Tuvimos el gusto de ser invitados y asistir a la obra “Luces en el espejo – Última función”, en Teatro Beckett, ubicado en el circuito teatral del barrio de Almagro. Unipersonal escrito e interpretado por Rodrigo Mauregui y dirigido por Osvaldo Peluffo, que narra los pensamientos, la psicología, las circunstancias de un actor con una vida dedicada al estrellato que aún no llega y el tiempo como condicionante en ese sueño de realización o autorrealización.

Entre sombras psicológicas, el actor dialoga con sus pensamientos, su pasado, su futuro. Su manager dejándole “mensajes de voz” de que no ha sido seleccionado en los castings. Se arrastra cada cierta cantidad de tiempo en busca de sus “pastillas”. Personifica de manera muy valiente la figura de su padre, de su madre, cada uno con sus limitaciones y condicionantes severos para él. La temática parental es algo clásico, puede que no sea lo más original pero sigue siendo un ineludible necesario, y requiere riesgo y transparencia que aquí en “Luces en el espejo” estuvo.
La escenografía, como de un camarín o habitación con rincón para maquillarse y mirarse al espejo. La escena inicia con un humo muy equilibrado con el espacio y el tiempo, y a partir de ahí emerge la figura de Rodrigo Mauregui, quien supo llevar muy bien la obra a nivel expresivo, corporal y de voz en el escenario. Dando lugar también a personajes de películas de culto como Taxi Driver, Chaplin, La naranja mecánica y otras personificaciones como la de un fascista y la de un bailarín clásico que baila Tchaikovsky. Puede que ciertos personajes ya se hayan explotado mucho, pero funcionan bien como arquetipos que todos reconocemos y que surgen probablemente desde la búsqueda y la intimidad con la que se construyó la obra.
“Luces en el espejo” es una obra de teatro que explora lo psicológico y lo social; es crítica, sincera y creo que es reflejo de Rodrigo Mauregui, un artista y emprendedor comprometido con el arte, la vida y la reflexión. Alguien que llevó la idea y el papel a la función y le puso el cuerpo, eso ya es todo un evento, sumado a que es una obra sincera, profesional y sin pretensiones ni aspiraciones de más. ¡Se disfrutó y se recomienda!
Matías Vanacor para La Butaca Web











