Queridísimo Truman

El martini de Capote sigue en calle Corrientes

Truman Capote no fue solo un escritor prolífico, es una leyenda que se mantiene viva en la cultura pop. Un personaje, un divo, una experiencia que se terminó comiendo a la persona.




La imagen colectiva histórica que tenemos de Capote es este hombre usando tapados de piel, colores, lentes cuadrados, voz nasal fina y siempre sosteniendo un martini. Gabriel Oliveri lo resucita y lo argentiniza; luego de una temporada exitosa en el San Martín, sigue en calle Corrientes Queridísimo Truman.


“Gabriel Oliveri descubrió a Truman Capote en su infancia y desde entonces se convirtió en su obsesión.
En esta obra, Oliveri se presenta como un cronista amoroso que, desde su propia vida, examina la de Capote y, por momentos, se anima a volverse el propio autor”. Original de Oliveri, protagonizada por él mismo y dirigida por Florencia Bendersky.


Queridísimo Truman es una metabiografía; Oliveri se inspira en Capote para contar su propia historia y la de muchos argentinos, aquellos que fueron juzgados por su sensibilidad y preferencias sexuales.


Es un repaso por la vida del escritor y celebrity estadounidense desde su infancia pueblerina, sus inicios como redactor en NYC, su primera novela, su éxito con Desayuno en Tiffany’s, su consagración universal con A sangre fría y su entrada oficial a la élite burguesa de Nueva York, siendo este su punto de quiebre y decadencia al acuchillar con sus palabras a sus Cisnes, mujeres de alto poder que lograron hundirlo socialmente, pero no hubo peor daño y destrucción que las adicciones de Capote.


Oliveri también repasa su niñez en Entre Ríos y su llegada a Buenos Aires; hace paralelismos entre su vida y la de Truman, no para parecerse a él, sino como punto de empatía.


Sergio Grimblat y Cristóbal Barcesat fungen como acompañantes narrativos, pero también como músicos y cantantes: el primero la voz y el segundo el piano. Queridísimo Truman es un musical que rinde homenaje y estos dos artistas saben cómo montar el show.
Risas, lágrimas, alegría, color, líneas de diálogo afiladas y brillantes hacen de esta obra un espectáculo kitsch, pero digno de estar en calle Corrientes y de atraer nuevos seguidores de Capote.


Disponible en la sala Neruda del Paseo La Plaza.

Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.

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