Crítica: Pequeñas infidelidades

La obra de Mario Diament ausculta en los recovecos espiralados de una pareja,
esa sociedad (¿De dos?) que acostumbra compartir “sueños, cama y macarrones”
(Serrat dixit). Hay pocos mundos que contengan más misterio intrínseco que ese convenio llamado “matrimonio”. Se habla, se escribe, se canta en derredor de él, ¿Pero cuánto se sabe? ¿Qué tanto se ignora?Esta clave es la que parece proponernos la obra.

pequeñas infidelidades

Veinte años después de su divorcio, Emma y Alejandro se encuentran por casualidad. A la sorpresa le siguen las preguntas, y lo que comienza como una inocente conversación, se transforma gradualmente en una inquietante indagación de su fracasada relación.

Con un incisivo rigor que no excluye el humor ni la ironía, el autor de «Cita a ciegas», «Un informe sobre la banalidad del amor», «Franz y Albert» y «Tierra del fuego», indaga en algunos de los secretos más íntimos e inconfesables de la relación de pareja.

El texto, que se desgrana como una novela de suspenso, provocará seguramente conmoción, sonrisas y complicidad. 
Emma y Alejandro fueron pareja, hace de esto ya 20 años de su separación, y
un encuentro fortuito los cruza en el derrotero de sus caminos: él busca
departamento porque se está separando de su actual pareja y ella, casualmente,
está mostrando uno para alquilar. Reencuentro, charla amena, sonrisas, whisky, anécdotas,confesiones, risas, descubrimientos, zonas en penumbras, etc.
Como capas de una cebolla conyugal, se van develando instancias desconocidas,
risueñas unas, dolorosas otras… La obra, al final, tiene una vuelta de tuerca
sorpresiva, que la acerca a los tópicos del policial y que predispone al espectador a una charla pos espectáculo, ¿Con quién? Con su pareja….o con quien haya
compartido.
Marcela Ferradás y Horacio Peña encarnan los vaivenes de esta pareja con naturalidad y logran la complicidad del público. La escenografía, conceptualmente aséptica, resulta funcional al relato, y la
iluminación,tanto como el sonido, contribuyen al ritmo fluido de la historia.
La dirección de Manuel González Gil es minimalista en su puesta en escena y
sobria en la dirección actoral, para que el relato fluya con ritmo preciso y se
despliegue.
Es para tener en cuenta lo interesante que es inmiscuirse en un mundo que posee tantas facetas, maravillosas e inquietantes, como es el de la pareja… que no es la de uno. Conste que estoy escribiendo “bajito”: no quiero que me escuchen….

Director: Manuel González Gil
Autor: Mario Diament
Actúan: Horacio Peña y Marcela Ferradás
Diseño gráfico: Nahuel Lamoglia
Producción ejecutiva: Flavia Vitale
Vestuario: Pepe Uría
Dirección: Manuel González Gil
Teatro el Tinglado Mario Bravo 948
Sabados 20 y 22hs

A. R. Belano

Crítica: Terrenal, de Mauricio Kartun

Hace unos años, tuve un profesor que fue de las personas que marcaron mi rumbo, y no había clase en la que no nombrara o haga referencia a Kartun, siempre. Tanto  insistía que yo también me interese por él, y ahí entendí el por qué de su admiración. Es que él logra que cada palabra cobre sentido, que sus metáforas resuenen y se conviertan en imaginación, consigue dejar pensando a través de sus verdades convertidas en ironías reveladoras, convierte sus obras en experiencias de múltiples sensaciones para el público.
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Una versión conurbana del mito bíblico de Cain y Abel. Caín productor morronero. Abel vagabundo, vendedor de carnada viva en una banquina del asfalto que va al “Tigris”. Hermanos a los bifes compartiendo ese terreno, su edén berreta, partido al medio. La dialéctica imperecedera entre el sedentario y el nómade. Y Tatita, siempre ausente, que regresa al fin ese domingo melancólico.

Dos hermanos, Caín y Abel, han sido beneficiados por su padre con una parcela de tierra que ellos dividieron, para que hagan allí sus vidas. Caín dedicó su espacio a cultivar morrones y así ser un productor, con lo cual dicha actividad le permite el inicio a un proceso de enriquecimiento. Mientras que Abel, en cambio, es una suerte de vagabundo, que se emborracha con asados de por medio, y dedica su vida a vender carnada para pescar. Caín considera que eso es una plaga y Abel admira por su potencia de “torito”.
Una obra cuya dramaturgia está atravesada por innumerables referencias a la cultura argentina. Un hallazgo relacionado con la capacidad del montaje para hacerse entender, más allá de los códigos impuestos por su contexto histórico, geográfico y lingüístico.
Mauricio Kartun, toma la historia bíblica de Caín y Abel para explicar las consecuencias de abrazar el capitalismo o el ecosocialismo como modelos organizativos de la vida civilizada, Caín es un pujante empresario celoso de sus bienes y Abel un proletario feliz en su libertad.
En un escenario con dos telones a medio abrir, un músico en vivo que se deja entrever en la oscuridad, y un juego de contraste entre luces y sombras que se mantiene a lo largo de la obra, el trio de  Claudios (Da Passano, Rissi y Martínez Bel),no necesitan más nada para llevar esta obra, con actuaciones deslumbrantes, están en cada detalle, logran enfatizar en la palabra y se nota un trabajo de código que repercute, convence y funciona.
Terrenal  sensibiliza, con un autor que se anima a tomar posición ideológica. Acá no da todo lo mismo, no es una obra más, es imposible salir del teatro sin replantearse el modo en el que vivimos.
Ficha técnico artística

Autoría:Mauricio Kartun
Actúan:Rafael Bruza, Claudio Da Passano, Claudio Martinez Bel
Vestuario:Gabriela A. Fernández
Escenografía:Gabriela A. Fernández
Iluminación:Leandra Rodríguez6
Diseño sonoro:Eliana Liuni
Fotografía:Malena Figo
Asistencia de escenografía:Maria Laura Voskian
Asistencia de dirección:Alan Darling
Prensa:Daniel Franco, Paula Simkin
Dirección:Mauricio Kartun
TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4326-3606
Web: http://www.teatrodelpueblo.org.ar
Entrada: $ 280,00 – Domingo y Jueves – 20:00 hs
Entrada: $ 230,00 – Jueves – 20:00 hs
Entrada: $ 280,00 – Viernes, Sábado y Sábado – 21:00 hs
 
 
 
                                                    Julieta Ale