LO ABSURDO DE LA VIOLENCIA EN FANDO Y LIS
En 1968, el director chileno Alejandro Jodorowsky, uno de los grandes referentes del surrealismo en el cine, estrenó Fando y Lis, una película basada en la obra homónima del dramaturgo español Fernando Arrabal. A través de un universo absurdo y devastado, la historia explora la violencia, el egocentrismo y las complejas relaciones humanas.

La semana pasada asistí a la penúltima función de Fando y Lis, la nueva obra de Emmanuel Maximiliano, una adaptación tanto de la historia de Arrabal como de la película de Jodorowsky. Dirigida y protagonizada por el propio Emmanuel, la puesta nos transporta a un mundo devastado: Fando empuja el carro en el que viaja Lis, su compañera paralítica. Juntos avanzan hacia Tar, una ciudad que promete una vida mejor, pero que nunca termina de aparecer.
Durante el viaje, la relación entre ambos revela una dinámica atravesada por el amor, la dependencia, la humillación y la violencia. El elenco está encabezado por Pepe Barón, Lucía Cordeiro, Diego Jozami, Pablito Lancone y Kevin Jonathan Vainer: un grupo de jóvenes actores comprometidos con una obra difícil, en la que lo único surrealista es el entorno y la manera en que este afecta a los personajes. Porque lo verdaderamente real y tangible es la violencia; aquella que ocurre en privado y que, muchas veces, preferimos ignorar.
Emmanuel Maximiliano parece tener una particular fascinación por los personajes introspectivos, melancólicos y oscuros. Aquí interpreta a un personaje complejo, que transita entre lo encantador y lo manipulador, entre la fragilidad, la inestabilidad y la violencia.
Lucía Cordeiro está sublime. A pesar de permanecer gran parte de la obra postrada en el suelo, su interpretación nunca se limita al movimiento físico: es a través de los gestos, la mirada y las emociones que construye a Lis. Es un personaje que sufre y conmueve, una víctima que desea escapar de su yugo, pero que también parece atrapada en un ciclo del que no puede salir, hasta que su cuerpo ya no puede resistir más.
Fando y Lis no es una obra fácil, especialmente para quienes buscan una comedia de pareja, situaciones cotidianas muy porteñas o secretos destinados a provocar risas. Es una experiencia tensa, oscura e incómoda, capaz de despertar emociones muy diferentes. Porque el teatro no está hecho únicamente para entretenernos o hacernos reír: también puede incomodarnos, confrontarnos y obligarnos a reflexionar.
Fando y Lis se presenta los viernes a las 22:30 en El Excéntrico de la 18.
Escribe Sebastián Arismendi para La Butaca Web.








