Los directores de cine son egoístas al escribir, eso es así. Pero piensan cuán generosos pueden ser con sus películas, si es que el privilegio de una vida de cineastas no les nubla la visión y su conexión con el mundo que quieren retratar. Realidad, ficción, metaficción y autoficción dialogan entre sí en la nueva película del gran cineasta español Pedro Almodóvar, quien con este film sigue la temática crepuscular de Dolor y gloria (2019) pero haciendo énfasis en el proceso de la creación y la realización artística personal.

Amarga navidad es un puzzle cinematográfico con la clara firma de su autor que retrata dos historias, o mejor dicho una historia dentro de otra historia (dentro de la propia historia de Almodóvar). La secuencia que abre el film es la de Elsa Rosado (Bárbara Lennie) padeciendo unas terribles migrañas y que debido al insoportable dolor de cabeza decide ir a una guardia médica junto a su pareja Bonifacio (Patrick Criado), bombero y stripper. Luego de una escena de presentación subrayada desde los movimientos de cámara y unos diálogos acartonados, ojo a este detalle, se revela que Elsa es una cineasta ‘de culto’ que lleva tiempo sin rodar una película debido a que, hace años ya, se dedica exclusivamente a la publicidad y curiosamente así fue que conoció a su pareja, contactándolo para un anuncio luego de verlo realizar un espectacular striptease.
La trama nos muestra que la historia de Elsa es parte del guion que está escribiendo Raúl Durán (Leonardo Sbaraglia), un director de cine reconocido que hace años no rueda y cuyas mejores películas ya han pasado, un alter ego del propio Almodóvar. La propia historia de Raúl empieza a tomar peso cuando Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), su asistente personal de toda la vida, le comunica que dejará de trabajar para él porque una amiga muy cercana a ella está pasando un mal momento y quiere dedicarle tiempo para acompañarla. Raúl se lo toma muy bien e incluso humanamente le pide estar al tanto de esa situación para ayudar en lo posible, en su lugar queda su enigmático compañero, Santi (Quim Gutiérrez). Con esto ya planteado inicia el puzzle meta cinematográfico de idas y vueltas entre las historias donde una se alimenta de la otra.
Raúl quiere escribir un buen guion y no sólo vivir del prestigio ganado antaño. El problema aparece cuando, para escribir ese buen guion, exprime las delicadas historias personales de sus cercanos sin consentimiento alguno. Almodóvar vuelve a la trama que escribe Raúl, mostrando que su película no es demasiado buena, al menos de momento, juega con diálogos acartonados y explicativos a modo de chiste metacinematográfico y avanza cuando Elsa se toma un tiempo de descanso para que la crisis nerviosa que atraviesa no le siga dando migrañas. Para eso viaja a Lanzarote, una particular isla canaria de playas negras, que la rodea de algo más cercano a cenizas que a arena en sí, ejerciendo para la ocasión de antítesis frente a la nieve blanca que hace juego con el título del film. En la isla Elsa se reencuentra con el deseo de filmar una película y se dispone a escribir un guion autobiográfico para exorcizar un duelo que no logró cerrar. A Lanzarote la acompaña su amiga Patricia (Victoria Luengo) en plena crisis matrimonial debido a una sospecha de infidelidad en su relación, pero luego es reemplazada por Natalia (Milena Smit) otra amiga en duelo de Elsa. Los cineastas protagonistas, un poco en el mismo punto, toman las mismas decisiones a la hora de reconectar con la escritura cinematográfica.
“Si va a llegar el día en que me abandones /
prefiero, corazón, que sea esta noche. /
[…]
Vas a saber que aquello que dejaste /
fue lo que más quisiste, pero ya no hay remedio.”
Canta Chavela Vargas en Amarga navidad, canción compuesta por José Alfredo Jiménez que le da título al film. No es la única obra de Chavela que atraviesa la película ya que el director utiliza espléndidamente su figura. En primer lugar, Amaia Romero le canta a Elsa para calmarla, sosteniendo una escena completa solamente con su dulce voz. Una emoción que sólo se logra alcanzar con ternura y talento. El otro tema es La llorona y en este caso la escena es sostenida por la voz de Chavela y la emoción de dos amigas que necesitaban llorar. Acá es cuando Almodóvar muestra su altura y sensibilidad como artista haciendo un paralelismo consigo mismo. En las últimas presentaciones en vivo de Chavela, ya a sus 93 años y luego de una vida entera de cantar y cantar, lógicamente su voz no es lo que era, incluso la estaba perdiendo. Almodóvar toma esto y filma que una gran verdad puede ser representada en el arte también con susurros, incluso en el ocaso de una carrera. Su puesta en escena es acotada pero pulcra, ya no dirige películas visualmente histriónicas ni rimbombantes como sus films de los ‘80 y ‘90 y es consciente de ello.
Raúl está en medio de una crisis creativa y no sabe qué rumbo darle a los personajes de su guion, acá se cuela su realidad en la película. El director parece no saber relacionarse con sus seres cercanos y llena todo vacío personal filmando; el propio personaje de Sbaraglia lo dice: «Hace 5 años que no filmo; si no ruedo, me voy a morir». Eso es todo lo que un cineasta quiere, filmar. Y hará cualquier cosa para lograrlo, en especial para poder hacerlo bien, con una historia que le reviva el fuego que le celebraban en sus buenas épocas. Así que Almodóvar pone a Raúl en incómodas situaciones donde se le reclama ser demasiado complaciente consigo mismo y vivir de su prestigio de director en vez de su oficio como cineasta.
Amarga navidad es el retrato de una contradicción humana y artística, un artista necesita canalizar su realidad para devolverla transformada en belleza, sin importarle que sea a costa de esa misma belleza que lo rodea. Almodóvar filma su propia madurez desnudando las miserias del oficio en este puzzle de guion y pone en valor personas que aparentemente siempre fueron invisibles pero en realidad nunca lo fueron. ¡Al cine!
Calificación: 8/10
Por Julián Lloves para La Butaca Web.









