Reseña: La Gaviota

Por Sebastián Arismendi

Chicanas, egos y pasiones desde la Madre Rusia

Pensar en el teatro ruso es pensar en dramatismo, desgracias y personajes complejos e insatisfechos. Todo eso define La Gaviota (1896), una de las primeras obras de Antón Pávlovich Chéjov.
El Teatro San Martín presenta una adaptación clásica dirigida por Rubén Szchumacher, fiel al espíritu del texto original.



La Gaviota ofrece una narrativa profunda y meta-teatral: durante la obra se monta y estrena otra pieza. Más de dos horas de emociones rusas y dramas familiares.

Lo que parece ser la historia de la relación entre un escritor frustrado y su madre (una actriz famosa, ególatra y manipuladora) es en realidad un vehículo para hablar de la insatisfacción del artista, del vacío creativo y del mundo snob previo a la revolución rusa, donde quedan al descubierto sus miserias y melancolía.

Szchumacher comprende el peso que el teatro tenía para Chéjov y las penurias del oficio. Su puesta enfrenta dos mundos: el teatro clásico y el moderno. Jorge Ferrari diseña una escenografía aparentemente austera que evoca el proceso mismo de construir una obra: escuchamos sierras, martillos, y vemos a los técnicos montar y desmontar.

También viste a los actores con la elegancia de la burguesía zarina, aportando sobriedad en vestidos, sombreros y peinados. La frialdad de las telas refuerza la distancia emocional que la trama propone.

Muriel Santa Ana brilla como la gran estrella del elenco. Cada aparición despierta risas y aplausos, no por el humor, sino por la fuerza y el cinismo de su Irina Arkadina, una mujer venenosa y posesiva. Diego Cremonesi encarna con acierto a Boris Trigorin, escritor célebre pero vacío de propósito.

Juan Cottet, joven promesa, da vida a Konstantín Tréplev con frescura y dramatismo, llevando con naturalidad los grandes clichés del teatro ruso. Sus escenas junto a Santa Ana son de las más intensas.

La Gaviota de Rubén Szchumacher condensa lo mejor del teatro ruso: presencia, melancolía y el eterno conflicto entre lo clásico y lo moderno, entre el arte y el ego.

Disponibles de miércoles a sábados a las 20:30 en la sala Casacuberta del Teatro San Martín.

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