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Crítica por PablinTeve La vida de Andy Goodrich (Michael Keaton) da un giro inesperado cuando su esposa y madre de sus gemelos de nueve años ingresa a un programa de rehabilitación de 90 días, dejándolo solo a cargo de sus pequeños. Sumergido en el mundo de la paternidad moderna, Goodrich se apoya en su hija de su primer matrimonio, Grace (Mila Kunis), mientras finalmente se convierte en el padre que Grace nunca tuvo.
Lo que me gustó Ofrece una bonita historia con la que pasar un rato ameno y entretenido, así como deleitarnos con la brillante actuación de Michael Keaton y Mila Kunis. Recomendable si eres un entusiasta de las comedias dramáticas. No se puede negar que esta comedia dramática, depurada y predecible, es un poco genérica, pero también tiene a Keaton en su mejor momento: levanta cada escena e inspira a los que le rodean.
Lo que no me gustó Si los diálogos fueran más divertidos, podría ser una buena comedia para pasar el rato, pero en lugar de eso Keaton parlotea, Kunis hace algunos gestos con los ojos, y cada diálogo se convierte en un interminable tira y afloja. Algunas escenas son simplemente torpes, como una visita a una noche de poesía feminista en la que no está claro hasta qué punto se pretende hacer sátira. Pero si puedes soportar todo eso, tiene su recompensa .
Si hay una franquicia que es por demás extraña, es la de Tron. Primero porque uno las recuerda con mucho cariño, pero la mayoría dice que lo mejor que se puede hacer como espectador, es no volver a verlas para no decepcionarse. Y lo peor, es que, entre cada entrega, hay una diferencia de mínimo diez años. Y con eso en cuenta llega a nuestros cines Tron Ares, tratando de restablecer la franquicia.
Esta vez la trama es bastante simple. El mundo de la tecnología se lo disputan Eva Kim y Julian Dillinger, con la primera queriendo usar los avances para ayudar a la humanidad, y el segundo para crear armas. Así es como nace Ares, el soldado perfecto, quien quiere permanecer en nuestro mundo de forma permanente.
Se que la mayoría va a coincidir, en que esta saga destaca más por su música, que por otro motivo. Y en Tron Ares, esto se vuelve a dar. Aunque eso sí, la banda sonora no es tan buena como la de Legacy, si hay que decir que la historia no es tan básica o mala como su predecesora. Entonces, una cosa compensa a la otra.
Lo que si no se puede compensar es la pésima actuación de Greta Lee, nuestra protagonista. Es una pena que el resto del elenco haya dado un trabajo más que decente; mientras que la joven actriz solo pone dos caras en la película: preocupación y miedo. Eso sí, mención especial para Evan Peters, quien, teniendo a Jared Leto en el elenco, logra dar la actuación más histriónica de todas.
Eso sí, de nuevo el apartado visual y sonoro es lo que más destaca de la película. Y si bien no tenemos tantas secuencias en el mundo digital como nos hubiera gustado, las que tenemos se ven excelentes, destaca, obviamente, las de las motos. El sello de la casa. Mientras que la música también es bastante destacable, aunque no llega al grado de genialidad de la aburrida Tron Legacy.
Eso sí, siento que, en esta ocasión, se quisieron abaratar costos haciendo que el grueso de la película, suceda en nuestro mundo y no en el digital. Y esto también se nota en el personaje de Evan Peters, quien tiene el 99% de sus escenas en su oficina o donde tienen la tecnología para sacar cosas del ya mencionado mundo digital para traerlas al nuestro. No es algo malo, pero si bastante obvio.
En fin, Tron Ares no es mala, pero es de esas películas que dependen de ser vistas si o si en el cine. cuando salga en straming, no se que tan mirable va a ser, algo de lo que padece toda la saga.
Lo mejor: la música, las secuencias con las motos.
Lo peor: la actuación de la protagonista, guion plano
La cantautora bonaerense Yami Safdie dará un paso fundamental en su carrera el próximo jueves 9 de octubre, cuando se presente por primera vez en el emblemático Teatro Gran Rex. Reconocida por su estilo emocional y cercano, Safdie ofrecerá un espectáculo pensado para conectar profundamente con su público y celebrar un nuevo capítulo en su recorrido artístico.
El show en el Gran Rex llega tras agotar entradas en el Teatro Ópera y luego de una serie de lanzamientos que la posicionaron como una de las voces más prometedoras del pop latino emergente. Con canciones como “+ Te Vale” (junto a Emilia) y “Querida Yo” (con Camilo), Yami logró millones de reproducciones y un fuerte impacto emocional en sus oyentes, construyendo una identidad que combina sensibilidad, honestidad y una búsqueda estética cuidada.
La propuesta del concierto será una síntesis de lo vivido hasta ahora y lo nuevo que está por venir. La artista promete un formato íntimo pero vibrante, donde no faltarán sus baladas más queridas, nuevas composiciones y una puesta en escena pensada para generar cercanía incluso en un escenario de gran escala como el del Gran Rex. Acompañada por una producción musical de calidad y visuales que acompañan la narrativa, Safdie buscará ofrecer una experiencia inmersiva y conmovedora.
Yami Safdie en el Gran Rex no será solo un show, sino una declaración de crecimiento, madurez y conexión real con su audiencia. Las entradas ya están disponibles a través de los canales oficiales del teatro. Una oportunidad única para acompañar a una artista en plena expansión.
La historia: Raymond es un joven pueblerino que decide a participar en un polémico concurso pese a que su madre se opone. El concurso tiene una dinámica bastante sencilla, son cincuenta participantes, uno por cada estado, que deben caminar por una misma ruta. El que se detiene o sale del asfalto es aniquilado al instante, el ganador por supuesto es el último que quede en pie. Para asegurarse de que estas reglas se cumplan los acompaña en un jeep el general, interpretado por Mark Hamill, que es la máxima figura en este régimen autocrático post apocalíptico, que está falto de dinero por culpa de una guerra. Parte de la razón por la que los jóvenes se anotan a este tipo de concursos. ¿Podrá Raymond llegar a ser uno de los últimos en pie o quedará en el camino? Cosa que sólo viendo el poster podemos adivinar, quizás la pregunta que hay que hacerse es ¿vale la pena acompañarlo en este viaje? Transitamos esa pregunta debajo.
¿Qué me gustó? Las relaciones de amistades que se dan en el grupo principal de participantes están bien logradas y hacen recordar un poco a Cuenta Conmigo (1986), basada en una novela de Stephen King, que es el mismo autor que escribió el material original en que se basa esta película bajo un seudónimo. El planteo principal es interesante aunque quedó algo desactualizado en el tiempo, amplio este punto más adelante. La decisión de enfocarse en lo que conocen y ven los personajes principales sin dar a conocer puntos de vista externo es buena, aunque eso deja algunos interrogantes sobre el mundo donde se desarrolla este film.
¿Qué no me gustó? Algunos personajes principales son demasiado buenos y perfectos, lo que los hace poco creíbles especialmente en situaciones de estrés extremo. El final, aparte de algo predecible, no es satisfactorio y deja muchos interrogantes en cuanto a cómo continua ese mundo después de lo que sucede allí.
¿A quién recomiendo esta peli? Es una película recomendable para los que disfrutaron de Los juegos del hambre (2012) o incluso de Los juegos del calamar (2021), ya que comparten una temática similar. Claro que no se copia de ellas sino lo contrario porque esta película se basa en un cuento de Stephen King de 1979. Pero esto a su vez le juega en contra ya que su enfoque queda algo desactualizado junto a estas nuevas versiones que incorporan muchos otros elementos y diferentes mecánicas en los juegos.
Calificación: 7/10 Duración: 108 minutos Estrena el 25 de septiembre
Muchas veces en la historia del cine, se dan esos cruces en los que un actor talentoso y multipremiado, trabaja con un director igual de reconocido, por primera vez en la carrera de ambos. Esto pasa en Una batalla tras otra, donde por fin coinciden Paul Thomas Anderson con Leonardo DiCaprio. Veamos que hicieron juntos.
Con una duración de dos horas y cuarenta minutos, la película nos cuenta la vida de Bob, quien pertenece a los French 55, una organización que quiere cambiar el sistema, mientras ayuda a diferentes minorías que son oprimidas por el gobierno norteamericano.
Muchos son los comentarios que se venían escuchando los últimos días, sobre que Una batalla tras otra era la mejor película del año. Y sin dar muchas vueltas voy a decirles que sí, lo es. No solo por las grandes actuaciones, la acertadísima dirección de Paul Thomas Anderson, o como hicieron para que pese a durar casi tres horas, la trama no se sienta pesada; sino por como se toma un tema actual de forma seria, pero al mismo tiempo ridiculizando a alguno de los involucrados.
Todos conocemos la falsa moral de los yankis, quienes se jactan de ser la policía moral del mundo, mientras que al mismo tiempo oprimen a cuanta minoría se cruza. Esto se ve reflejado con algunos personajes, los mismos que ya mencioné, son a veces ridiculizados para mostrar en realidad lo patéticos que son. En este sentido, Una batalla tras otra no juega a los grises, toma una posición bastante clara desde el inicio.
Ahora, hablando netamente de lo que vemos en pantalla, lo primero que salta a la vista, son las actuaciones. Muchos se van a quedar con Leonardo DiCaprio. Y si bien el experimentado actor lo hace bien, es bastante opacado tanto por Sean Penn como la poco conocida Chase Infiniti. El primero componiendo uno de esos personajes que ya mencioné, y que seguramente lo veamos nominado en la próxima temporada de premios. Mientras que Infiniti muestra en esta película, que es una de las actrices jóvenes a tener en cuenta.
También sorprende ver como Paul Thomas Anderson se adaptó a filmar acción. Tanto los tiroteos, y en especial, las persecuciones que vemos en pantalla, no tienen nada que envidiarles a los expertos en el género. Una clara evolución en el director, que también se perfila a estar nominado el año que viene.
Una batalla tras otra tampoco es perfecta. Al inicio, cuesta empatizar con algunos personajes pese a que están del bando de los buenos; pero quitando eso (y su duración), si, confirmamos, estamos ante la mejor película del año hasta el momento.
Se podría hablar mucho del camino reciente de Katy Perry, del tropiezo quizás injusto de su disco 143 y de un revival que muchos sentían pendiente. Pero tras el lanzamiento de su Lifetimes Tour, la conversación dio un giro. La gira, conocida por su espectacular producción —con efectos visuales deslumbrantes, una escenografía de primer nivel y la propia artista surcando el aire del estadio—, puso de manifiesto que su poder en el escenario seguía intacto.
Cuando se anunció la etapa latinoamericana del tour, la noticia vino con una advertencia: el show no tendría el escenario completo ni toda la parafernalia original. La polémica no se hizo esperar, pero las dos fechas en el Movistar Arena de Buenos Aires se mantuvieron firmes. Es un recinto excelente para conciertos, aunque con una capacidad menor a la de otros estadios, lo que justificaba el recorte de producción para su llegada a nuestro país.
Sin embargo, para los afortunados que asistieron a la primera fecha, el 9 de septiembre, la experiencia fue más que satisfactoria. A pesar de la reducción del show, la producción brilló por sí sola. Si bien no pudimos ver a la artista volando sobre el público, el trabajo en las visuales, los cambios de vestuario y la sincronía entre músicos y bailarines demostraron un nivel de detalle impecable. Pero más allá de lo técnico, hubo un elemento que lo llenó todo: el inmenso carisma que Katy Perry irradia en cada momento.
El concierto comenzó con la cantante elevándose en un círculo para interpretar Artificial, dando la bienvenida al público de Buenos Aires. El show se estructuró en episodios, un concepto futurista y ciberpunk que va explorando las «vidas» de la artista. Le siguieron éxitos como Tear Eyes y Dark Horse, y luego un bloque de puros clásicos que levantaron al público: Woman’s World, California Gurls, Hot n Cold, Last Friday Night y I Kissed a Girl. La ovación fue ensordecedora, reviviendo algunos de los momentos más icónicos de su carrera.
La noche continuó con excelentes interpretaciones de temas como Nirvana, Crush y Wide Awake. Uno de los puntos más especiales fue la sección interactiva, donde el público tuvo la oportunidad de votar por una canción. Una ruleta virtual elegía un álbum y, a través de un código QR, los fans votaban por su tema favorito. Con mucho humor, Katy bromeó sobre la falta de conexión a internet en el recinto: «Aquí no dan wifi en los conciertos, ¿verdad?». Finalmente, el tema elegido fue Never Really Over.
El clímax de esta sección llegó cuando Katy subió a dos fans al escenario. Al darle el micrófono a una de ellas, llamada Guadalupe, la artista se sorprendió por su voz y la invitó a cantar juntas una canción que la fan se supiera. La elegida, The One That Got Away, no estaba en la lista original del show, pero es un himno para los fans. La versión improvisada a dúo fue uno de los momentos más conmovedores y aclamados de la noche. En los tramos finales, sonaron canciones como Part of Me y Rise. Antes del bis, Katy Perry envió un mensaje directo y lleno de ironía, haciendo referencia a quienes le dijeron que no podría llevar su show a Latinoamérica por ser demasiado costoso. «No me importa, los fans de aquí son muy importantes y necesitaba venir», expresó, demostrando su dedicación.
El cierre fue una escalada de emoción. La imponente Roar hizo vibrar el estadio, seguida de Lifetimes y un final a lo grande con el himno Firework, un broche de oro para una noche en la que Katy Perry reafirmó que su carisma y conexión con el público son una fuerza imparable.
Tuve el placer de ver «Coherencia», una obra teatral que desafía las fronteras del teatro comercial. Basada en la aclamada película de 2013, esta adaptación se sumerge en el suspense psicológico y la ciencia ficción, explorando la fascinante idea de los mundos paralelos.
La trama nos presenta a un grupo de seis viejos amigos que, reunidos para una cena, se ven envueltos en un inexplicable fenómeno tras el paso de un cometa. Un apagón repentino los aísla y los empuja a una realidad fluida, donde empiezan a encontrarse con versiones de sí mismos. Este encuentro con sus «copias» desata el caos, obligándolos a confrontar dilemas íntimos y viejas heridas. Aislados, comienzan a desconfiar de sus propios recuerdos y de los lazos que los unían, debatiéndose entre aceptar su imperfección o perderse persiguiendo una versión idealizada de ellos mismos.
La obra utiliza la paradoja del gato de Schrödinger para ilustrar cómo varias realidades coexisten hasta que una decisión «abre la caja» y elige un resultado específico. Esto no solo genera una lucha por la supervivencia, sino que también explora la maldad inherente del ser humano y cómo las personas pueden cambiar drásticamente bajo presión.
La verdadera fortaleza de esta adaptación reside en el ingenio de su puesta en escena. Adaptar una historia con múltiples realidades y dobles al teatro es un desafío enorme, pero la obra lo resuelve con astucia. Utiliza trucos visuales como una pantalla para proyectar lo que sucede fuera de la casa, así como el uso de luces y colores para diferenciar entre las distintas realidades. También, sin necesidad de actores dobles, se las arregla para mostrar los enfrentamientos entre las diferentes versiones de los personajes, empleando a los mismos intérpretes en escena de manera ingeniosa. Este es un trabajo que requiere de la atención del público, pero logra sumergirlo por completo en su compleja trama.
Si bien el enfoque está en la adaptación, es importante reconocer el buen trabajo del elenco. Gonzalo Heredia, Mey Scápola, Vanesa Gonzalez, Guillermo Pfening, Nicolás Pauls y Laura Cymer logran dar vida a sus personajes, navegando con destreza entre las distintas versiones de sí mismos y las emociones que esta situación tan particular desencadena.
En resumen, «Coherencia» es una propuesta teatral valiente y particular, de esas que se agradece ver en el circuito comercial. Es un relato de ciencia ficción bien logrado que ofrece algo diferente a las habituales comedias y nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la identidad y la realidad.
Ficha técnica Elenco: Gonzalo Heredia, Mey Scápola, Vanesa Gonzalez, Guillermo Pfening, Nicolás Pauls, Laura Cymer Dirección: Hernán Guerschuny Asistente de dirección: Constanza Urrere Colaboración artística: Juan Branca Diseño de escenografía: Lula Rojo Diseño de luces: Matías Sendón Diseño gráfico: Nicolás Rejlis Fotografía de estudio: Ale López Fotografía de escena: Rosario González del Cerro Diseño de Vestuario: Roberta Pesci Asistente de vestuario: Bernarda Crudo Vestidora: Victoria Wallace Música original: Nico Posse en colaboración con TEIAO Dirección de comunicación: Rebeca Crespo Díaz Redes sociales: Lucía Peralta Prensa: SOY Prensa Producción ejecutiva: Laura Manganelli Zuviri Dirección de producción: Rocío Gómez Cantero Producción general: Bautista Laviaguerre, Joaquín Laviaguerre y Tomás Rottemberg
Funciones de miércoles a domingo, entradas por Plateanet.com
El relanzamiento de los icónicos Heretic y Hexen en consolas actuales, cortesía de Nightdive Studios, es un deleite para los aficionados a los shooters retro. Este paquete, que llega tres décadas después del debut de los originales, no solo hace que estos clásicos estén más accesibles que nunca, sino que los presenta en su versión definitiva.
Nightdive Studios, con su ya reconocida experiencia en la actualización de juegos de esta época, ha remasterizado ambos títulos de forma casi perfecta. El resultado es un paquete robusto que incluye los dos juegos originales, la expansión Deathkings of the Dark Citadel para Hexen, dos expansiones nuevas (Heretic: Faith Renewed y Hexen: Vestiges of Grandeur), una banda sonora totalmente nueva compuesta por Andrew Hulshult y un museo con material de desarrollo inédito. Además, se han añadido funciones modernas como multijugador en línea y opciones de reequilibrio de la jugabilidad que se pueden activar o desactivar al gusto del jugador.
Un viaje a un mundo de fantasía oscura Heretic, el más antiguo de los dos, se siente como una versión fantástica de Doom, manteniendo la acción trepidante del clásico de id Software, pero con un arsenal de espadas, varitas y ballestas. Este juego de disparos en primera persona (FPS) de ritmo rápido ofrece una serie de niveles sencillos y directos. Por otro lado, Hexen intenta una experiencia más orientada al RPG, con un mundo central que conecta los mapas, lo que le da un ritmo más lento y un mayor énfasis en la exploración. Si bien este enfoque puede resultar frustrante por su diseño de laberintos, que a veces se siente más como una búsqueda interminable que un desafío, los puristas pueden disfrutar de esta versión de los 90.
Una de las adiciones más notables de este relanzamiento es la nueva expansión de Heretic, Faith Renewed, que destaca por sus emocionantes escenarios de combate y su diseño de niveles inteligentemente laberíntico. Esto, junto con los ajustes de accesibilidad —como marcadores de objetivos opcionales en el mapa y un reequilibrio de armas y enemigos—, hace que la experiencia sea más fluida sin traicionar los originales. Lo bueno, lo no tan bueno y el veredicto final El trabajo de Nightdive es, en su mayoría, impecable. La remasterización eleva la resolución manteniendo la esencia visual de la «pixel block-o-vision», y la banda sonora de Andrew Hulshult es una excelente remezcla de las melodías originales, aunque no alcanza el nivel de la memorable música de Doom. También se han incluido las escenas de corte originales de la versión de PlayStation de Hexen, que han sido mejoradas y limpiadas. El único punto débil de esta colección es la interfaz de usuario. Las opciones disponibles, una completamente nueva y otra basada en las fuentes originales, se sienten de baja calidad y desentonan con la pulcritud del resto de la remasterización. Sin embargo, este es un problema menor en un paquete que, por lo demás, es excepcional.
En resumen, Heretic + Hexen es un lanzamiento muy recomendable, especialmente para los usuarios que aprecian los juegos retro. Heretic por sí solo es motivo suficiente para la compra, y la gran cantidad de contenido adicional y mejoras hacen de este relanzamiento la forma definitiva de disfrutar de estos clásicos.
Ícono absoluto, precursor del rock nacional y símbolo del romanticismo escénico, la figura de Sandro sigue viva luego de 80 años en generaciones que lo admiran y redescubren.
Para celebrar su legado, la orquesta La Delio Valdez, una de las agrupaciones más representativas de la música popular actual, realiza un homenaje muy especial: presenta su versión de “Porque Yo Te Amo”, uno de los clásicos inmortales de Sandro.
Con su inconfundible estilo orquestal y latinoamericano, La Delio Valdez propone una relectura del tema, interpretada por el gran Black Rodríguez Méndez y sumando su energía colectiva a la emoción de una de las baladas más queridas del repertorio sandrista.
Este lanzamiento busca tiernos puentes entre públicos y épocas, uniendo la tradición romántica con la potencia sonora de una nueva generación. Será un gesto artístico que confirma la vigencia de Sandro como artista popular y eterno.
Jeremías Magnaghi Rudy nos sorprende con su ópera prima, El cinturón de Olivia, una curiosa y efectiva película argentina que se atreve a explorar un concepto tan complejo como el multiverso y lo aterriza de forma brillante en un barrio del conurbano bonaerense. El resultado es una historia de ciencia ficción muy bien lograda que, con un planteo profundo pero simple, también reflexiona sobre la amistad y las decisiones que forjan nuestro destino.
La protagonista, Olivia, es una estudiante de astrofísica que prepara una tesis para demostrar la existencia de universos paralelos. Su investigación se entrelaza con su vida personal cuando se ve obligada a reencontrarse con sus dos mejores amigos, de quienes se había alejado por traumas del pasado. Es durante una fiesta en el barrio donde este fenómeno se manifiesta, sumergiendo a los tres en una fascinante exploración de las diferentes vidas que podrían haber vivido.
La magia de la película reside en el descubrimiento paulatino de estos escenarios. Sin revelar demasiado, los personajes se encuentran cara a cara con las posibles versiones de sí mismos, debiendo elegir conscientemente si desean quedarse en su realidad actual o explorar un camino alternativo.
Uno de los mayores aciertos del film es su guion. Está tan bien planteado que no necesita de grandes recursos cinematográficos para explicar su premisa. No se trata de que la película se «arregle» con lo que tiene, sino de todo lo contrario: sus escenarios están cuidadosamente diseñados para contar un relato de ciencia ficción que encaja a la perfección en la cotidianidad de estos tres amigos.
Otro punto fuerte son las actuaciones. El trío protagónico, formado por Agustina Cabo, Carolina Kopelioff y Manuel Ramos, tiene una química en pantalla que hace creíble su amistad, tanto en los buenos momentos como en los de tensión. El personaje de Olivia es el que se desarrolla con mayor profundidad; su creencia en los mundos paralelos no es solo una idea científica, sino una esperanza personal de que, en otro universo, sus pérdidas podrían haber tenido un destino diferente.
En definitiva, Jeremias Magnaghi Rudy nos regala una curiosa pieza cinematográfica que, además de entretener, invita a la introspección y deja una sensación muy gratificante. Es una película que nos hace dar ganas de ver mas producciones de este calibre en nuestro cine, demostrando que la originalidad y la audacia son los verdaderos pilares de una gran obra.