Noche de Consagración: Yami Safdie Agotó el Gran Rex y Anunció su Nuevo Álbum, “Querida Yo”


La cantautora argentina Yami Safdie vivió anoche uno de los hitos más trascendentales de su carrera: un Teatro Gran Rex completamente agotado. El emblemático recinto se rindió ante una artista que, con una combinación de vulnerabilidad, potencia vocal y una conexión íntima con su público, reafirmó su lugar como una de las voces más auténticas y relevantes del nuevo pop latino.


Desde el instante en que sonó el primer acorde, el Gran Rex se transformó en un espacio de profunda comunión. Miles de fans cantaron al unísono, envueltos en una puesta de ensueño y una calidez que fue el hilo conductor de la noche. Yami se mostró en escena tan poderosa como cercana, logrando que cada canción funcionara como un puente directo a la emoción de la platea.


El espectáculo fue un recorrido íntimo, honesto y profundamente emocional. La artista repasó sus grandes éxitos, como “En Otra Vida”, “Buen Provecho”, “Odio Odiarme” y “Tengo”, coreadas con euforia de principio a fin. Canciones como la homónima “Querida Yo” —que además le valió su primera nominación al Latin Grammy como “Mejor Canción Pop”— resonaron con la madurez y sensibilidad que marcan su evolución artística.


La noche se iluminó aún más con la presencia de invitados especiales, quienes protagonizaron algunos de los momentos más celebrados y conmovedores del show. La Sole se sumó al escenario para entregar una potente versión de “Tu amiga”, desatando la ovación. El legendario Nito Mestre se unió a la artista para interpretar la conmovedora “Quizás porque”. Además, el show contó con la participación de Mora Bianchi en “Hay un cuento” y del fenómeno juvenil Milo J, quien dijo presente en “Creencias de Cordura” y “El Bolero”, encendiendo la euforia del público joven.



El recital coincidió con un gran momento profesional de Yami, quien acaba de lanzar su single “Amor Prestado” junto a Manuel Turizo. Pero el clímax emocional llegó con una sorpresa reservada para el público presente: Yami anunció en vivo la fecha de lanzamiento de su esperado próximo álbum, “Querida Yo”, previsto para el 27 de noviembre. El nuevo disco incluirá colaboraciones de peso como “En Otra Vida” (feat. Lasso), “Querida Yo” (feat. Camilo), “+ Te Vale” (feat. Emilia) y la mencionada “Amor Prestado” (feat. Manuel Turizo), consolidando a Yami como una artista capaz de unir talentos de diversas generaciones y géneros.


La noche en el Gran Rex no fue solo un concierto; fue la confirmación de la fuerza de un proyecto que emociona desde la verdad. Yami Safdie logró conectar con miles de personas que encuentran en sus canciones un refugio, un espejo y una carta abierta al corazón. Con un teatro agotado y un nuevo álbum en camino, la cantautora argentina ha vivido, sin duda, su noche más especial.

Análisis: Sonic Racing Crossworld para Nintendo Switch


Sonic Racing: Crossworlds aterriza ccon la ambición de ser una alternativa  audaz y caótica de la fórmula de carreras de karts, en lo que Mario Kart es uno de los mayores exponentes. Esto en gran medida, lo consigue, ofreciendo una experiencia convincente en el género, haciéndole pelea al reciente Mario Kart Worl, teniendo este la ventaga de ser un título multiplataforma.



Si hay algo que distingue a Crossworlds es su presentación: es más brillante, más audaz y más ruidoso que cualquier otro competidor. Los 24 circuitos son enormes y atrevidos, con diseños que a veces se sienten más como una «carrera de obstáculos viviente» que como una pista tradicional. Aunque en ocasiones Sega lleva el estilo por encima de la sustancia, creando secciones que son un «asalto a los sentidos», esto es raro y se justifica dentro del pedigrí caótico de la franquicia. Visualmente, el juego es un deleite, con un arte excelente, modelos detallados y una definición notable. Además, se ejecuta con una fluidez increíble tanto online como offline, manteniendo el ritmo incluso con mucha acción en pantalla.
El Corazón del Caos: CrossWorlds y Dificultad
En esencia, Crossworlds es un juego de carreras arcade simplificado, sin mundo abierto ni modo historia, centrado en grandes premios y eventos secundarios. Eliges tu personaje y vehículo (coches o aerotablas) para definir tus estadísticas y te lanzas a carreras de tres vueltas.


La característica que lo define es el «CrossWorld»: a mitad de cada carrera, viajas a una pista totalmente distinta a través de un anillo de teletransporte. El líder puede elegir entre una pista preseleccionada o arriesgarse con una misteriosa y aleatoria. Esta mecánica no solo añade un factor estratégico, sino que también garantiza un dinamismo constante.
La IA es brutal; las carreras son implacables, con potenciadores y obstáculos atacando constantemente. Si te sales de la pista una vez, puedes caer del primer al octavo puesto. Al principio, esto puede resultar frustrante, especialmente si vienes de la permisividad de Mario Kart.


La curva de aprendizaje en Crossworlds exige un cambio de chip: a diferencia de la competencia, aquí debes soltar el acelerador para derrapar en curvas cerradas. Una vez que se domina este «toque de realismo» en el manejo, el rendimiento mejora drásticamente, y resulta ser una adición muy satisfactoria. Sin embargo, aquí reside el principal problema del juego: el manejo del vehículo puede ser «muy tosco por momentos e incómodo» en otros. Este defecto fundamental termina desmotivando y haciendo monótonas gran parte de las carreras, socavando la creencia de que la diversión depende de la destreza manual del jugador.


Sonic Racing: Crossworlds es una propuesta atractiva, caótica y visualmente impactante que ofrece una experiencia de carreras arcade de alta velocidad. Su exigente gameplay (el manejo en curvas) es un punto a favor, mientras que el sistema «CrossWorld» es innovador. Lamentablemente, el manejo tosco e incómodo en general es un pilar fundamental que resta diversión y frustra al jugador. No obstante, si puedes superar este bache jugable, te espera una carrera implacable, vibrante y con un futuro crossover muy prometedor.

Calificación 8/10

Reseña: Donde quieras estar

Lo entrañable de las soledades encontradas
Quienes vivimos en Buenos Aires, ¿Cuántas veces hemos pasado una tarde en un parque sin hacer nada? Mirando un punto vacío, pensando sin pensar, filosofando a boca cerrada, con un mate en la mano o compartiendo el momento con una nueva amistad.



“María y Pedro se encuentran en un parque. Entre palabras y sonidos, el tiempo pasa mientras podría pasar otra cosa. Un zorzal, un gorrión y un vestido que no llega. La espera se mezcla con la inquietud de no saber si el otro va a aparecer”.
Así presenta Federico Buso su obra.

Buso escribe y protagoniza esta pieza junto a una enérgica, emocional y conmovedora Silvina Katz. Ambos actores construyen una química tierna y sensible: sus personajes se esperan a la misma hora, en el mismo parque de la soledad. La dirección esta a cargo de Martin Goldber, que logra unir todas las piezas del texto y la entrega de los actores de forma ingeniosa.

La escenografía consiste en un rectángulo que simula un parque. En lugar de plantas vivas, parece el final del otoño: ramas secas y paja.
Alicia Leloutre comprende el peso melancólico del texto de Buso, y junto al diseño lumínico de Sebastián Francia logra una composición de sombras donde las ramas se vuelven protagonistas visuales, deleitando al espectador.

Donde quieras estar es una obra entrañable, con un humor sincero y personajes terrenales; solitarios, pero encontrados en ese ocio tan porteño de pasar tiempo en un parque, entre sus silencios, miedos y esperas.

Donde quieras estar se presenta los miércoles de octubre a las 20:30 en el Teatro El Callejón.

Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.


Buscar…
María y Pedro se encuentran en un parque. Entre palabras y sonidos, el tiempo pasa mientras podría pasar otra cosa. Un zorzal, un gorrión y un vestido que no llega. La espera se mezcla con la inquietud de no saber si el otro va a aparecer.

Ficha técnico artística
Dramaturgia:Federico Buso
Actúan:Federico Buso, Silvina Katz
Diseño de vestuario:Jose Escobar
Diseño de escenografía:Alicia Leloutre
Realización de escenografia:
Alicia Leloutre, Agustin Justo Yoshimoto
Redes Sociales:Juani Romero
Música original:Lucas Sebastián Ramírez
Diseño De Iluminación:Sebastián Francia
Fotografía:Gerardo Serre
Diseño gráfico:Agustín Iannone
Asistencia de dirección:Lucia Clavel
Prensa:Adriana Schottlender
Producción ejecutiva:Francisco Tortorelli
Colaboración en dramaturgia:Martín Goldber
Puesta en escena:Martín Goldber
Dirección:Martín Goldber
Agradecimientos:Espacio Callejón, Lavalle Casabierta, Nora Conte Grand, Javier Daulte, Camila Fische, Paula Marull, María Onetto

Análisis: Baby Steps

Por Jorge Marchisio



El mundo de los videojuegos da para todo, eso lo sabe todo el mundo. y es que cuanta idea bizarra se le ocurre a alguien, tranquilamente puede llegar a nuestras consolas. Y algo así debe haber pasado con Baby Steps. Veamos de qué trata este proyecto de la gente de Devolver Digital.



¿Se imaginan un juego donde la única mecánica que existe, es la de caminar? Bueno, eso es Baby Staps, donde solo tendremos que apretar los gatillos traseros para levantar la pierna correspondiente a esa zona, apretar adelante o atrás, soltar, y mover la otra pierna; con el riesgo que conlleva apretar mal, confundirse y terminar de lleno contra el piso para probar otra vez lo de ir caminando de a poco.

Y creo que, con eso, espanté a la mayoría de los posibles jugadores, pero no. Sabemos que los verdaderos gamers son aquellos que, ante un desafío, insisten hasta poder salir adelante. Bueno, eso mismo pasa con Baby Steps. Al principio puede parecer tremendamente frustrante, pero hay que estar bien atentos al mapa para poder ver atajos, y poder saltearnos molestas subidas o escaleras que nos van a tener mucho tiempo en el piso.



En cuanto a la historia, es bastante simple. Controlamos a un hombre de unos cuarenta años, que vive en el sótano de sus padres sin hacer nada. Un día, despierta en un extraño mundo, donde tendremos que aprender a caminar, mientras exploramos todo el lugar en obvias analogías a la vida triste y apática de nuestro protagonista.

En lo personal, creo que el verdadero punto de este juego, es que nos invitan a explorar este mundo bizarro, pasito a pasito. Y es que en cada parada que tenemos, o logro que conseguimos, sabemos un poquito más del lore y de quien es y cómo se siente nuestro personaje. Ese es el punto de Baby Steps.



La conclusión final, es que este juego tiene que ser analizado con algunos gameplay antes de tomar la decisión de darle una oportunidad. Si tienen paciencia y les gusta explorar, se van a encontrar con una experiencia por demás entretenida. Si no…



Lo mejor: la originalidad de la idea.

Lo peor: apunta a un solo público, porque es probable que muchos lo compren y lo dejen de inmediato.

Calificación 7/10

Crítica: Tron Ares

Por Jorge Marchisio




Si hay una franquicia que es por demás extraña, es la de Tron. Primero porque uno las recuerda con mucho cariño, pero la mayoría dice que lo mejor que se puede hacer como espectador, es no volver a verlas para no decepcionarse. Y lo peor, es que, entre cada entrega, hay una diferencia de mínimo diez años. Y con eso en cuenta llega a nuestros cines Tron Ares, tratando de restablecer la franquicia.



Esta vez la trama es bastante simple. El mundo de la tecnología se lo disputan Eva Kim y Julian Dillinger, con la primera queriendo usar los avances para ayudar a la humanidad, y el segundo para crear armas. Así es como nace Ares, el soldado perfecto, quien quiere permanecer en nuestro mundo de forma permanente.

Se que la mayoría va a coincidir, en que esta saga destaca más por su música, que por otro motivo. Y en Tron Ares, esto se vuelve a dar. Aunque eso sí, la banda sonora no es tan buena como la de Legacy, si hay que decir que la historia no es tan básica o mala como su predecesora. Entonces, una cosa compensa a la otra.

Lo que si no se puede compensar es la pésima actuación de Greta Lee, nuestra protagonista. Es una pena que el resto del elenco haya dado un trabajo más que decente; mientras que la joven actriz solo pone dos caras en la película: preocupación y miedo. Eso sí, mención especial para Evan Peters, quien, teniendo a Jared Leto en el elenco, logra dar la actuación más histriónica de todas.

Eso sí, de nuevo el apartado visual y sonoro es lo que más destaca de la película. Y si bien no tenemos tantas secuencias en el mundo digital como nos hubiera gustado, las que tenemos se ven excelentes, destaca, obviamente, las de las motos. El sello de la casa. Mientras que la música también es bastante destacable, aunque no llega al grado de genialidad de la aburrida Tron Legacy.

Eso sí, siento que, en esta ocasión, se quisieron abaratar costos haciendo que el grueso de la película, suceda en nuestro mundo y no en el digital. Y esto también se nota en el personaje de Evan Peters, quien tiene el 99% de sus escenas en su oficina o donde tienen la tecnología para sacar cosas del ya mencionado mundo digital para traerlas al nuestro. No es algo malo, pero si bastante obvio.

En fin, Tron Ares no es mala, pero es de esas películas que dependen de ser vistas si o si en el cine. cuando salga en straming, no se que tan mirable va a ser, algo de lo que padece toda la saga.



Lo mejor: la música, las secuencias con las motos.

Lo peor: la actuación de la protagonista, guion plano

Calificación 6/10

Onegin: la elegancia trágica que conquistó el Teatro Colón



Antes del clásico navideño del Teatro Colón, El Cascanueces —inolvidable ballet de Piotr Ilich Chaikovski, cuyo estreno será el próximo 12 de diciembre—, el público porteño tuvo el privilegio de disfrutar una joya del repertorio mundial: Onegin, la versión en ballet de la novela homónima de Aleksandr Pushkin.



Creado por John Cranko para el Ballet de Stuttgart, Onegin se estrenó el 13 de abril de 1965 en el Staatstheater de Stuttgart, y desde entonces se ha consagrado como una de las obras más refinadas del ballet narrativo del siglo XX. En esta oportunidad, la producción del Colón ofreció una experiencia deslumbrante y opulenta, con una dirección musical a cargo de Ermanno Florio, quien condujo con delicadeza las melodías de Chaikovski —tomadas de sus composiciones menos conocidas— y supo envolver al público con la elegancia del ballet ruso bajo un punto de vista alemán.

La recomposición coreográfica de Agneta Valcu y Victor Valcu conservó la intensidad dramática de la obra original, donde las pasiones desbordadas, los amores imposibles y las obsesiones fatales de los personajes de Pushkin se traducen en cada gesto y movimiento. Los bailarines, mediante la pantomima y la expresión corporal, interpretaron con profundidad el tormento interior de sus protagonistas.

Oneguin fue interpretado por Ciro Mansilla, Juan Pablo Ledo, Federico Fernández y el bailarín austríaco Jakob Feyferlik, mientras que Tatiana cobró vida en los cuerpos de Marianela Núñez, Ayelén Sánchez, Camila Bocca y Natalia Pelayo.

Además del elenco impecable, la escenografía de Pier Luigi Samaritani dejó sin aliento: los suspiros del público se oyeron en cada entreacto ante los detalles minuciosos de los interiores palaciegos, los colores profundos —entre blancos, vinotintos y negros— y los suntuosos jardines que evocan la Rusia zarista. Cada lámpara, espejo y mueble fue ejecutado con una precisión casi artesanal.

El vestuario de Roberta Guidi Di Bagno completó la atmósfera majestuosa: los vestidos de la burguesía imperial rusa, las delicadas faldas en tonos naranjas, blancos y magentas, los sobrios smokings y los elegantes sombreros merecen mención aparte.

Onegin se presentó durante la primera quincena de octubre en el Teatro Colón y fue, sin duda, una de las puestas de ballet más destacadas del año. Desde el primer instante —cuando se abre el reloj y comienza la trama de amores frustrados, celos y orgullo—, el espectáculo deslumbra y confirma que el Colón atraviesa un momento de esplendor bajo la dirección de Julio Bocca, especialmente en el terreno del ballet.

Esperamos que Onegin regrese pronto a la cartelera: el público porteño merece volver a presenciar una obra de tal calidad y belleza.

  Escribió Sebastian Arismendi para la La Butaca Web. 

Crítica: Tron Ares


Por @cronicadeunavidacualquiera

¿Alguien vio la película Tron?

La historia:
En medio de una guerra empresarial Eve Kim consigue el código de la permanencia, lo que permite que objetos y programas que traspasan del mundo virtual al real puedan existir por más de 30 minutos.
Esto la convierte en un objetivo para la empresa rival que decide enviar a sus asesinos digitales para conseguirla a cualquier costo, entre ellos envía a Ares que es un soldado implacable pero que también tienen ciertas dudas existenciales a partir de sus experiencias previas en el mundo real. ¿Podrá Eve sobrevivir a estos ataques y utilizar este código para el bien, o el mundo digital dominará al real para siempre? Habrá que verla para enterarse, si vale o no la pena lo vemos debajo.  



¿Qué me gustó?
Visualmente la película es impactante, en esta entrega se mezcla el mundo virtual que ya conocimos en Tron Legacy, con el mundo real, y también revisitamos el mundo de la película de Tron (1982) que dio origen a todo, con su estética que fue revolucionaria en aquellos años.
También la música hace su parte para construir este mundo que mezcla lo digital y lo real, en este caso a cargo de Nine Inch Nails. Recomiendo verla en el cine o con un buen sistema de sonido para apreciarla bien no sólo visualmente sino a nivel sonoro.

¿Qué no me gustó?
Hollywood sigue pensando que a la audiencia le interesan las reuniones de dirección de las empresas, los Ceos y las adquisiciones hostiles. Por suerte esto sólo queda en el inicio del film para vincular esta entrega con la anterior, pero rápidamente pasamos a la acción que es lo más atractivo aquí.
A esta altura, el dilema filosófico existencial que presenta esta saga, sobre si los personajes digitales son sólo programas o pasan a ser personas cuando traspasan al mundo real, está tratado de forma algo superficial y sin demasiada originalidad. Tema por supuesto que ya fue abordado con mayor profundidad en otras películas anteriores como Matrix (1999) por ejemplo. 

¿A quién recomiendo esta peli?
Por supuesto a los fans de la saga, tanto a los que siguen esta saga desde el principio y la consideran una película de culto, como a los que les gusto la estética y la música de la película anterior y quieren ver esta nueva entrega.
Vale aclarar que esta historia funciona como una continuación de Tron Legacy (2010) pero sus personajes principales son diferentes. La trama de esta entrega es independiente y sólo utiliza la anterior como punto de partida. Aunque es bueno haber visto las películas anteriores para entender cómo funciona ese mundo.

Calificación: 7,5/10
Duración: 110 minutos
Estrena el 9 de octubre en cines

Reseña: Magia Blanca


«Magia Blanca» es una refrescante y ácida propuesta de teatro musical argentino que se inscribe en el formato Jukebox, utilizando la música preexistente de una banda para tejer una historia original. En este caso, la elegida es la banda de rock Turf, cuya discografía se convierte en la vibrante banda sonora de una trama ambientada en la Argentina de los años 90.


La historia nos presenta a Blanca, una joven que se siente fuera de lugar. Tras descubrir un embarazo y negarse a seguir el mandato de su familia de clase media alta de la zona norte —una parodia con mucho humor de la derecha en la era menemista—, decide escapar. En su huida, impulsada por la necesidad de encontrar su propia identidad, se refugia en un templo rockero en Barracas. Allí, trabajando como camarera, conoce a los integrantes de una banda. Es a través de su talento para la poesía que Blanca congenia con el vocalista, proporcionando la inspiración perfecta para nuevas canciones. La trama se tensa cuando sus padres, buscando recuperarla, utilizan la corrupción política y policial para presionar al bar, sumergiéndonos en un universo donde nadie es ajeno ni a la poesía ni a la corrupción.



El gran motor de la obra son sus canciones. Es un verdadero placer ver cómo se reivindica la música de una banda tan importante como Turf. Temas icónicos como «Loco un poco», «Yo no me quiero casar» y «Pasos al costado», así como el que da título a la obra, «Magia Blanca», están implementados de manera muy eficaz: algunos avanzan la narrativa de la historia y otros son interpretados por la banda que toca en el bar. La elección musical es un éxito rotundo.


El elenco es otro punto altísimo. Conformado por destacadas figuras del musical como Melissa De Miguel, Felipe Bou Abdo, Natalia Cociuffo, Diego Bros y Gustavo Monje, junto a talentosos artistas, demuestran un nivel sobresaliente. Las voces brillan y los gags de humor son efectivos, como la parodia del presidente Menem, que si bien sirve para dar un contexto político y social preciso, también genera risas en el público. La obra revisita los noventa con una mirada ácida, trágica, emotiva y llena de humor simultáneamente.


Que «Magia Blanca» provenga del equipo detrás de “La Desgracia”, uno de los mejores musicales argentinos de la actualidad, hacía que la vara estuviera alta. Sin embargo, esta propuesta cumple con las expectativas, ofreciendo algo original que, a la vez, celebra y da el merecido reconocimiento a la música de Turf. Es una experiencia teatral que recomendamos para reír, emocionarse y, sobre todo, disfrutar de la magia del rock argentino.

FUNCIONES

martes 20:45 hs

Sala Pablo Neruda – Paseo La Plaza (Av Corrientes 1660, CABA)



Duración: 75 minutos

Clasificación: Mayores de 16 años

MAGIA BLANCA, un musical de Juan Martín Delgado

con canciones de TURF, versionadas por Francisco Martínez Castro



Idea Original: Juan Martín Delgado y Nathalie Cabiron



Intérpretes:

Melissa De Miguel, Felipe Bou Abdo, Natalia Cociuffo, Diego Bros, Gustavo Monje, Julia Montilengo, Antonella Fittipaldi, Lázaro Balista, Ramiro Gelvez, Lucia Perdigón, Azul “Achu” Mazzeo, Santiago Di Gangi, Camila Rosen.



Libro: Juan Martín Delgado

Arreglos musicales: Rodrigo Martínez Castro y Francisco Martínez Castro

Arreglos corales: Francisco Martínez Castro

Coreografía: Juan Martín Delgado

Asistente de Coreografía: Romina Fos

Asistente de Producción: Ines Rodriguez Berdier

Swings: Romina Fos, Nadine Chemerinski

Diseño de Vestuario: Florencia Valentini

Asistencia de Vestuario: Claudia González

Pelucas y Peinados: Miriam Manelli

Diseño Gráfico: Nahuel Lamoglia

Diseño y Realización de Escenografía: Giuliano Benedetti

Diseño de Luces: Matías Pagliocca

Sonido: Audioteatro

Stage Manager: Mariana Zourarakis, Ines Rodriguez Berdier

Redes Sociales: Alba Castellano

Fotografía: Nacho Lunadei

Prensa: BMZ Comunicaciones

Coordinadora de Prensa: Vero Larrea

Administración: Evangelina García



Producción Ejecutiva: Luciana Cuenca



Producción General: Nathalie Cabiron



Dirección musical y coral: Francisco Martínez Castro



Dirección General: Juan Martín Delgado

Reseña: La Gaviota

Por Sebastián Arismendi

Chicanas, egos y pasiones desde la Madre Rusia

Pensar en el teatro ruso es pensar en dramatismo, desgracias y personajes complejos e insatisfechos. Todo eso define La Gaviota (1896), una de las primeras obras de Antón Pávlovich Chéjov.
El Teatro San Martín presenta una adaptación clásica dirigida por Rubén Szchumacher, fiel al espíritu del texto original.



La Gaviota ofrece una narrativa profunda y meta-teatral: durante la obra se monta y estrena otra pieza. Más de dos horas de emociones rusas y dramas familiares.

Lo que parece ser la historia de la relación entre un escritor frustrado y su madre (una actriz famosa, ególatra y manipuladora) es en realidad un vehículo para hablar de la insatisfacción del artista, del vacío creativo y del mundo snob previo a la revolución rusa, donde quedan al descubierto sus miserias y melancolía.

Szchumacher comprende el peso que el teatro tenía para Chéjov y las penurias del oficio. Su puesta enfrenta dos mundos: el teatro clásico y el moderno. Jorge Ferrari diseña una escenografía aparentemente austera que evoca el proceso mismo de construir una obra: escuchamos sierras, martillos, y vemos a los técnicos montar y desmontar.

También viste a los actores con la elegancia de la burguesía zarina, aportando sobriedad en vestidos, sombreros y peinados. La frialdad de las telas refuerza la distancia emocional que la trama propone.

Muriel Santa Ana brilla como la gran estrella del elenco. Cada aparición despierta risas y aplausos, no por el humor, sino por la fuerza y el cinismo de su Irina Arkadina, una mujer venenosa y posesiva. Diego Cremonesi encarna con acierto a Boris Trigorin, escritor célebre pero vacío de propósito.

Juan Cottet, joven promesa, da vida a Konstantín Tréplev con frescura y dramatismo, llevando con naturalidad los grandes clichés del teatro ruso. Sus escenas junto a Santa Ana son de las más intensas.

La Gaviota de Rubén Szchumacher condensa lo mejor del teatro ruso: presencia, melancolía y el eterno conflicto entre lo clásico y lo moderno, entre el arte y el ego.

Disponibles de miércoles a sábados a las 20:30 en la sala Casacuberta del Teatro San Martín.

Lola Índigo Incendia el Vorterix con su show Nave Dragón


Con un Teatro Vorterix a tope y una atmósfera cargada que rozó lo eléctrico, Lola Índigo aterrizó en Argentina este 2 de octubre con su Nave Dragón Tour, dejando un mensaje resonante. La artista granadina ha trascendido el mero pop urbano para consolidarse como una verdadera contadora de historias y creadora de mundos. Su espectáculo, astutamente dividido en tres segmentos —La Bruja, La Niña y El Dragón—, fue un recorrido vibrante por más de veinte canciones, una muestra rotunda de su versátil y exitoso repertorio.


Un Viaje por Tres Etapas
La estructura en tres actos condensó las distintas fases de su trayectoria, ofreciendo al público una inmersión completa en su universo musical. El comienzo fue una descarga de energía sin tregua: desde los primeros beats de «an1mal», la sala estalló. Siguieron temas como «la santa», «mi coleta» y «discoteka», donde Lola desplegó su faceta más electrónica y urbana. Acompañada por un cuerpo de baile impecable, cada movimiento se magnificó en una puesta visual imponente, con la propia Lola siguiendo el ritmo con una intensidad arrolladora.


El segundo segmento marcó un regreso a los cimientos de Lola Índigo, con guiños a sus álbumes Akelarre y La Niña. Clásicos coreados como «mujer bruja», «maldición» y «santería» desataron la euforia colectiva, mientras tracks como «trendy» y «m a remix» pusieron a bailar a todo el recinto. Luego, la emoción tomó el centro de la escena con interpretaciones sinceras de «la niña de la escuela» y «memories», antes de sumergirse en un tramo de mayor introspección con «corazones rotos», «dragón», «high remix» y «perreito pa llorar».


Una Confesión a Corazón Abierto
A mitad de la velada, la cantante hizo un break para ofrecer algo más que un simple agradecimiento: alzó la voz. Conmovida hasta las lágrimas por la ovación y el cariño incondicional de sus fans, Lola se sinceró sobre las presiones de la industria y la necesidad de priorizar la salud mental, un llamado al merecido descanso para los artistas.


«Voy a tener cuidado con lo que digo, no vaya a ser que salga un titular que diga otra cosa. Ha sido un año extraño, llené estadios y no he parado ni un instante. Tengo que aprender a darme las gracias por lo que estoy logrando; estoy tan centrada en mis obligaciones que me he descuidado por completo y he dejado de quererme, de cuidarme,» compartió. Y sentenció: «Está bien detenerse si uno puede. Mucha gente quería que siguiera, ¡pero los mandé a todos a tomar por saco! Siento que no voy a poder dar lo mejor de mí hasta que no empiece a valorarme más a mí misma,» un discurso que hizo que el Vorterix se viniera abajo entre vítores de amor y respeto hacia la artista.


El instante cumbre llegó con un cierre demoledor: «mojaita» e «y n q n» mantuvieron al público en vilo hasta el último compás. Para coronar la noche, una versión extendida y emotiva de «la reina» puso el broche de oro a un show que trascendió lo musical: fue una experiencia integral, tanto audiovisual como emocional. Lola Índigo no solo dio un concierto, sino que ofreció una catarsis colectiva.

Gracias Df Entertainment por la invitación