bloqueadas tras un muro de pago (de moneda del juego, tranquilos). Por hacernos una idea, iniciamos con tres armas básicas (pistola, tommy gun y escopeta) y con suerte tras seis o siete horas bien invertidas, habremos desbloqueado una o dos más. Si queremos hacernos con algunas de las más icónicas, necesitaremos completar todavía más partidas.
Con esto, se alarga de forma artificial el progreso y se consigue un juego más largo, pero de qué sirve esto si el jugador se cansa y abandona antes de conseguirlo. Entre esos jugadores me encuentro. Quizá más allá de las veinte horas se esconde el verdadero oro del juego, pero yo, ahora mismo, no seguiría con Serious Sam: Shatterverse ni con el tiempo de otro.

En conclusión, Serious Sam: Shatterverse es un shooter genérico ambientado en el universo del que toma el título. No destaca ni como shooter, ni como roguelite, ni como juego de la franquicia. Pese a tratarse de un juego con un precio muy reducido, no ofrece nada por lo que pueda recomendarlo ni a jugadores casuales ni a seguidores de Serious Sam.
Calificación : 3/10


