Crítica: La Odisea

Una guerra, un hombre, una idea, un viaje, un fuego que arrasa. Christopher Nolan escribe y dirige la adaptación de La Odisea de Homero, retratando la epopeya de Odiseo en su retorno a Ítaca tras vencer en Troya. Nolan nuevamente estrena una película de escala monumental que promete épica y refleja lo que queda del héroe y las consecuencias humanas de darle la espalda a los dioses. La Odisea es todo lo Nolan que puede ser, con lo bueno y con lo malo. Narra la épica, pero rara vez la convierte en imagen, en lenguaje cinematográfico.

Fiel a su estilo estructural, el director fragmenta el relato y reelabora la trama a partir del tiempo y la memoria de Odiseo (Matt Damon), quien lucha contra todo lo que tiene delante y dentro de sí. En Ítaca, Penélope (Anne Hathaway) se resiste a casarse nuevamente porque espera el regreso de su marido, así que teje y desteje su interminable telar al acecho de sus pretendientes, liderados por un cruel Antínoo (Robert Pattinson). En paralelo, Telémaco (Tom Holland) sale en busca de su padre o de unas palabras que le traigan verdad al respecto de él o de su destino, y llega a Esparta para ser recibido por Menelao (Jon Bernthal) y Helena (Lupita Nyong’o). El rompecabezas se completa con flashbacks de Odiseo, que van desde el engaño del caballo de Troya hasta los años perdidos en una isla junto a Calipso (Charlize Theron).

La Odisea dialoga directamente con la temática de Oppenheimer (2023); retrata cómo, al salir victorioso de una guerra, el héroe descubre que en realidad la humanidad ha perdido. Odiseo ya no contempla a Troya como escenario triunfal, comprende que su conquista está marcada por excesos y atrocidades. Las consecuencias que lo acercaron a la grandeza heroica ahora lo persiguen como hombre en su retorno.

Desde el guion se entrelaza Ítaca, la guerra y una travesía llena de culpas en el héroe sobreviviente, quien adopta el nombre de Sinón, uno de sus soldados caídos, honrando la memoria del joven soldado utilizado para entregar la ofrenda del caballo de Troya y enviado injustamente a la guerra en lugar de Antínoo. La muerte de Sinón se resignifica y carcome a Odiseo al verlo en el Hades. También ahí es donde otro traicionado, el imponente Agamenón (Benny Safdie), le advierte a Odiseo que debe tener cautela en su retorno a Ítaca. Odiseo debe superar diversas peripecias que, cinematográficamente, van desde el suspenso hasta el body horror. El encierro del cíclope, el ejército de gigantes que lo hace huir, la bruja Circe (Samantha Morton), que le quita a sus guerreros en una de las mejores escenas del film, y demás catástrofes marinas por la ira de Poseidón.

Personalmente, me hubiera encantado que se profundizara en la secuencia del canto de las sirenas. Pese a que las palabras de Odiseo son contundentes al respecto, las imágenes no lo son. Eso es algo que le pesa mucho a la película, hay más palabras aludiendo a la épica que planos representándola justamente. Los sucesos se sugieren espectaculares, pero se sienten vaciados de verdadera épica desde la puesta en escena. Y solo un escueto reencuentro dialogado, tras 20 años de espera, entre Odiseo y Penélope da la tecla emotiva que debería hacernos sentir toda la obra, que desde los primeros 20 minutos malacostumbra al espectador a las palabras más que a los planos.

Odiseo debe purgar sus culpas para reconstruirse y reconstruir, hay un cambio de época marcado. Los sacrificios de un héroe en pos de su comunidad no son pocos y por eso son pocos los héroes de nuestra actualidad. La amenaza desconocida que arrastra muerte y barbarie se asemeja a nosotros más de lo que aparenta y de lo que nos gustaría aceptar. Pero esta historia no es más que un reflejo de nuestros tiempos; Odiseo rompe la ley divina, Nolan reduce a los dioses a mudos cameos y prioriza una espectacularidad que entretiene, pero no nutre al espectador.

La Odisea confirma que Nolan sigue siendo el director del gran blockbuster contemporáneo. Se regocija del star system de la industria para crear un espectáculo de entretenimiento colosal (pero ¿a costa de qué?). Su duración es de casi 3 horas que se pasan volando; es una película super entretenida y técnicamente arrolladora. La experiencia está pensada para la pantalla y sonido IMAX, y no decepciona en ese caso ya que no concibo mejor forma de ver esta película que no sea esa, aunque lamentablemente sea una posibilidad para pocos espectadores. Sea como sea: ¡Al cine!

Calificación: 6.5/10
Por Julián Lloves para La Butaca Web.

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