Crítica: La posesión de la momia

Por Jorge Marchisio



Seguimos analizando películas de terror, y esta vez toca una que bueno, van a ver a fondo que me pareció a medida que lean la reseña, pero que a priori parece tener potencial para ser como mínimo entretenida. Pero bueno, hoy veamos el triste caso de La posesión de la momia.



Nos vamos a El Cairo, con una familia de Albuquerque que se encuentra en dicho país por cuestiones de trabajo. La cosa parecía ir bien hasta que la hija mayor de ellos desaparece, al parecer, habiendo sido secuestrada. Ocho años después, ya con ellos establecidos en su ciudad natal, Katie, reaparece tras haber estado bastante tiempo encerrada en un sarcófago. Lo que nadie esperaba, es que consigo iba a traer algo más.

Complicado no ser malo con una película que no solo desde su póster se cuelga de una franquicia establecida; sino que también desde su puesta en escena lo hace. Porque La posesión de la momia no es una película de terror original, es una mezcla chafa entre Evil Dead y El Conjuro, pero sin entender qué hizo especiales a las dos.

Y esto se da más que nada, por la pobre construcción de personajes. Si, la familia arquetípica está, el tema es que ninguno de ellos, se comporta como un ser humano real. Estamos ante el caso donde todos parecen lobotomizados, para comportarse de la forma más tonta posible, en pos de que las cosas pasen. Solo el rol de una policía egipcia, interpretada por May Calamawy (que aparte es la única que se salva actoralmente) tiene sentido, siendo la única que hace avanzar la trama.

Porque encima, hay que agregar que La posesión de la momia, es innecesariamente larga. Ciento treinta y cuatro minutos es demasiado para lo que se nos narra, sobre todo, si tenemos en cuenta que al ser una producción de Blumhouse, el ahorrar en personajes es cortesía de la casa. Solo tendremos a los seis integrantes de la familia (que viven convenientemente alejados de la civilización), y a la policía egipcia, y ya. Ya se nota demasiado.

En fin, no quiero enroscarme demasiado porque La posesión de la momia tampoco lo vale. Sintiéndose un mal pastiche de otras sagas, dudo que a mucha gente le vaya a gustar este proyecto, siendo un claro ejemplo de los problemas y tópicos de los que padece el terror actual.



Calificación 5/10

Crítica: Risa y la cabina del viento

¿Qué estaríamos dispuestos a hacer para hablar con nuestros muertos? Una niña atraviesa el duelo por la pérdida de su padre y se embarca en una aventura donde puede sanar tanto a los vivos como a los muertos de su pueblo. Infancia, duelo, memoria y reconstrucción son verdades que resuenan en esta película que encuadra la majestuosa inmensidad patagónica.

Juan Cabral, reconocido mundialmente en el ámbito de la publicidad y el videoclip, consolida su visión como autor cinematográfico en su segundo largometraje. Luego de su ópera prima Two/One (2020), hace su debut en en el cine nacional con Risa y la cabina del viento, aportando ideas frescas, un guion emotivo y una pulcra destreza estética. Un relato definido por él mismo y por Julieta Cazzuchelli (Cazzu) como un «animé patagónico». Cabral asume el riesgo de explorar el género fantástico desde una perspectiva infantil y sale muy bien parado con este nuevo coming of age argentino que llega a las salas tras recibir los premios a Mejor Película y Mejor Dirección en el 40° Festival de Mar del Plata.

La trama nos traslada a Ushuaia, el fin del mundo. En la provincia patagónica de Tierra del Fuego, Risa (una magnética Elena Romero en su primer protagónico), una niña de 10 años, lidia con la muerte de su padre, al que nunca conoció debido a un trágico incendio que dejó en ruinas la ciudad y a la comunidad de luto. Caminando hacia la escuela junto a su madre, Sara (Cazzu), descubre una cabina telefónica abandonada. Aunque el teléfono público no funciona, los vecinos del pueblo hacen fila para usarlo, ya sea como descargo de la tragedia o como un portal para comunicarse con las víctimas de la catástrofe. Sara le prohíbe acercarse y le pide no obsesionarse con su difunto padre, pero la niña no puede evitarlo y, tras oír el insistente ring de la cabina, atiende el teléfono. Las almas en pena le piden favores y ella se dispone a resolver los asuntos pendientes de cada uno de los muertos a cambio de su mayor anhelo: hablar con su papá.

Elena Romero lleva adelante la película con mucha altura en cada escena, pero no lo hace sola: Cabral rodea a la protagonista con un elenco coral de peso, integrado por Diego Peretti, Joaquín Furriel, el debut de Cazzu, Gustavo Garzón, Silvina Sabater, Fabián Casas y el joven Manuel Da Silva. Incluso brilla Kuro, un ratoncito adorable que funciona como alivio cómico, aunque tal vez acapare más planos de los necesarios. 

En cuanto a la realización, el film es impecable en cada área, destacando principalmente por una dirección de fotografía y sonido de excelencia, sumado a que Babasónicos musicaliza con varias canciones en diversas versiones. El reparto se luce, en especial Diego Peretti dando en la tecla al interpretar a un vecino deprimido y alcohólico al que le encargan ser el niñero de Risa. Al generar un vínculo con la niña, se convierte en partes iguales en su acompañante, maestro y alumno. Todo fluye, salvo el montaje que por momentos se siente acelerado, con cortes que apresuran los planos y se evidencian estar ahí para avanzar rápido hacia las secuencias mejor consolidadas.

Divertida, muy emocionante y catártica. Una obra que llega a fibras íntimas, a esos dolores que no se quieren charlar. Un relato transversal para todo tipo de espectadores, desde niños hasta adultos mayores. Risa celebra el milagro de las conexiones humanas y el arte. Ayudar a sanar y sanar en el camino. Risa y la cabina del viento es cine argentino que se atreve a soñar en grande, haciéndose cargo de la emoción y la experiencia del espectador. Indudablemente, es una historia para ir a ver en una sala, a oscuras, con desconocidos, y dejarse llevar. ¡Al cine!

Calificación: 8/10
Por Julián Lloves para La Butaca Web.

Crítica: Memoria de un asesino (Memory of a Killer)

Por Jorge Marchisio



Volvemos al mundo de las series con una producción de Fox, y que, para variar, también pasó desapercibida ante el ojo de la mayoría, pero que tiene algunas cosas bastante recomendables, aparte de contar con un paras conocidas en el mundo de la pequeña pantalla como lo son Patrick Dempsey o Michael Imperioli. Veamos de qué trata Memory of a killer.



Patrick Dempsey interpreta a Angelo Ledda, un sicario de élite que trabaja para Dutch. Ya un poco cansado de su trabajo y entrenando a un posible sucesor, Angelo empieza a ver con buenos ojos el retiro, en especial cuando empieza a conocer a una mujer. Pero fantasmas del pasado se hacen presente, y para colmo, empieza a padecer Alzheimer.

La verdad es que me adentré a esta serie medio de casualidad. Al leer la premisa en algunas páginas, pensé que estábamos ante la típica situación de serie episódica con casi todos los capítulos iguales; pero no. Acá tendremos una historia que siempre avanza, al grado que incluso no tenemos casi flashbacks. En ese sentido, háganme caso a mí.

Eso sí, si bien la historia fluye hacia adelante sin regodearse en flashbacks o asesinatos de la semana; por momentos se pierde un poco, en especial, con la subtrama de la hija del protagonista, interpretada por Odeya Rush. Y es que hay un triángulo amoroso (con una mujer embarazada wtf) que no le interesa a nadie, o al menos, a mí en particular.

En cuanto a las escenas de acción, cumplen. Si bien no hay muchas, ya que la mayoría de los asesinatos cometidos por el protagonista son sigilosos o sorpresivos, los pocos combates cuerpo a cuerpo son satisfactorios. Aparte que el trabajo de dobles apenas se nota, haciéndonos dudar si de verdad hubo dobles o los actores realizan las propias escenas.

Y los actores no solo lo hacen bien en estas secuencias. La desesperación e incertidumbre que transmite Patrick Dempsey con su personaje, es para sorprenderse en una serie que no apunta al drama. Mientras que Odeya Rush logra plasmar la duda de su personaje, pese a que el dichoso triángulo amoroso se me hizo pesado.

Memory of a killer es una serie entretenida, que aparte, tiene un final que deja todo preparado para una eventual segunda temporada. Veremos cómo le va en números para saber si la tendremos, o nos tocará conformarnos con un “¿Se acuerdan de esa serie del asesino sin memoria? Estaba buena”

Calificación 7/10

Análisis: Darwin’s Paradox! para Nintendo Switch 2

De la mano de Konami nos llega una de las sorpresas más gratas de la temporada. Darwin’s Paradox es un título de plataformas que, si bien está lejos de ser perfecto, logra destacar gracias a una propuesta ingeniosa, entretenida y sumamente satisfactoria. A pesar de su corta duración y de algunos fallos puntuales, la experiencia global deja un gran sabor de boca al jugador.

La narrativa arranca de forma muy original con un comercial en blanco y negro que ensalza las virtudes de los pulpos, aunque lo hace recomendándolos como un plato de comida. Este prólogo sirve de introducción para presentarnos las habilidades biológicas del protagonista que controlaremos y entender por qué es el espécimen ideal para esta aventura. Tras una breve sección de aprendizaje y exploración en el océano junto a otro compañero, nuestro pulpo es abducido por una nave alienígena y descartado en un basurero , dando inicio a un viaje de supervivencia donde el objetivo principal es avanzar y no morir en el intento.


Como juego de plataformas de desplazamiento lateral, la base es superar escenarios que se vuelven cada vez más peligrosos. El diseño nos obliga a agudizar el ingenio para sortear obstáculos que suelen llevarnos a una muerte inminente, lo que convierte a la experiencia en un proceso de ensayo y error donde aprendemos a controlar mejor los tiempos y los movimientos de las amenazas. Un detalle narrativo muy bien logrado es que no contamos con todos los poderes desde el inicio, ya que manejamos a un pulpo inexperto. Las habilidades se van desbloqueando mediante recuerdos con su compañero de viaje, quien le enseñó en el pasado técnicas vitales como pegarse a las superficies para trepar paredes, lanzar tinta para cegar al enemigo o camuflarse cuando la situación lo requiere.


La jugabilidad es sencilla y muy divertida, aunque exige pensar un poco para superar ciertos «truquillos» del escenario. Se agradece que el título incluya un botón dedicado para obtener pistas si pasamos demasiado tiempo trabados en un mismo sitio. Sin embargo, el control no es infalible; en ocasiones el personaje responde con cierta torpeza, quedándose pegado a superficies cuando el ritmo exige un salto rápido tras activar un interruptor. Si bien estos pequeños fallos de precisión pueden entorpecer tramos específicos, no llegan a arruinar la experiencia general. Por otro lado, la variación de escenarios está muy bien implementada para refrescar los desafíos y acompañar la narrativa, estan también los diarios coleccionables que enriquecen la historia y explican el contexto del mundo. El título puede superarse en alrededor de 6 o 7 horas, dependiendo cuanto mueras en el, pero es un  juego atrapante en todo su recorrido.


En el apartado técnico, la animación es sobresaliente y se siente como una película animada actual, llena de detalles y con una ambientación que evoca el cine de ciencia ficción de los años cincuenta. El uso del color y la construcción de los entornos logran una atmósfera sumamente atractiva que se ve potenciada por una música exquisita. La banda sonora sabe manejar los momentos de tensión y acompañar con armonía cada situación del juego. Sobre el rendimiento en Nintendo Switch 2, debo decir que el título corre muy bien y si bien no he tenido la posibilidad de probar las versiones de otras plataformas, el título es totalmente jugable y es lo que importa.

En conclusión, Darwin’s Paradox es un gran juego respaldado por Konami que presenta una propuesta interesante y muy entretenida. A pesar de los detalles por pulir en el control y la falta de traducción en ciertos textos, es una experiencia de supervivencia más que recomendada para cualquier amante del género.

Calificación 8.5/10

Crítica: Buena suerte, diviértete, no mueras.


Por @cronicadeunavidacualquiera

Yo sabía que los celulares iban a acabar con la humanidad



La historia:
El personaje de Sam Rockwell, que no tiene nombre en la película, aparece una noche en un restaurante con aspecto de indigente diciendo que viene del futuro y que todos estamos condenados a menos que un grupo de gente allí lo ayude con una misión suicida.
Por supuesto que la gente lo ignora y vuelve a sus teléfonos por lo que amenaza con volarlos a todos con una bomba que tiene adherida a su ropa, según él futurista. Nadie quiere acompañarlo en principio pero ante la amenaza aparecen los voluntarios que extrañamente parecen saber más del asunto que lo que uno podría suponer. ¿Será verdad lo que cuenta este extraño hombre o sólo producto de su imaginación? ¿Podrá este ecléctico grupo lograr salvar al mundo?  Habrá que verla para enterarse, si vale la pena lo vemos debajo.

¿Qué me gustó?
La historia es bastante original, a pesar de tomar cosas de varias películas de ciencia ficción. También me parece acertado ir conociendo la historia previa de los personajes a medida que se va desarrollando la historia principal.
El elenco en general está muy bien, especialmente el Sam Rockwell y Haley Lu Richardson que se roban la película.
Como poco a poco se va insertando la ciencia ficción en la vida cotidiana es muy acertado también.
El humor en ciertas partes de la peli es muy efectivo

¿Qué no me gustó?
La crítica social a las redes y a la inteligencia artificial muy propia de la época está bien, pero la mirada de la peli no termina de ser lo suficientemente original como para diferenciarse de otras miradas y opiniones que ya venimos viendo hace rato.
A veces cuando en las películas se arma un grupo con una tarea a cumplir y tenés actores conocidos y otros desconocidos algunas partes se hacen algo previsibles

¿A quién recomiendo esta peli?
A los amantes de la ciencia ficción y el humor negro. Podríamos decir que es una suerte de mezcla entre El día de la marmota (1993), Terminator (1984) que ya advertía del peligro de la inteligencia artificial hace más de 40 años y They live (1988). Si te gustó alguna de esas, está la vas a disfrutar, lo que no quiere decir que estén al mismo nivel.

Dato:
No hay escenas post créditos.

Calificación: 8/10
Duración: 134 minutos
Estrena el 9 de abril en cines

Crítica: Dos pianos


Por @cronicadeunavidacualquiera

A veces en la vida hay que elegir entre dos caminos muy distintos.



La historia:
Mathias es un pianista emergente que acaba de llegar a la ciudad de Lyon para visitar a su mentora, Elena, que le ofrece la posibilidad de tener una carrera soñada.
Cuando está bajando por el ascensor se encuentra de casualidad con Claude, un antiguo amor que ahora está casada con su amigo y que no quiere saber nada con él. Este fugaz encuentro hace que se sumerja en la bebida y ponga su prometedora carrera en peligro. A partir de allí este joven pianista tendrá que decidir entre dos opciones, quedarse en Lyon para reconciliarse con su pasado o dejar todo y viajar por el mundo persiguiendo su carrera.
¿Podrá Mathias tomar una decisión lo desgarrará por dentro?

¿Qué me gustó?
Esta idea de la dualidad está presente en varios aspectos de la peli y siempre es un problema para los personajes que no pueden decidir y dejan al azar ciertas cosas.
Los protagonistas están bien definidos e interpretados, especialmente François Civil que representa a este pianista encantador y también muy conflictuado.
La pasión entre los dos protagonistas es palpable y necesaria para poder entender mejor el conflicto.

¿Qué no me gustó?
Es un poco extensa, quizás se podría haber resuelto en algunos minutos menos.

¿A quién recomiendo esta peli?
A los que les gustan las historias de amor no tan tradicionales, atravesadas por los conflictos internos y la pasión. En algún punto me hizo acordar a Antes del amanecer (1995).

Calificación: 8/10
Duración: 115 minutos
Estrena en el festival de cine francés del 9 al 15 de abril en cinépolis recoleta

Crítica: Paradise (Temporadas 1 y 2)

Por Jorge Marchisio



Hoy volvemos al mundo de las series, con una recomendación hacia una producción que está pasando bastante desapercibida, sin justificación alguna. Y es que si bien en su país de origen, Gringolandia, fue emitida por Hulu, eso no explica el porque la crítica no la menciona en las listas de lo mejor del streaming. Así que hoy veamos de qué trata Paradise.



La primera temporada se resume en que una parte de la elite norteamericana (políticos incluidos), vive en un mega bunker escondido debajo de las montañas. Pero dicho lugar es un nido de víboras, con muchas traiciones y manipulaciones, mientras se le oculta a la gente lo que de verdad pasó en la superficie. Mientras que, en la segunda temporada, nuestro protagonista decide salir para buscar a su esposa, encontrándose con varios personajes nuevos, y acercándose a una especie de The last of us.

Como pueden ver, esta serie varía en sus dos temporadas, con la primera jugando con las intrigas del policial más clásico, y la segunda mutando a algo más de aventura y supervivencia. En ese sentido me pareció una genialidad, ya que al hacer esto, se evitaron el riesgo de que Paradise se estanque, o empiece a dar vueltas en loop con una intriga que se podía resolver de forma rápida.

Por eso creo que también es clave la duración de cada temporada, con la primera durando unos ocho episodios, y la segunda con otros ocho de duración, cada uno de ellos de cuarenta minutos promedio de metraje. Rápido y conciso.

En cuanto a las actuaciones, se nota bastante quienes son actores con experiencia en cine y quienes apenas pueden salir del streaming. Julianne Nicholson, James Marden y Shailene Woodley es una clara muestra de eso, siendo los capítulos centrados en sus personajes, los mejores actuados. Aunque el protagonista Sterling K. Brown no lo hace mal.

Pero hablemos de lo malo, y es que creo que para la magnitud del plan que se nos propone, las explicaciones pecan de simples. Ya sabemos que sobre explicar las cosas o tratar de tonto al espectador es un pecado, pero tampoco pasar por arriba cada escena donde los científicos e ingenieros explican el cataclismo o como funciona la infraestructura del bunker.

Pero el fuerte de Paradise no está en la verosimilitud de su premisa, sino en las emociones. En el tramo final de la primera temporada la serie pega un subidón del que no baja, con un inicio de segunda, presentando un episodio de esos que tranquilamente podría haber sido una película. Tengan pañuelos a mano.

Paradise es una muy buena serie, que quizás al ser relegada a Hulu, hizo que pasar desapercibida para el público masivo. Si no tienen dicha plataforma, o si saben buscar en internet, se las recomiendo sin dudarlo.



Temporada 1: 7/10

Temporada 2: 8/10

ABBA Sinfónico por Edelweiss Orchestra. Sábado 25 de abril en el Teatro Ópera On

Edelweiss Orchestra llega a la ciudad de Buenos Aires con ABBA Sinfónico, un concierto que recorre los grandes clásicos del cuarteto sueco en formato sinfónico, con arreglos especialmente creados para vivir una experiencia emocionante y de alto impacto sonoro. La cita es el sábado 25 en el Teatro Opera On. 



Con 41 músicos en escena y bajo la dirección musical del experimentado Danny Nachajón, la orquesta propone un homenaje 100% en vivo —sin pistas ni proyecciones— donde el protagonismo es de la música, la orquesta y el público.
Edelweiss Orchestra cuenta con una breve, pero vertiginosa trayectoria iniciada en 2023 y un recorrido de crecimiento sostenido con actuaciones en salas como Auditorio Belgrano, Teatro Devoto y Teatro Metro de La Plata. 

El repertorio invita a revivir himnos inolvidables como “Mamma Mia”, “Gimme! Gimme! Gimme!”, “The Winner Takes It All”, “Chiquitita”, “Waterloo”, “Dancing Queen” y más, en emotivas versiones pensadas para cantar de principio a fin. 

No hay cantantes en escena: la propuesta está pensada para vivir la música desde la orquesta, con un show dinámico y cercano, ideal para fanáticos de siempre y para quienes quieren descubrir ABBA desde otro lugar. Danny Nachajon inició su carrera musical en Montevideo, Uruguay, en 1969, destacándose como solista en Acordeón Piano Electrónica. Con el tiempo, transformó su individualidad en The Biggest Band, con la que realizó conciertos para el Ministerio de Cultura e infinidad de eventos privados.  

Vuelve «Tirria» la obra protagonizada por Diego Capusotto,  Andrea Politti y Rafael Spregelburd al Teatro Astros

La aclamada comedia negra «Tirria» regresa el 9 de abril en el Teatro Astros (Av. Corrientes 746) y estará todos los jueves 20 horas. Además un gran gira nacional entre abril y junio.


Protagonizada por un elenco de lujo encabezado por Diego Capusotto, Andrea Politti y Rafael Spregelburd , y bajo la dirección de Carlos Branca, la obra promete un viaje al espíritu del grotesco argentino.







«Tirria» es una comedia negra escrita por Lucas Nine y Nancy Giampaolo y producida por Damián Sequeira. La obra nos sumerge en la decadente vida de los Sobrado Alvear, una familia patricia argentina venida a menos.
Junto a Capusotto, Politti y Spregelburd, completan el gran elenco Juano Arana, Eva Capusotto, Galo Politti y Daniel Berbedés.








Todos los veranos, los Sobrado Alvear fingen partir a Europa. Excepto Hilario, el fiel criado, nadie conoce su secreto: arruinados económicamente, pasarán los siguientes tres meses encerrados en los baúles que se arrumban en su mansión. Sobreviviendo exclusivamente a base de arroz con leche, los Sobrado Alvear se permiten paseos imaginarios por una Europa hecha de recuerdos. Por suerte (o por desgracia) para ellos, el atento Hilario, “casi de la familia”, se ocupa de todo. Y nadie duda que el criado será capaz de llegar a cualquier extremo para salvar el honor de la casa. ¿Podrán los Sobrado Alvear escapar de Hilario?


“Tirria” es también un homenaje a las comedias de teléfono blanco del viejo cine argentino, aunque se alimenta de la tradición del grotesco. Es un juego de máscaras, cine dentro del teatro, una comedia demoníaca que rescata el espíritu de una época para la que lo popular y la alta cultura no estaban necesariamente enfrentados.

El Gran Rex se rindió ante el sabor del Grupo Niche


La calle Corrientes suele tener un ritmo propio, pero el pasado domingo 29 de marzo, ese pulso se transformó en un latido puramente colombiano. El mítico Teatro Gran Rex abrió sus puertas para recibir a una de las instituciones más grandes de la música latina: el Grupo Niche. Con más de 45 años de historia a cuestas, la orquesta no solo cumplió con las expectativas, sino que convirtió la sala en el «salsódromo» más grande de Buenos Aires.


Desde los primeros acordes, quedó claro que la noche sería una celebración de la identidad cultural. El arranque fue emotivo y contundente con “Mi hijo y yo”, donde Adolfo Echeverría tomó las riendas de la voz líder, estableciendo una conexión inmediata con un público que ya presagiaba una jornada histórica.
Sin dar respiro, la posta pasó a Alejandro Íñigo para interpretar “Eres”. Fue el momento exacto en que el aforo completo se eyectó de sus asientos. La pieza, cargada de la esencia del eterno fundador Jairo Varela, sirvió para demostrar por qué la salsa colombiana tiene un ADN propio: esa línea percusiva tan particular que la distancia de los sonidos neoyorquinos y la vuelve irresistible para el bailador.


Lo que se vivió en el escenario fue mucho más que un concierto; fue un despliegue de prolijidad sonora y visual. La orquesta optó por enganchar sus temas a modo de popurrí, manteniendo la energía en lo más alto mientras los músicos ejecutaban coreografías acrobáticas que contagiaban euforia.


El viaje por el repertorio histórico continuó con:
“Gotas de lluvia”: Cantada al unísono por miles de voces.
“Digo yo”: Una joya de 1981 que apeló a la nostalgia de los seguidores de la primera hora, demostrando la vigencia de sus arreglos originales.



Cuando parecía que la intensidad no podía subir más, el Grupo Niche desenfundó su artillería pesada dedicada a la «Capital mundial de la salsa». Con la precisión de un reloj suizo y el crisol de voces que los caracteriza, la orquesta arremetió con “Cali ají”, seguida de la emotiva “Mi pueblo natal”.
El Gran Rex, repleto hasta las banderas, fue testigo de una fiesta donde nadie permaneció sentado. Entre banderas, gritos y un baile que no cesó durante toda la función, la orquesta colombiana reafirmó que sus canciones —como “Cali Pachanguero” o “Una Aventura”— no solo atraviesan generaciones, sino que son el lenguaje universal del Caribe que sigue conquistando el sur del continente.
La noche cerró con la certeza de que, aunque pasen los años, el sonido de Niche sigue sonando tan actual y necesario como el primer día.