La calle Corrientes suele tener un ritmo propio, pero el pasado domingo 29 de marzo, ese pulso se transformó en un latido puramente colombiano. El mítico Teatro Gran Rex abrió sus puertas para recibir a una de las instituciones más grandes de la música latina: el Grupo Niche. Con más de 45 años de historia a cuestas, la orquesta no solo cumplió con las expectativas, sino que convirtió la sala en el «salsódromo» más grande de Buenos Aires.

Desde los primeros acordes, quedó claro que la noche sería una celebración de la identidad cultural. El arranque fue emotivo y contundente con “Mi hijo y yo”, donde Adolfo Echeverría tomó las riendas de la voz líder, estableciendo una conexión inmediata con un público que ya presagiaba una jornada histórica.
Sin dar respiro, la posta pasó a Alejandro Íñigo para interpretar “Eres”. Fue el momento exacto en que el aforo completo se eyectó de sus asientos. La pieza, cargada de la esencia del eterno fundador Jairo Varela, sirvió para demostrar por qué la salsa colombiana tiene un ADN propio: esa línea percusiva tan particular que la distancia de los sonidos neoyorquinos y la vuelve irresistible para el bailador.
Lo que se vivió en el escenario fue mucho más que un concierto; fue un despliegue de prolijidad sonora y visual. La orquesta optó por enganchar sus temas a modo de popurrí, manteniendo la energía en lo más alto mientras los músicos ejecutaban coreografías acrobáticas que contagiaban euforia.
El viaje por el repertorio histórico continuó con:
“Gotas de lluvia”: Cantada al unísono por miles de voces.
“Digo yo”: Una joya de 1981 que apeló a la nostalgia de los seguidores de la primera hora, demostrando la vigencia de sus arreglos originales.
Cuando parecía que la intensidad no podía subir más, el Grupo Niche desenfundó su artillería pesada dedicada a la «Capital mundial de la salsa». Con la precisión de un reloj suizo y el crisol de voces que los caracteriza, la orquesta arremetió con “Cali ají”, seguida de la emotiva “Mi pueblo natal”.
El Gran Rex, repleto hasta las banderas, fue testigo de una fiesta donde nadie permaneció sentado. Entre banderas, gritos y un baile que no cesó durante toda la función, la orquesta colombiana reafirmó que sus canciones —como “Cali Pachanguero” o “Una Aventura”— no solo atraviesan generaciones, sino que son el lenguaje universal del Caribe que sigue conquistando el sur del continente.
La noche cerró con la certeza de que, aunque pasen los años, el sonido de Niche sigue sonando tan actual y necesario como el primer día.













