Crítica: Wuthering Heights (Cumbres Borrascosas)

¿Un mal relato de época? ¿O un buen relato de nuestra época?

Emerald Fennell, cineasta que ya dividió aguas con Saltburn (2023) y Promising Young Woman (2020), regresa con una propuesta que desafía una vez más la prudencia cinematográfica, en este caso con una libre (o infiel) adaptación de la novela de Emily Brontë, Wuthering Heights. “Cumbres Borrascosas”, con esas comillas irónicas que adornan el título, es una reinterpretación del clásico literario bajo la mirada de una autora que prioriza un impacto de provocación carnal sobre una transposición fidedigna del texto.

Es la historia de Catherine Earnshaw (Margot Robbie) y Heathcliff (Jacob Elordi), que inicia cuando el alcohólico Mr. Earnshaw (Martin Clunes) adopta a un niño al que convierte en un criado para él y en un amigo para su hija. Cathy y Heathcliff crecen juntos desde niños que juegan hasta adultos condenados a una relación tóxica amorosa por una obsesión inquebrantable.

Wuthering Heights tiene varios problemas pero no aparenta que a su directora le importe demasiado porque parece ser la película que quiere ser, un espectáculo gótico-pop posmoderno ideado para un público específico, el mismo al que ya le había hablado en Saltburn, y para generar revuelo en tiktok con sus escenas eróticas, las cuales, para lo que apunta a ser el film, están muy bien logradas, especialmente por la belleza hegemónica de sus protagonistas. 

Margot Robbie es una actriz talentosísima, vibrante y magnética en pantalla; el tema es su coprotagonista, Elordi, que bajo buenos directores de actores como Sam Levinson (Euphoria) y Guillermo Del Toro (Frankenstein) logra sacar lo mejor de sí pero en esta película simplemente no está a la altura, ya que nunca vemos a un tal Heathcliff sino más bien a una reducción del actor y galán de turno vestido como un londinense del siglo XIX. La elección del actor parece ser un error cinematográfico, pero no lo es para el marketing del film. Lo que sí es un acierto en el casting son los talentos que interpretan a Heathcliff y Cathy de niños: Owen Cooper, conocido por la serie Adolescencia, y la joven Charlotte Mellington, que tiene un muy buen debut en la gran pantalla.

La película es el mejor film de la carrera de Fennell hasta el momento, y aunque eso no sea algo trascendental para el cine, sí es algo a valorar en su filmografía. Un aspecto a destacar es su fotografía a cargo del talentoso Linus Sandgren, el diseño de producción de Suzie Davies, la dirección de arte llevada a cabo por Caroline Barclay y Neneh Lucia, (estos cuatro ya habían trabajado en Saltburn), y la primera colaboración con Jacqueline Durran en el diseño de vestuario.

Fennell y su equipo construyen una puesta en escena que es digna de una publicidad de perfumes de alto nivel: paisajes espectaculares, besos bajo lluvias dramáticas, vestuarios que desafían la precisión histórica para ganar en impacto visual y una cámara que fetichiza a sus protagonistas casi tanto como ellos se obsesionan entre sí. El film romantiza excesivamente las relaciones tóxicas y humilla a sus personajes arrastrándolos en una tragedia de reclamos de migajas de amor que nunca llegan en tiempo y forma, pues es un buen relato de nuestra época, un fanfic. La transposición elimina toda crítica racial y simplifica el erotismo a cambio de una provocación funcional para la viralidad superficial en redes sociales volviendo explícita la hipersexualización de sus protagonistas dejando de lado la profundidad psicológica de un amor trágico donde se pierde hasta la propia integridad e identidad.

Algunos la odiarán, otros la amarán. No es para nada una mala película, aunque no se la recomendaría a cualquier tipo de espectador pero sin duda sí la recomendaría a quienes busquen un espectáculo hollywoodense entretenido, provocador y sexy, o a quienes quieran tener un acalorado debate a la salida de la sala. Sin culpa alguna, ¡al cine!

Calificación: 6.5/10
Por Julián Lloves para La Butaca Web.

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