Análisis: Elden Ring: Shadow of the Erdtree

Toda fórmula, sea desde la conducción más sencilla hasta el plataformas más recóndito, se cimenta en bases mutables; vemos a los videojuegos cambiar, adaptarse, predecir, acertar, errar, pero sobre todo, indagar en las profundas mecánicas que ha establecido. ¿Puede llegarse al límite exhausto de esta fórmula? ¿Al final del camino, podremos decir que no queda más por explorar?

Elden Ring: Shadow of the Erdtree es la expansión del Juego del Año 2022 con su mismo nombre, la penúltima obra de la eminencia de diseño de videojuegos en boca de todos, Hidetaka Miyazaki, que le ha elevado a pedestales tan góticos y eclesiásticos como emanan sus obras. Dark Souls, Demon Souls, Bloodborne,… los “Soulsborne” han sido la última gran fórmula entre los géneros, y nos encontramos ante un DLC y expansión que levantan su lanza sin ninguna vergüenza contra muchos juegos que vemos hoy en día, por tamaño, contenido, mecánicas,… y fórmula.

Shadow of the Erdtree nos lleva a las tierras sombrías, siguiendo la estela del empíreo Miquella, el Gentil, un semidiós del cual no mucho lográbamos saber en el juego principal. A lo largo de este reino de muerte buscaremos los lugares donde se desprendió de todo aquello que le hacía ser, hasta encontrarle. Por supuesto, la historia profundiza mucho, muchísimo más allá, pero como nos tiene acostumbrados Elden Ring, habrá que hacer una gran arqueología en inventario, imágenes y contextos para encontrar todos los secretos ocultos tras la vorágine.

De forma gráfica, Shadow of the Erdtree se permite jugar mucho más con simbologías y diseños, entregándonos la belleza en el horror gótico al que estamos acostumbrados. Estamos ante una expansión de gran belleza de escenarios, la cual no tiene costuras que mostrar. Encontramos muchas referencias iconográficas a todo lo que conocíamos; los cuernos son grises, la magia es azul, la Orden es dorada, de manera que podamos seguir el contexto y la historia mediante un rápido vistazo; encontrar enemigos, identificar bandos y reconocer incluso armaduras, colores y familiaridades. La ambientación, oscura y de pesadumbre, encuentra momentos para una reluciente paleta de colores, donde luces y sombras se muestran como galaxias en el firmamento, estelas de infinito brillo de muerte.

No se puede hablar de Elden Ring sin hablar de su dificultad. Y es que, en este caso, estamos ante el quizá perfeccionamiento de la fórmula, y no por ello quizá estemos ante algo de inmensa alabanza. Shadow of the Erdtree es muy, muy difícil; la escalada de daño, vida y poder de los jefes, pilar central de esta saga, se dispara infinitamente hasta ser inalcanzable, no tanto por un aumento exponencial de estadísticas sino por los constantes, incansables y constantes movimientos de los mismos. La mecánica de combate siempre alterna espacios de “esquivar” o “bloquear” al enemigo, y espacios de “castigo” para poder devolver el golpe, alternándolos hasta superar a un enemigo claramente imbatible. Sea dicho rápido y pronto; en Shadow of the Erdtree, estos espacios son ínfimos, rozando a veces lo impracticable para algunas armas. En ocasiones, los jefes son demasiado rápidos, salvo para músculos acostumbrados.

Afortunadamente, las tierras sombrías tienen para nosotros multitud de herramientas, obsequios y fórmulas para atravesar el mal con mayor facilidad. La gran variedad de armas, cenizas, conjuros y milagros que entrega el DLC permite, casi desde el principio, abandonar la build y hacer que quieras probar cosas nuevas. Esta expansión está para ser jugada, y todos los recursos que entrega, deben ser usados. Intentar forzar una build con simplemente esquivas resulta pronto contraproducente; los grandes jarrones están para lanzarse, las cenizas de guerra, para usarse, y los aliados, para conjurarlos.

Shadow of the Erdtree es la fórmula máxima de la saga souls. No puede conseguirse más que no se haya conseguido con el intercambio entre rodar y atacar; de ahora en adelante, tendremos que ver otras cosas. La agresividad de Bloodborne, la perfección de Sekiro,… el camino se extiende con nuevas oportunidades. Sin duda, llegar a las tierras sombrías es el precioso final de un extenso viaje, una parada casi obligatoria para todos aquellos que hemos visto el mensaje de muerte en la pantalla, y una oda a la fórmula, quizá no perfecta, pero sí perfeccionada.

Calificación 9/10

Deja un comentario