Por Sofía Luna Roberts
La máscara social y la falsedad es algo que no pasa de moda con los años. Mientras más pasa el tiempo más nos escondemos tras esa ilusión de convertirnos en un estereotipo de “buena persona” con tal de recibir la aprobación del otro que convive con nosotros. Esta presión de aprender lo que el sistema nos dicta para alcanzar el ascenso social está presente desde años muy lejanos y la comedia ha sido un gran punto de fuga para descomprimir todas las obligaciones que nos imponen y desvelar, de a poco y con mucha paciencia, esa máscara que tanto nos oprime. Esto es lo que el dramaturgo Molière escribió en su comedia – ballet “El Burgués Gentilhombre” allá por los años 1600 y, ahora, Pablo González Casella nos brinda una versión libre en donde el juego, la corporalidad y el ritmo pisan fuerte en el escenario.

Esta adaptación relata la historia de obsesión de un Burgués por ingresar a la corte del rey y codearse con nobles, que lo lleva a gastar todo el dinero de su familia en profesores e individuos que se dedican a estafarlo. Jourdain aspira a llegar a ser una persona elegante y, para esto, finge esfuerzo con mucha pereza y desinterés en distintas prácticas. Sus profesores le enseñan cosas básicas sin demasiado esmero, ya que se dan cuenta de que las clases son parte de la construcción de un personaje que quiere aparentar ante su familia para sentirse superior a ellos, culto y refinado. Sus acciones ponen en riesgo su matrimonio y el amor que su hija Lucila siente por Cleonte; dicha relación es rechazada porque Cleonte no pertenece a la nobleza. Hasta que una farsa creada en escena se llevará a cabo para que las cosas salgan bien.
En la puesta Mar Bouvet, Gianfranco Dacci, Zoe Ferrari, Trinidad Giannone, Franco Giansetto, Clara González Casella, Ornella Salerno y Camila Elizabeth Sarmiento ponen el cuerpo para darle vida a diferentes personajes que conviven con la locura del Burgués. Es destacable el recurso que utilizan, debido a que todos los personajes en escena se pueden convertir en el Burgués. Esto expone el artificio del teatro ya que sus roles no quedan fijos en las tablas, sino que están en constante movimiento, mutan en distintas pieles en todo momento brindándole un tinte único al protagonista de la obra. Nos da a entender que las reglas del juego pueden cambiar en cualquier circunstancia y que, al fin y al cabo, el papel de Burgués no es más que una persona común y corriente con un montón de decorado encima. Esta manera de “socializar” el Burgués da cuenta de que todos, en algún momento, cargamos con una máscara que no nos pertenece.
El despliegue actoral y musical es muy acorde a esta nueva versión contemporánea del relato. Lxs actores y actrices componen un elenco vibrante y potente, poseen un trabajo corporal muy presente debido a que el texto los obliga a estar en constante movimiento para no perder la dinámica de la puesta. Juegan mediante la expresión, reducen sus diálogos a través de lo gestual potenciando la labor de sus cuerpos y rostros al máximo. La obra encuentra los pequeños guiños contemporáneos para acercarse al público y parecerse, aunque sea un poco, a la realidad que nos rodea. En esta ocasión, la música y las canciones son el acompañante perfecto para explotar el trabajo físico y expresivo que componen la esencia de la pieza teatral.
“El Burgués Gentilhombre” nos invita a jugar con la tragedia, a exponer la falsedad de las personas a través de la comicidad y el ritmo al mismo tiempo. Demuestra que todavía existen algunos aspectos del siglo XVII que no cambiaron, siguen vigentes hoy en día y nos rigen como sociedad. Al fin y al cabo, la obra evidencia que ningún título de nobleza o riqueza puede alcanzar lo que verdaderamente importa: el amor genuino entre lxs seres humanos.
«El Burgués Gentilhombre» tuvo su última función en el Teatro Anfitrión el sábado 27/5. Para más información sobre nuevas funciones pueden seguir la cuenta de la compañía de teatro «Bertolt»: (@Teatrobertolt) o ver la información en https://www.alternativateatral.com/obra81325-el-burgues-gentilhombre