Crítica: El Hijo

Por Candela Otero

Una película dirigida por Sebastián Schindel y protagonizada por Joaquín Furriel, que llega a los cines el 2 de mayo con una historia más que prometedora. Está basada en la reconocida nouvelle Una madre protectora, de Guillermo Martínez.

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En esta ocasión, Schindel vuelve a trabajar con Joaquín Furriel luego de consagrarse como director con El Patrón: Radiografía de un crimen, película que recibió numerosos premios y elogios por parte de la crítica.

Nuevamente, Furriel vuelve a destacarse en un papel de muchísima complejidad psicológica: su personaje es Lorenzo, un pintor de unos cincuenta años que se ve separado de su hijo recién nacido por el comportamiento extraño de su mujer, quien parece quererlo para ella sola. El hombre intenta desesperadamente tener contacto con el bebé y convencer a sus amigos y a la Justicia de que su mujer está aislando al niño del mundo. Lorenzo, de esta manera, es colocado en un lugar de víctima, al ser tratado como un loco cuando hace estas acusaciones, pero él está convencido de que es su mujer quien no está bien.

La situación se torna desesperante para el espectador porque es testigo de que nadie le cree a un personaje que está diciendo la verdad, y cuyas acciones, producto de la desesperación, lo terminan perjudicando. Aunque también genera que el espectador se pregunte: ¿Todo está ocurriendo como siente Lorenzo, o efectivamente está enloqueciendo, como creen los demás personajes?

El elenco realiza un gran trabajo. Se completa con Martina Gusmán, Heidi Toini, Luciano Cáceres y Regina Lamm.

Los personajes de Martina y Luciano serán un apoyo para Lorenzo y lo ayudarán a hacer frente a la situación.

Al igual que Furriel, Heidi se luce en su trabajo encarnando a una mujer noruega residente en Argentina, quien se obsesiona posesivamente con su hijo. Cuenta con la complicidad de su madre (Regina), una mujer estricta y de fuerte carácter.

Como particularidad, los diálogos entre madre e hija son en noruego y no llevan subtítulos, lo cual, de alguna manera, deja al espectador afuera de la conversación y le genera incomodidad por no poder entender qué es lo que están diciendo los personajes. Exactamente lo mismo le ocurre a Lorenzo, quien siente que siempre se queda afuera de los diálogos.

Con una estética muy bien lograda, que desde la dirección de arte consigue plasmar la oscuridad y la extrañeza del mundo que atraviesa esa familia, este thriller propone que el espectador pueda experimentar las mismas sensaciones de angustia y desesperación que vive su protagonista.

 

Puntaje: 9/10

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Crítica: Michelangelo Infinito

Por Rodrigo F.Ruiz 

Infinito (aunque sea solo por un instante)

Andre Bazin, ya decía, en los años 50, que la realidad es la materia prima del cine, que el cine es un arte que se hace con la realidad. “Realismo Ontológico” decía el crítico, dado que todo lo que vemos en la pantalla es la huella de algo que realmente existió. Al ver una película sobre uno de los más grandes artistas de la humanidad, donde la materialidad de su obra juega un rol tan crucial, las ideas del teórico están más vivas que nunca.

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Michelangelo Infinito es un film de Emanuel Imbucci, de forma en extremo pedagógica nos introduce en la obra de Miguel Ángel Buonarotti . A modo de docu-ficción biográfica, yendo linealmente desde sus primeras obras a sus últimas, Imbucci expone las más importantes obras realizadas por el maestro italiano.

El documental contiene tendencias típicas que lo emparentan a ciertos audiovisuales hechos para televisión: excesiva reiteración, planicie en los personajes que presenta y falta de audacia, falta de un autor que nos muestre y nos guíe por la obra del autor del David. Es un film de gran proeza técnica y es justamente en la técnica donde el director parece mostrarse realmente interesado en la obra de Miguel Angel. Imbucci, hace énfasis, sobre todo a través del relato hablado, en las dimensiones, en la majestuosidad, en el dominio de la técnica en la obra de Miguel Angel.

Cuando el film se separa de la docu-ficción, y se limita a mostrar la obra, es donde realmente se vislumbra la genialidad. En estos momentos en que la realidad, la materia prima, las obras del artista se imponen al relato, a la anécdota, aparece lo divino de la obra de Miguel Ángel y por lo tanto también de la de Imbucci. La mostración de la capilla sixtina, la escala humana al lado de las figuras esculpidas, los enormes bloques de mármol exhiben la monumentalidad de la obra y realmente aquí, el director logra imágenes que expresan al autor de “El juicio final”.

En síntesis, Michelangelo es infinito, y aunque al film de Imbucci le falte audacia a la hora de acercarse al artista, los instantes en que lo logra, por más breves que estos sean, nos conectan como espectadores frente al esplendor del arte. Tanto de la escultura, como de la pintura, como de la arquitectura y como, claro está, (y aunque sea solo por un instante) del cine.

Calificación: 7 / 10

Ficha técnica
TÍTULO ORIGINAL: Michelangelo Infinito
DIRECCIÓN: Emanuele Imbucci.
ACTORES: Enrico Lo Verso.
GUIÓN: Emanuele Imbucci.
FOTOGRAFÍA: Maurizio Calvesi.
MÚSICA: Matteo Curallo.
GÉNERO: Drama, Biográfica .
ORIGEN: Italia.
DURACIÓN: 97 Minutos
CALIFICACIÓN: Apta todo público

Crítica: El Hijo

Por Bruno Glas

Ruidos en la puerta de al lado

Pocas cosas deben haber más perturbadoras que la capacidad de notar a nuestro alrededor algo que escapa al normal orden de lo cotidiano, pero que resulta natural a los ojos del resto. El cine de terror y el thriller psicológico han sabido explotar las posibilidades que ofrece este punto de partida. El hijo, basada en un cuento del autor de Crímenes imperceptibles, Guillermo Martínez, se enmarca en esta propuesta. Pero su giro más interesante tiene que ver con la exploración que hace del universo de Lorenzo (Joaquín Furriel).

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Durante gran parte de su metraje, El hijoparece jugar con la posibilidad de mostrar el universo de Lorenzo virando hacia la locura, con la consecuente disolución de realidad y estructura mental. Algo de esto se ve al comienzo, con la yuxtaposición de dos temporalidades narrativas que de a poco nos sitúan en lo que será el nudo del filme. El montaje intercala un primer momento de la vida acomodada del protagonista, un pintor que espera un niño junto a su reciente esposa, con una suerte de flashforward que lo muestra enfrentando una situación judicial, por algo que aún no queda del todo claro. Pero lo interesante es cómo la oscuridad que envuelve a Lorenzo no es nunca resultado de una posible demencia, sino que es escenificada desde el exterior. No hay un solo elemento sobrenatural o ajeno a lo real que nos de una pista sobre el universo mental del personaje, sino que este universo aparece como siempre ajeno a la realidad en la que se mueven los personajes. A través de ello Schindel mantiene la tensión durante todo el desarrollo. Las fallas que pueden achacarse tienen que ver con los momentos en que el director parece querer utilizar lo simbólico como un posible pasaje al fantástico; de allí que la figura de Goya y los espirales que aparecen sean poco más que un subrayado innecesario. Lo mismo pasa con las explicaciones médicas sobre la condición del protagonista, que refuerzan demasiado la idea de su locura.
A pesar de dejar de lado el aspecto fantástico, como un camino posible que la trama podría haber seguido (de allí que ese juego con la realidad y la fantasía sea un amague), ello no implica que lo perturbador quede desplazado. Por el contrario, se lo asocia con la condición de extranjería, encarnado en la siniestra suegra de Lorenzo, que en toda la película sólo habla en noruego (y sin subtítulos, un gran acierto porque, claro, no los necesita). En el personaje de Gudrun que interpreta Regina Lamm es donde anida el misterio que atraviesa toda la película, y que con inteligencia queda siempre fuera de campo. Aunque no sepamos de qué se trata, sugiere la idea de que el horror puede venir de afuera, pero también ser parte de nuestro círculo íntimo más cercano. El final, cuando todo parece haber encontrado solución, vuelve a confirmar esta idea. Nuestros peores temores están en la puerta de al lado. Y nosotros apenas nos dimos por enterados…

Calificación: 7/10

Crítica: Hellboy

Por Agustín Villegas

Y no NUESTRO Hellboy…

Se me hace casi imposible analizar un reboot de un personaje que no tuvo un cierre digno en su primera adaptación. No solo es la insatisfacción de no poder ver el final del arco argumental … sino que las dos entregas dirigidas por Guillermo Del Toro son obras de arte tan intensas que intentar acostumbrarse a un nuevo enfoque es casi imposible. Antes de hablar de esta nueva versión voy a contarles un poco de lo que iba a tratar el cierre de la trilogía del cornudo agente de lo paranormal. Anung Un Rama (Ron Perlman) y Liz (Selma Blair) se convertían en padres de dos pequeños con unas características muy interesantes, uno era angelical pero malvado y el otro demoníaco pero bondadoso. Éstos nuevos personajes iban a verse envueltos en la resolución del conflicto que le da vida al demoníaco heroe, el hecho de que eventualmente iba a cumplir con la profesia de ser la bestia que traería el apocalipsis a la tierra. Ésto desencadenaba en que Hellboy moriría heroicamente en algún punto de la historia el cual se desconoce ¿por qué no llegamos a ver ésta tercera parte? En su momento se decidió estrenar la segunda parte juntito a “THE DARK KNIGHT”, haciendo que la facturación del proyecto quede por abajo de lo estimado. Además Guille pidió una torta de guita muy grande para la tercera parte, una plata que el estudio no se animo a poner despues de los numeros de ‘HELLBOY II: THE GOLDEN ARMY’. Si bien las películas de Del Toro no eran adaptaciones fieles al material original se podía sentir el cariño y el laburo artístico del director mexicano y su equipo. Cuanto mas hablo de esas dos obras de arte que tanto quiero mas me enojo pensando en éste reboot, así que saltemos a hablar de éste film.

Hellboy, interpretado por David Harbour, es un demonio educado por los humanos y trabaja protegiendo a la tierra de sus incomprendidos compatriotas del mundo de las criaturas mágicas. El personaje tendrá que elegir un bando cuando la bruja Nimue (Mila Jovovich) regresa de su tormentoso exilio para terminar con el mundo de los hombres.

Y miren que les avisamos eh, todo el fandom les gritaba que no hagan está locura, que no iba a funcionar. La única esperanza era que se enfoquen en el lado terrorífico de los cómics, pero terminan brindando escenas exageradamente perturbadoras que se alejan del terror y se vuelven asquerosas de ver. La historia es un revuelto gramajo de conceptos sacados de los cómics que están presentes solo para hacernos pensar que los guionistas estaban siendo fieles al material original. La película comienza con un enfrentamiento muy a lo ‘Hellboy en México’ pasando por unos flashbacks que intentan contarnos un poco lo visto en ‘Seed Of Destruction’ para luego enfrentar al investigador demoníaco contra unos gigantes sacados de ‘The Wild Hunt’, con el club Osiris y todo incluido. Pasando en limpio, el primer acto busca atrapar a los fanáticos de los cómics pero de una forma tan apresurada que todo quedo apretado y forzado.

David Harbour interpreta a un Hellboy histérico y lloron, un personaje mal construido con el cual los guionistas nos vuelven a intentar tomar por boludos queriendonos hacer pensar que es un tipo sufrido y complejo. El personaje pega gritos dignos de una spoof movie noventera. Los personajes secundarios tienen subtramas que se supone que tendrían que darle riqueza a la trama, pero el efecto es completamente inverso, uno quiere apartarlos para seguir prestandole atención a los monstruos, único elemento que hace de ésta película algo medianamente mirable, pero tengo un párrafo reservado para los escasos puntos a favor de este nuevo Hellboy.

Puede que ésto se deba a la inevitable comparación que uno hace con las películas de Guille Del Toro (prometo intentar dejar de nombrarlas), pero la puesta en escena se ve MUY berreta. Los ambientes son indignos para un personaje tan potente como Hellboy, hay una fotografía muy fuera de lugar, con una iluminación mal puesta. La carencia de sombreado y la inestabilidad visual del ambiente hace que cueste concentrarse en la película, hasta los sets se ven poco creíbles. Las escenas de acción son dentro de todo buenas, se puede notar una inspiración muy palpable de los video juegos de ‘GOD OF WAR’, pero la violencia excesiva y los momentos perturbadores (MUY perturbadores) se convierte en otro truquito para que el espectador promedio se distraiga del pesimo argumento.

Tocando algún que otro punto positivo es probable que si la ven con los sentidos alterados por alguna sustancia a su elección puede les saque alguna que otra sonrisa, tiene chistes que rosan lo bizarro. Las criaturas de la película estan MUY bien diseñadas y animadas, el rostro de Hellboy funciona mucho mejor de lo que pense en cámara. El trabajo de efectos especiales pareciese que se hizo por dos empresas distintas, por momentos brillan y por otros son malos con ganas. Otro detalle que me emociono y que no recordaba que iba a estar presente fue la fugaz aparición de Lobster Johnson, un agente cazador de nazis, interpretado por Thomas Haden Church, un pequeño abrazo entre tanta decepción.

¿HELLBOY es peor o mejor de lo que esperaba? La respuesta es … ninguna de las dos. Desde el principio las espectativas eran bajas, por lo que la desilusión estuvo presente pero no fue un golpe tan duro. Esperen a poderla ver en sus casas, porque van a sentir que tiraron la plata yendola a ver al cine.

Por cierto … ahora que este reboot fue un fracaso ¿¿podríamos llegar a ser bendecidos con una ‘HELLBOY III’?? Permitanme soñar con que sí. El estudio tuvo que haber sido conciente de los riesgos de estrenar algo tan mediocre en medio de grandes proyectos como ‘SHAZAM!’ y ‘AVENGERS: ENDGAME’.

Calificación: 4.5/10

Crítica: Una chica invisible

Por Rodrigo F. Ruíz

Sobre las dificultades de volverse invisible
En estos tiempos en que nuestras vidas cada vez más son pantallas, tiempos de red como telaraña, de soledades conectadas, de distancias, el filme “Una chica invisible” de Francisco Bendomir, estrenada esta semana en el BAFICI, llega como una de esas obras que al tocar temas tan actuales son interesantes a priori.

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Existe una inquietud compartida socialmente y a esta inquietud, a esta molestia, a este choque en las formas de relacionarse, la película responde con el humor. Comedia dramática, ya que en tono ligero se pone en juego la vida de los protagonistas, el voyeurismo ( pasión de la contemporaneidad) se pone en cuestión, es que lo que vemos ( y ve el protagonista ) al otro lado de la pantalla son un conjunto de tragedias individuales.
Los minutos iniciales del film son ilustrativos en cuál será el tono y el ritmo del audiovisual. Vemos un intento de suicidio pero la suicida para lograrlo mira un tutorial en you tube. Vemos a una niña que juega con un cuchillo, el accidente será festejado, ya que al estar grabandose, el numero de visitas a su canal se incrementa. Este es el terreno del film, entre la tensión, la puesta en riesgo de los personajes y la banalidad, la liviandad de lo actual.
“La chica invisible”; como no podía ser de otra forma, se desarrolla en espacios cerrados, donde cada uno de los protagonistas tiene su lugar diferenciado, característico. Hay un trabajo importante de la dirección de arte en este aspecto. Al cada personaje tener su propio lugar se elabora un tratamiento particular de la soledad en que habitan. Pensandolo es un film que prácticamente carece de planos conjuntos, cada personaje tiene su encuadre, su arte, y permanece aislado del resto. Esto se esclarece por contraste, cuando vemos el desayuno entre padre e hija, y este si, se nos muestra con ambos personajes en cuadro, lo que se marca, lo que notamos es la distancia entre ellos, un desayuno sin mirarse, un desayuno frente a pantallas. Este énfasis en la desconexión, en la mediación en las relaciones abunda en la película siempre tratado desde el humor.
En síntesis, el film cuenta con grandes actuaciones, un buen ritmo y logra despertar risas. En épocas de transparencia obligatoria, de completa visibilidad, la chica invisible logra entretener reflexionando sobre las dificultades del volverse invisible.

Calificación: 8/ 10

FICHA TÉCNICA
Guion y Dirección: Francisco Bendomir
Producción: Vanesa Weimer, Francisco Bendomir
Director de Fotografía: Mariano de Rosa
Dirección de Arte: Luis Montoya
Sonido: Fernando Ribero
Música Original: Pablo Crespo
Duración: 80 minutos
Género: Comedia/Drama
Año: 2019
Idioma/s: Español | Japonés
País de Origen: Argentina

ELENCO
Andrea: Andrea Carballo
Daniel: Javier de Pietro
Mauro: Pablo Greco
Juana: Lola Ahumada
Diógenes: Leandro Martín López
José: Claudio Torres
Andrea Niña: Rory Widd
Daniel Niño: Lennon Acero
Cacariana: Amancay Kazgudenian
Arcel: María Rosa Fugazot

Especial BAFICI: Crítica del film “El diablo blanco”

ESPECIAL BAFICI – La Butaca WEB es Prensa Invitada del 21º BAFICI (3 al 14/4/2019).

EL DIABLO BLANCO (@eldiabloblancofilms) País: Argentina – Distribuidora: Magma Cine (@magmacine) / Director: Ignacio Rogers / Intérpretes: Ezequiel Díaz, Violeta Urtizberea, Julián Tello, Nicola Siri, Martina Juncadella.

Sección: COMPETENCIA OFICIAL VANGUARDIA Y GÉNERO (Premiere Mundial).

Funciones: Sábado 6 Abril 20.35h. Multiplex Belgrano / Domingo 7 Abril 14.35h. Multiplex Belgrano / Miércoles 10 Abril 22.55h. Cine Gaumont.

Crítica: CJ COLANTONIO.

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Una película que se queda a medio camino para quien tiene conocimientos sobre los clásicos films de clase B norteamericanos de los ochenta ó noventa como Pesadilla o Cementerio de animales, de los cuales -según las palabras del director en su última proyección en el BAFICI- él se basó.

Esta sin embargo tiene esa marca donde los personajes son adolescentes en plena tormenta hormonal que se van de campamento y los ataca un ser diabólico.  Como digo, está a medio camino, porque el campamento –aquí la cabaña- y el bosque están, y el ser diabólico también, casi obvio como reza su título. También circundan los diálogos vacíos que tanto bien le hacían a este género de culto, porque lo importante era la irrupción de una escena altamente erótica para que el ser diabólico atacara.

Lamentablemente para quienes respetamos éste tipo de marca de género -como lo ha demostrado Tarantino también- carece de escena erótica, hay poca sangre a excepción de prometedor inicio- y hay diálogos que comienzan a erigir una trama donde se habla de un posible embarazo; la que es completamente innecesaria.

Calificación: 3/10.

Crítica: Luchando con mi familia

Por Bruno Glas

La pasion manda

La Roca es alto, corpulento, inmenso. Cuando aparece sonríe, simpático, como con picardía. No tiene más de media hora en pantalla, pero ese magro tiempo le alcanza para brillar con luz propia. La Roca es, en el mundo de la lucha libre, uno de sus representantes. Es posible que no todos lo sepan, y el epílogo, con cierto humor, lo deja bien clarito: Dwayne “La Roca” Johnson se dedicó a la actuación después de dejar este deporte.

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En “Luchando con mi familia” a quien primero vemos aparecer es a La Roca. Me explico: no lo vemos interpretando a un personaje, lo vemos haciendo de sí mismo. Para ser más preciso, lo que vemos de él es un footage, una imagen de archivo. A través de la pantalla de un televisor, lo vemos ingresar al cuadrilátero. Esa pantalla es la que, muy emocionado, mira un pibe que sueña con estar ahí algún día. Llega su hermana menor, y rápidamente cambia de canal. La pelea que sigue entre ambos se resuelve con un gag brillante y preciso, que nos presenta a los padres. Los Knight (nunca tan acertado el apellido) son una familia de luchadores, y la lucha como tal adquirirá en el film varios sentidos. Es la lucha de Paige, por formar parte de la WWE, algo así como la compañía más grande de lucha libre del mundo. La de su Zak, que enfrenta la decepción de no haber sido seleccionado para formar parte de ese mundo con el que tanto soñó, a diferencia de su hermana. La pelea final por el título de campeón, que decidirá la suerte de Paige… y la de la película misma. El film fusiona acertadamente los momentos cómicos con los elementos más dramáticos, con un pulso que hace que el ritmo no decaiga nunca. Y así logra un humor con mucha ironía pero sin caer en el cinismo fácil (ver, por ejemplo, el genial encuentro entre la familia protagonista y los padres de la novia de Zak), y una profundidad dramática que esquiva como si fuese una trompada la tentación sentimentalista. “Luchando con mi familia” se inscribe en el subgénero de film deportivo, donde el triunfo del que se hace desde abajo tiene un lugar acuciante, y con esta premisa nos encaja un knock-out con toda la energía posible. Stephen Merchant confía en una narración clásica, construyendo en el camino personajes memorables: desde el padre de Paige, suerte de hooligan bruto pero de buen corazón, hasta sus compañeras de entrenamiento, que desarman el estereotipo que a simple vista podían encarnar. Sin dejar de lado tampoco al entrenador de la WWE, un Vince Vaughn imperturbable, y responsable de algunos de los mejores chistes del filme.
Sólo cuando la película muestra el conflicto entre los hermanos, con pelea en el bar de manual, tambalea un poco. Allí el peso dramático se torna explícito, poniéndose por encima de lo que, hasta el momento, era una narración ligera y atrapante. Pero el filme culmina de la mejor manera posible. Paige, insegura pero valiente, sube al ring a dar pelea. Y nosotros, detrás de la pantalla, subimos con ella.

Nota: 8/10