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Desde el momento en que uno ingresa a la sala del Teatro Azul, Un paso atrás ya comenzó. Los actores ocupan el escenario con máscaras, moviéndose en una especie de danza silenciosa que desconcierta y despierta curiosidad. Es una apertura tan extraña como atractiva, que prepara el terreno para una obra que apuesta constantemente por sorprender.
Escrita y dirigida por Matías Vitali, la pieza cuenta la historia de un maestro de escuela primaria que, tras la filtración de un video íntimo, toma una decisiónque piede cambiar el rumbo de su vida. La acción transcurre durante la noche de su cumpleaños, justo antes de que familiares y seres queridos lleguen para festejarlo por sorpresa. Sin embargo, el gran acierto de la obra no reside solamente en lo que cuenta, sino en cómo lo cuenta.
A través de un recurso narrativo tan arriesgado como efectivo, la historia avanza en dos líneas temporales. Un personaje de tono casi onírico interrumpe la acción para retroceder en el tiempo y revelar fragmentos clave de lo ocurrido horas antes. Estos “pasos atrás” enriquecen el relato, construyen tensión y permiten que el espectador complete el rompecabezas de manera gradual.
Con momentos desopilantes y otros profundamente humanos, la obra logra un equilibrio poco frecuente. El numeroso elenco, por momentos caótico en el mejor sentido, recuerda esa energía coral que hizo inolvidable a Esperando la carroza. El resultado es una propuesta original, emotiva y muy bien interpretada, que invita a reflexionar sin perder nunca el vínculo con el entretenimiento.
Una obra recomendable, de esas que consiguen algo cada vez más valioso: sacarnos de nuestro tiempo por un rato y sumergirnos por completo en el suyo.
Elenco:
Agustín Friedt, Alejandro Souto, Araceli Napoli, Clarisa Portaluppi, Diego Nardomarino, Flora Aylen, Florencia Weiss, Gabriel Nicolás Ahumada, Laura Laiguera,
Leandro Patané, Mara González, Maru Boggio, Matias Vitali, Nicolas Cogo, Silvina Galas, Silvina Jontef, Sol Castiello
Ficha Técnica
Fotografía:
Laura Laiguera y Matías Vitali
Diseño gráfico:
Laura Laiguera
Diseño sonoro: Matías Vitali
Escenografía e iluminación: Lucas Pardeau
Producción ejecutiva: Alejandro Souto y Matías Vitali
Asistente de dirección: Ana Laura Castañiza y Martina Amadeo Paz
La Universidad de Buenos Aires y la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), a través de la Secretaría de Políticas de Diseño e Innovación Tecnológica, la Secretaría de Relaciones Institucionales, Cultura y Comunicación, y la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido, anuncian la realización de la cuarta edición del Festival Internacional de Cine de la UBA
(FIC.UBA), que se llevará a cabo del 30 de septiembre al 7 de octubre de 2026.El FIC.UBA 2026 reafirma su compromiso con el cine y se consolida como un espacio de exhibición, formación e intercambio que conecta a la comunidad universitaria con el panorama audiovisual contemporáneo, tanto local como internacional. Con entrada libre y gratuita, el festival presentará una programación diversa que incluirá sus distintas competencias, retrospectivas, homenajes y ciclos especiales.
Convocatorias a competencias
La inscripción de películas para el Festival Internacional de Cine de la UBA ya está abierta. Desde el 28 de mayo hasta el 30 de junio de 2026, realizadores y realizadoras podrán registrar sus obras -nacionales e internacionales- a través de la web oficial del festival o también a través de festhome.com. La inscripción es gratuita y está abierta a películas de ficción, documental y animación, tanto de largometraje como de cortometraje. El festival cuenta con cinco competencias y otorgará premios en efectivo en cada una de ellas: Para conocer las condiciones de participación y el reglamento completo, se puede consultar la web oficial del festival fic.uba.ar
-Competencia Internacional de Largometrajes.
-Competencia Iberoamericana de Cortometrajes.
-Competencia de Cortometrajes U.B.A.
-Competencia de Largos Graduados DIS
-Competencia de Cortos Graduados DIS
Estos reconocimientos refuerzan el compromiso del FIC.UBA con la formación, el intercambio internacional y el acompañamiento de nuevas voces del cine. En la cuarta edición, FIC.UBA volverá a entregar premios económicos, viajes internacionales y becas de participación en festivales y programas de formación en instituciones públicas y privadas.
En ese marco, se volverá a premiar al mejor cortometraje argentino de la Competencia Iberoamericana de Cortometrajes con el Premio Distribución Festhome, que consiste en un año de distribución internacional a cargo de Festhome.com con tasas de inscripción incluidas. Con una mirada puesta en el futuro de los y las jóvenes cineastas, el FIC.UBA distinguirá los proyectos ganadores de la Competencia Cortos UBA con:
-Un viaje a España para participar del Málaga Talent, en el Festival de Málaga.
-Un viaje a Colombia para asistir a BIFF Bang, el área de formación de talentos del Festival de Cine de Bogotá.
En el teatro El Extranjero, todos los lunes a las 20:30 sucede “Nido de Lagarto”, de Franco Verdoia.
Esos dos se aman en secreto desde hace cuarenta años. El tiempo pasa, la vida se arma a espaldas del deseo. El cuarto de un hotel de ruta, su nido y refugio; un lagarto escondido, el único testigo de ese amor prohibido. ¿Habremos errado en la vida? La pregunta sin respuesta. Si el final llega, que sea juntos.
La actuación de Silvina Sabater y Horacio Acosta logra encarnar la desesperación por poder ser. La urgencia de verse, pero siempre a escondidas, habita esos cuerpos en los que el tiempo va dejando huella. Hay momentos de gran intensidad emocional. El estar de ambos instala un tiempo en la sala que mantiene la atención de quienes observan.
Mención especial a la escenografía. Los años también pasan a los objetos. El cuarto de hotel va despedazándose. El nido se vacía, sólo quedan ellos dos.
“Nido de lagarto” sobre el amor, el tiempo y la vida. Un tono melancólico atraviesa los momentos de mayor humor y fantasía, ahí está lo que se puede y lo que no. Las reflexiones trascienden la escena y flotan hacia la platea en la que, a su modo, cada quien resuena.
“Nido de Lagarto”- Lunes 20:30hs – Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378).
Los directores de cine son egoístas al escribir, eso es así. Pero piensan cuán generosos pueden ser con sus películas, si es que el privilegio de una vida de cineastas no les nubla la visión y su conexión con el mundo que quieren retratar. Realidad, ficción, metaficción y autoficción dialogan entre sí en la nueva película del gran cineasta español Pedro Almodóvar, quien con este film sigue la temática crepuscular de Dolor y gloria (2019) pero haciendo énfasis en el proceso de la creación y la realización artística personal.
Amarga navidad es un puzzle cinematográfico con la clara firma de su autor que retrata dos historias, o mejor dicho una historia dentro de otra historia (dentro de la propia historia de Almodóvar). La secuencia que abre el film es la de Elsa Rosado (Bárbara Lennie) padeciendo unas terribles migrañas y que debido al insoportable dolor de cabeza decide ir a una guardia médica junto a su pareja Bonifacio (Patrick Criado), bombero y stripper. Luego de una escena de presentación subrayada desde los movimientos de cámara y unos diálogos acartonados, ojo a este detalle, se revela que Elsa es una cineasta ‘de culto’ que lleva tiempo sin rodar una película debido a que, hace años ya, se dedica exclusivamente a la publicidad y curiosamente así fue que conoció a su pareja, contactándolo para un anuncio luego de verlo realizar un espectacular striptease.
La trama nos muestra que la historia de Elsa es parte del guion que está escribiendo Raúl Durán (Leonardo Sbaraglia), un director de cine reconocido que hace años no rueda y cuyas mejores películas ya han pasado, un alter ego del propio Almodóvar. La propia historia de Raúl empieza a tomar peso cuando Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), su asistente personal de toda la vida, le comunica que dejará de trabajar para él porque una amiga muy cercana a ella está pasando un mal momento y quiere dedicarle tiempo para acompañarla. Raúl se lo toma muy bien e incluso humanamente le pide estar al tanto de esa situación para ayudar en lo posible, en su lugar queda su enigmático compañero, Santi (Quim Gutiérrez). Con esto ya planteado inicia el puzzle meta cinematográfico de idas y vueltas entre las historias donde una se alimenta de la otra.
Raúl quiere escribir un buen guion y no sólo vivir del prestigio ganado antaño. El problema aparece cuando, para escribir ese buen guion, exprime las delicadas historias personales de sus cercanos sin consentimiento alguno. Almodóvar vuelve a la trama que escribe Raúl, mostrando que su película no es demasiado buena, al menos de momento, juega con diálogos acartonados y explicativos a modo de chiste metacinematográfico y avanza cuando Elsa se toma un tiempo de descanso para que la crisis nerviosa que atraviesa no le siga dando migrañas. Para eso viaja a Lanzarote, una particular isla canaria de playas negras, que la rodea de algo más cercano a cenizas que a arena en sí, ejerciendo para la ocasión de antítesis frente a la nieve blanca que hace juego con el título del film. En la isla Elsa se reencuentra con el deseo de filmar una película y se dispone a escribir un guion autobiográfico para exorcizar un duelo que no logró cerrar. A Lanzarote la acompaña su amiga Patricia (Victoria Luengo) en plena crisis matrimonial debido a una sospecha de infidelidad en su relación, pero luego es reemplazada por Natalia (Milena Smit) otra amiga en duelo de Elsa. Los cineastas protagonistas, un poco en el mismo punto, toman las mismas decisiones a la hora de reconectar con la escritura cinematográfica.
“Si va a llegar el día en que me abandones / prefiero, corazón, que sea esta noche. / […] Vas a saber que aquello que dejaste / fue lo que más quisiste, pero ya no hay remedio.”
Canta Chavela Vargas en Amarga navidad, canción compuesta por José Alfredo Jiménez que le da título al film. No es la única obra de Chavela que atraviesa la película ya que el director utiliza espléndidamente su figura. En primer lugar, Amaia Romero le canta a Elsa para calmarla, sosteniendo una escena completa solamente con su dulce voz. Una emoción que sólo se logra alcanzar con ternura y talento. El otro tema es La llorona y en este caso la escena es sostenida por la voz de Chavela y la emoción de dos amigas que necesitaban llorar. Acá es cuando Almodóvar muestra su altura y sensibilidad como artista haciendo un paralelismo consigo mismo.En las últimas presentaciones en vivo de Chavela, ya a sus 93 años y luego de una vida entera de cantar y cantar, lógicamente su voz no es lo que era, incluso la estaba perdiendo. Almodóvar toma esto y filma que una gran verdad puede ser representada en el arte también con susurros, incluso en el ocaso de una carrera. Su puesta en escena es acotada pero pulcra, ya no dirige películas visualmente histriónicas ni rimbombantes como sus films de los ‘80 y ‘90 y es consciente de ello.
Raúl está en medio de una crisis creativa y no sabe qué rumbo darle a los personajes de su guion, acá se cuela su realidad en la película. El director parece no saber relacionarse con sus seres cercanos y llena todo vacío personal filmando; el propio personaje de Sbaraglia lo dice: «Hace 5 años que no filmo; si no ruedo, me voy a morir». Eso es todo lo que un cineasta quiere, filmar. Y hará cualquier cosa para lograrlo, en especial para poder hacerlo bien, con una historia que le reviva el fuego que le celebraban en sus buenas épocas. Así que Almodóvar pone a Raúl en incómodas situaciones donde se le reclama ser demasiado complaciente consigo mismo y vivir de su prestigio de director en vez de su oficio como cineasta.
Amarga navidad es el retrato de una contradicción humana y artística, un artista necesita canalizar su realidad para devolverla transformada en belleza, sin importarle que sea a costa de esa misma belleza que lo rodea. Almodóvar filma su propia madurez desnudando las miserias del oficio en este puzzle de guion y pone en valor personas que aparentemente siempre fueron invisibles pero en realidad nunca lo fueron. ¡Al cine!
Calificación: 8/10 Por Julián Lloves para La Butaca Web.
Esta vez vamos a hablar de algo diferente, y es que nos vamos casi a la otra punta del mundo, para hablarles de una película que mezcla drama y terror y que nos llega desde Japón. Veamos por qué vale la pena darle una oportunidad a este proyecto llamado Dollhouse.
La trama se centra en la pareja de Yoshie y Tadashiko, quienes, tras perder a su pequeña hija, buscan un poco de paz con una muñeca de cerámica de tamaño real. Pero pronto la muñeca es dejada de lado cuando Yoshie queda embarazada. Los años pasan, y situaciones extrañas se empiezan a dar en torno a Aya, la despechada muñeca, que oculta varios secretos.
A verdad que no esperaba demasiado de esta película, sobre todo, porque no conocía a nadie de los involucrados; y, por ende, no tenía referencia de si eran buenos artistas o no. Y si, al menos en este caso, se nota talento en varios de los apartados. Empezando y destacando por sobre los demás, el del guión.
Si, la historia a priori parece media cliché, con una familia perdiendo a un ser querido, y en su desesperación por llenar ese vacío, termina atrayendo a un ente maligno. El tema es que la parte dramática está tan bien mezclada con la terrorífica, que ni nos damos cuenta cuando pasamos del miedo al nudo en la garganta, y viceversa.
En esto ayuda bastante las actuaciones de la pareja principal, Masami Nagasawa y Koji Seto, pero solo de ellos, porque si bien el estilo de actuación oriental dista bastante del nuestro, el resto de los personajes se sienten muy sobreactuados. En especial, el de la abuela, algo irónico, porque se supone que la actriz es la que más experiencia tiene.
Otro problema que le veo a Dollhouse, es que se alarga demasiado. Creo que la parte dramática del inicio, se extiende sin necesidad, siendo bastante redundante en lo respectivo a la pérdida de la hija. Si, sabemos que es un evento muy dramático, pero como espectadores esta historia la vimos cientos de veces, no hacía falta que nos cuenten lo mismo de siempre, con tanto detalle.
Quitando eso, Dollhouse es una película se sostiene bastante bien. Aunque se estira en su presentación, y algunas actuaciones sacan de clima, en general si es un proyecto que merece no solo ser aprobado, sino también recomendado. Para ver, pasarla bien y no mucho más.
Una serie que llamó la atención por razones equivocadas en el momento de su anuncio, fue Margo´s Got Money Problems. Y es que la protagonizaba la siempre angelical Elle Fanning, pero en un rol que hasta ahora nunca la vimos, mostrando bastante piel y con una temática centrada en onlyfans. Pero ¿De qué habla en realidad esta producción de Apple TV? Sigan leyendo y veamos que hay mucho más.
La menor de las Fanning interpreta a Margo, una estudiante universitaria de literatura, que tras pedir unas asesorías, termina acostándose con su profesor (que tiene familia), quedando embarazada en el proceso. Ahora siendo madre soltera, y con unos padres separados bastante particulares y sin conseguir un trabajo estable, la única solución que encuentra para mantener a su bebe es una: abrirse un onlyfans.
Como dije, esta serie habla de bastante más que el concepto de onlyfans, y es sobre las pocas posibilidades que tienen algunas madres solteras, de conseguir trabajo y rehacer su vida, cuando el padre más que un apoyo, parece un enemigo. Y no, no es que se tome partidismo, por un lado, es una situación que si pasa.
Lo interesante acá es lo pintoresca de la situación, porque no solo tenemos a Margo lidiando con sus problemas económicos, sus padres, son una bizarreada completa. Por un lado, tenemos a Trish, interpretada por Michelle Pfeifer, una ex trabajadora de Hooties que toda su vida fue una mujer liberal y despampanante, que está próxima a casarse con un sacerdote. Mientras que Jynx (Nick Offerman) es un ex wrestler con adicción a las drogas duras, en proceso de sanación y que aparece después de varios años a la puerta de Margo.
En cuanto a la dichosa aplicación mal asociada al nopor, se usa como lo que es, otro medio de trabajo. Margo´s Got Money Problems no sataniza ni endiosa a las mujeres que recurren a dicha plataforma como medio de trabajo. De hecho, la página no aparece hasta bien entrada la serie, mostrando que fue algo usado como último recurso.
Eso sí, no esperen un completo dramón; porque no estamos frente a uno. La serie está escrita en tono de comedia, algo que se, podría molestarles a muchos, pero que creo fue la decisión correcta. Sobre todo, para sacarle un poco de tensión a momentos de verdad dramáticos, y a la vez, tomarse las cosas con un poco más de relax. Aunque cuando se pone seria, sobre todo en el final, lo hace y puede llegar a conmover bastante.
Margo´s Got Money Problems es una serie bastante buena, que, al parecer, ya tiene su segunda temporada confirmada. En lo personal creo que esto último no es necesario, porque ya todo cierra bien; pero si van a estirar la historia, ojalá sea con este mismo nivel. Recomendable para todo el público.
A través de un dispositivo metateatral, la protagonista nos invita a acompañarla en la pregunta que motoriza toda la obra: ¿Quién es ella? A partir de este interrogante disparador que despliega múltiples reflexiones, Inés decide construir la respuesta reconstruyendo los recuerdos del vínculo de sus padres. Así, colocándose en el rol de testigo, nos relata los últimos años de vida de esa pareja y el modo en que el amor y la memoria fueron mutando con el tiempo.
La obra habla del acompañarse, de toda una vida compartida, pero también de cómo la historia en común no siempre es garantía para seguir juntos hasta el final. Expone la separación, pero una separación habitada por la distancia donde se siguen recordando, amando y queriendo. Inés nos ofrece, a través de sus propios ojos, el mapa del amor que aprendió de ellos.
La puesta en escena se apoya en una escenografía sutil y justa. Es un diseño que invita a habitar los distintos espacios del recuerdo y de aquella casa evocada. En ese marco, la dramaturgia también echa luz sobre una zona tan compleja como humana: el acompañamiento a nuestros padres en su última etapa vital, ese momento donde los roles se invierten y nos toca preguntarnos quién cuida a quién, y desde qué lugar de amor y ternura se sostiene ese cuidado.
Desde la dirección de actores, se destaca la acertada composición de los padres de Inés, interpretados por Luis Canduci y Elena Petraglia. A través de un ritmo pausado, orgánico y sin apuros, sumado a una economía gestual que acompaña de manera increíble al relato, los actores logran transmitir toda la verdad e historia de esta pareja.
Los juegos de pelea y las series animadas de acción parecen llevarse muy bien. No son pocos los casos que tenemos donde se enfrentan a nuestros personajes favoritos, pero pudiéndolos controlar y decidir quién le puede partir la madre a quien. Y si había una serie que se prestaba para eso, era la de Invencible. Así que hoy veamos que nos trajeron los amigos de Double Helix Games para las consolas de última generación.
Como suele pasar con los videojuegos de lucha actuales, poseen un modo historia. Que en realidad es una excusa para ir probando a todos los personajes que tendremos en la plantilla inicial, con un arco de dificultad bastante marcado desde el inicio. Y es que estamos ante una de esas ocasiones donde si no hacemos el tutorial, nos va a costar demasiado avanzar de la primera pelea.
Y esto es irónico, porque la mayoría de los combos pueden hacerse apretando el mismo botón. El tema es que tenemos algunas mecánicas para evitar combos interminables, al más puro estilo Killer Instinct (ser nota que es de los mismos desarrolladores). Y para esto tenemos el intercambio de personajes, que es más complejo de lo que pareciera.
Y es que podemos hacer diferentes combinaciones para que nuestros dos compañeros nos asistan, o entren a interrumpir un combo, o alarguen nuestro ataque, o incluso metan un especial mientras nosotros también lo hacemos. Si bien todo se soluciona combinando botones, para los que no están muy duchos con los sistemas de los juegos de pelea, esto, de nuevo, va a costar.
En cuanto al apartado visual, estamos ante otra adaptación hecha con sell sheading. Esto no lo digo como algo malo, si visualmente funciona, no hay que ponerse a innovar y pifiarla. De hecho, dicha técnica ayuda bastante a plasmar la violencia explícita que maneja la serie. Y el detalle de que los personajes se vayan cansando a medida que van recibiendo daño, o la pelea se extienda, es un detallazo.
Pero cómo pueden ir intuyendo, el gran problema de este juego es su dificultad y poca accesibilidad al jugador novato. Si bien los combos son fáciles de ejecutar, necesitan mucha precisión, y tiempo, algo que al menos la I.A rival no nos va a dar; terminando la serie por ser un machacabotones salvo para aquellos que ya son expertos en el tema.
Invencible vs es un juego recomendable, pero con ciertas precauciones. Como pueden ver, el mayor pero que tiene es que de entrada se plantea bastante difícil a menos que se tenga mucha experiencia en juegos de peleas tag. Quitando eso, rescata bastante bien la esencia de la serie/cómic. Va a depender de su paciencia.
Lo mejor: visualmente da la pega con el material original. Es muy dinámico.
La expectativa se sentía en el aire porteño desde temprano. El regreso en solitario de Martin Garrix a la Argentina, en el marco de su ambicioso “Martin Garrix Americas Tour”, no era una fecha más: era la confirmación de un romance idilio que el DJ y productor neerlandés ha sabido cosechar con el público local a lo largo de los años. Con entradas completamente agotadas, el Movistar Arena se preparó para recibir una noche que prometía ser histórica.
El viaje sonoro comenzó puntual a las 19:00 hs con el DJ Cocho, encargado de encender las primeras luces de la noche. Poco después, el formato B2B (back-to-back) de Mar Monzón y Lulu Matheou terminó de moldear el clima ideal, transformando el estadio en una verdadera pista de baile electrónica de dimensiones colosales.
A las 20:35 hs, la energía dio un salto cuántico con la aparición de Julián Jordan. El compatriota y amigo íntimo de Garrix no se guardó nada: desplegó un set cargado de beats demoledores . La respuesta del público fue inmediata: saltos, coros unísonos y miles de pantallas apuntando al escenario. “Argentina is my house”, sentenció Jordan desde las bandejas, una frase que terminó de sellar su complicidad absoluta con la audiencia y dejó el terreno perfectamente pavimentado.
Cerca de las 21:50 hs, las luces se apagaron por completo para dar paso al plato fuerte. Bajo una imponente puesta en escena que fusionó pantallas de última generación, luces láser y efectos visuales que hablaban el mismo idioma que la música, Martin Garrix tomó el control.
Lo primero que llamó la atención al mirar alrededor fue la diversidad del mar de gente: un amplio rango etario que iba desde jóvenes descubriendo la potencia del EDM en vivo, hasta adultos que revivieron con nostalgia y euforia el auge del género en la década de 2010.
Garrix demostró de inmediato por qué sigue en la cima global de la escena. Abriendo el set con producciones propias, el neerlandés hilvanó una noche perfecta de casi dos horas y media de música continua. Sonaron hits como «Sleepless nights» y «Breakaway», mechados con samples y mezclas precisas que hicieron delirar a los presentes, como el remix de «Cocoon» (su colaboración con 070 Shake) y la nostálgica versión de «Somebody That I Used to Know» de Gotye. Tampoco faltó «In the Name of Love», uno de sus mayores éxitos en plataformas digitales, coreado hasta el desgarro por el estadio entero.
El setlist avanzó sin dar respiro: «Burn out», «Ocean», «Follow» (su potente cruce con Zedd), «Oxygen» y «Gold Skies», momento exacto en que las linternas de miles de teléfonos celulares transformaron el Movistar Arena en un cielo estrellado artificial. Sin embargo, el pico de emotividad de la noche llegó con un tributo. Al sonar los primeros acordes de «Waiting For Love», el estadio entendió el mensaje: era el homenaje de Garrix a su colega y amigo Avicii. Las pantallas se inundaron de mística, los celulares volvieron a encenderse y una ovación generalizada e hiper-sensible hizo temblar el cemento del recinto, rindiendo honor al legado del sueco.
La lista de bombas sonoras continuó con clásicos del género y pistas de alto voltaje como «Tremor», «Mistaken», «Told you so», «Quantum», «Smile», «MAD», «Dragon», «Byte», «Proxy» y «Poison». Hacia el final del show, una inesperada y enérgica versión de «A Sky Full of Stars» de Coldplay terminó de coronar una noche donde la música electrónica y el pop de estadio se abrazaron de manera perfecta.
Martin Garrix se mostró humano, cercano y genuinamente feliz. Sonrió durante todo el show, arengó constantemente desde lo alto de la cabina y buscó con la mirada a una marea humana que jamás dejó de responderle. Minutos antes de la medianoche, el neerlandés cerró su presentación tal como la empezó: con su propio sello sonoro y con la bandera argentina en lo alto. La fecha de Buenos Aires no solo fue un hito dentro de la gira más ambiciosa de su carrera; fue la reconfirmación de que la intensidad del público argentino y la magia de Garrix son una combinación imbatible.
Si hubo una serie en la que todos coincidimos que empezó muy bien y se derrumbó en su tramo final, fue Gameo f Thrones, perdón, fue The boys. Lo visto en la anterior iteración, y la cancelación de su spin off (mis condolencias para sus dos o tres fans), no vaticinaba nada bueno para el final de la serie. Y ahora, tras verla, veamos si Eric Kripke logró redimirse o si dejó a los pibardos en el barro.
Como sabrán, los boys tenían que evitar que Homelander se hiciera con el control del gobierno. Para eso, buscan diferentes formas no solo de liquidar al demente “superhéroe”, sino de destruir a Vought y todos sus asociados.
¿Por dónde empezar cuando el desastre no solo es esta temporada, sino que viene de arrastre? Creo que, por todos, es unánime la opinión de que el techo de The boys se tocó en la tercera temporada, con la aparición de Soldier Boy, y de ahí vino un declive progresivo hasta este terrible final. Y los factores que se venían arrastrando, se acentuaron acá.
El primero es evidente, y es que Kripke y sus lacayos, parecieron nunca enterarse que solo les quedaban ocho capítulos para cerrar todo; y en vez de apresurar la trama, siguieron paveando con chistes de culo, caca y pis (al grado que en casi todos los episodios tenemos a alguien sangrando a chorros por ahí atrás). Eso, meter relleno y, sobre todo, andar presentando cosas para la serie precuela ya confirmada; casi burlándose de los fans en la cara.
Y si a eso le sumamos que ese cinismo y burla al mundo político se limitó obviamente para un solo lado. Si algo destacaba de The Boys es que se reía de todo y todos; pero con una realidad que supera a la ficción, era cuando más se necesitaba que se les pegue a ambos bandos, pero bueno. Solo hace falta ver las imágenes que publicaba el showrunner para entender que esa acidez tan abierta que conocimos, se perdió.
¿Cosas rescatables? Alguna que otra pelea, que son muy pocas, más aún teniendo en cuenta que este era el final. Una actuación desperdigada por ahí, un chiste medio elaborado por allá y poco más. Demasiado poco para lo que deberíamos haber recibido.
La temporada final de The Boys es muy mala. Y da pena que una serie que en su momento comenzó tan bien y políticamente incorrecta, se haya vuelto algo escrito por niños de doce años, y con miedo de ofender al status quo actual. Si bien el cómic tampoco es la gran cosa, no merecía esta adaptación. Si la van a ver, lleguen hasta la tercera entrega y ya.