Por Sebastián Sabio
La crudeza de los campos.
Es el año 1968 y dos peones golondrina (Jorge y Lito) sueñan con la idea de tener el dinero suficiente para arrendar su propia chacra. Bajo la estrategia de mantenerse unidos y ahorrar, estos dos personajes van a viajar de pueblo en pueblo trabajando en diferentes chacras impulsados por ese sueño.

Esta obra es una gran adaptación de la novela de Johm Steinbek, llevada a la Argentina y a la década del 70. En ella se puede ver el llamativo mundo que se produce en el campo junto con todos sus condimentos como la relación con el patrón, las precariedades que padecen los trabajadores y la distancia que se produce con la gente de la ciudad.
Jorge y Lito son personajes que se complementan de perfecta forma. Jorge es el cerebro, el encargado de administrar la vida de ambos y Lito es la fuerza bruta, sumamente hábil para trabajar pero excesivamente brusco y con una gran torpeza llena de inocencia que genera ternura en el espectador.
Con actuaciones geniales de parte de todo el elenco, uno como espectador puede apreciar la gran cantidad de capas actorales que cada personaje posee y la profundidad que hay en cada uno de ellos. Una obra donde todo se destaca, desde la escenografía, que rápidamente te pone en el clima de la obra, hasta la iluminación