Caballos, chamamé, locura y familia
El chamamé posee una mística que nos remonta de manera instantánea a la tierra, lo salvaje y melancólico. Este género propio del litoral del Río Paraná llega a Buenos Aires con discreción, pero, el teatro es una excelente oportunidad para traer aquellas historias sobre familia, chamamé, el peso del pasado y los caballos.

Libro de Tess Gallagher y adaptado al teatro por Lisandro Penelas (quien también dirige), el amante de los caballos se resume bajo la premisa:
»Una mujer atraviesa la enfermedad y muerte de su padre. Mientras recuerda su historia y la de su familia, intenta reconstruir el hilo que la une a sus antepasados, a ese mundo de los bailarines y los borrachos, de los jugadores y amantes de los caballos».
Ana Scannapieco es la estrella de este monólogo. Ella y un establo recreado por Gonzalo Cordova Estevez, una historia sensible y chamamé de fondo. Son los ingredientes para ‘El amante de los caballos’.
Scannapieco interpreta a una mujer que atraviesa el duelo y se apoya en un magnetismo equino, los susurros y la ilusión. Su perfomance es sensible, enternecedor y delicado. Mediante el uso de mímicas, onomatopeyas mudas y pasos de chamamé, la actriz hace valer el sentimiento de su personaje.
Penelas entiende la obra de Gallagher y la traslada al Chaco argentino, hace que el chamamé sea un personaje sonoro y el caballo, omnisciente.
El amante de los caballos es una obra sobre el peso de las paternidades, la locura pero no la locura que conocemos, sino aquella donde las personas por decidir un camino propio y poco adaptado a la sociedad son juzgados por la misma.
El amante de los caballos se presentó en el Teatro Moscú.
Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.