Los diez años de Mi hijo camina solo un poco más lento
Hace diez años, dentro del ambiente teatral under y en un horario poco convencional (de mañana), se estrenó Mi Hijo sólo camina un poco más lento, una obra que supo soportar dos crisis económicas y una pandemia, pero hoy en día prevalece como un clásico del teatro porteño.

El texto de Ivor Martinić pasó por muchos directores y recambio de parte del elenco, la esencia estuvo allí y los porteños apoyaron este proyecto en esta década. Un drama familiar que se resume en una apropiada sinopsis:
»Branko padece una enfermedad degenerativa y rechaza la lástima de su madre, aprecia el amor de su potencial novia, sortea las miradas familiares y busca una suerte de emancipación en el marco de su condición».
Con un elenco que atraviesa todas las generaciones y experiencias conformado por: Alejandro Guerscovich, Paula Fernández Mbarak, Antonio Bax, Romina Padoan, Pochi Ducasse, Luis Blanco, Clarisa Korovsky, Aldo Alessandrini, Julia Gárriz, Gonzalo San Millán y Juan Andrés Romanazzi; Mi Hijo sólo camina un poco más lento es una comedia dramática familiar cargada de emociones.
Guillermo Cacece es el encargado de dirigir esta obra original del dramaturgo croata Ivor Martinić, el cual Nikolina Zidek traduce. Los once actores están en constante movimiento, a su modo, rodean un gran rectángulo donde unas sillas reposan, dentro de esas sillas hay una de ruedas, esta será el protagonista o villano. De fondo suena Nao sé va de Thiago Pethit.
El movimiento será clave en la obra. Hay personas que no se quieren mover, otros que no se paran de mover, otros que nunca descansan y luego está Branko, quien no camina, solo camina un poco más lento.
Los diálogos son acelerados, una vez que arrancan no paran hasta que solo queda el silencio que trae la culpa y angustia de tener un familiar en silla de ruedas. Madre e hijo enfrentan esta realidad, ella desde la negación y él aceptándola.
Mi Hijo sólo camina un poco más lento es una muestra de las dinámicas familiares marcadas por la culpa, el movimiento y el recuerdo de los tiempos mejores. Una obra que en momentos es divertida pero busca generar empatía y emoción.
La obra se despide luego de diez años de funciones, por la cual se harán diez funciones en el Teatro Alvear hasta el 14 de abril. En un futuro próximo quizá la veamos venir de nuevo.
Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.