Crítica: Hokum: La maldición de la bruja

un cuento de fantasmas que se toma en serio

 Por Jhon Wolf

Descripción:

Damian McCarthy vuelve después de *Oddity* (“Rareza”) con su primer trabajo para Neon, y confirma que no fue una casualidad. *Hokum* retoma dos ideas que le obsesionan, el horror popular y cómo una violencia muy terrenal puede abrir la puerta a una represalia sobrenatural, pero no suena a repetición. 

 

Resumen:

Adam Scott interpreta a Ohm Bauman, un escritor de terror famoso, alcohólico y difícil de querer, del tipo de autor con problemas que asociamos a Stephen King. Viaja a un hotel perdido en Irlanda, donde sus padres pasaron la luna de miel, para esparcir sus cenizas junto a una secuoya que sale en una foto antigua de su madre. La madre murió en un accidente trágico y el padre se hundió en el alcohol, y Ohm marca esa diferencia con un gesto pequeño: deposita con cuidado las cenizas de ella y vuelca las de él como quien cumple un trámite. En el hotel conoce a Fiona, y cuando desaparece tras una fiesta de Halloween, Ohm se aferra a encontrarla aunque el gerente y los demás ya se rindieron. La única pista que nadie quiere seguir es la Suite de Luna de Miel, cerrada porque, dicen, ahí vive la bruja.

 

Lo que me gustó:

Me gustó cómo McCarthy confía en la imagen antes que en la explicación. La fotografía de Colm Hogan trabaja con encuadres quietos, mucho aire alrededor de los personajes y sombras que no buscan el susto fácil, lo que te obliga a compartir la mirada de Ohm y a preguntarte qué hay en la oscuridad con él. Ese control se apoya en el montaje de Brian Philip Davis, que dosifica muy bien cuándo apretar y cuándo soltar, así la película entra y sale de momentos muy intensos sin perder el pulso. Adam Scott está en su mejor registro porque no intenta caer bien, sostiene a un tipo irascible que quema puentes y carga culpa, y eso hace creíble su descenso. Todo ocurre prácticamente dentro del hotel, y esa limitación se vuelve virtud, el lugar funciona como una casa de muñecas embrujada donde cada pasillo suma tensión sin necesidad de efectos agresivos.

 

Lo que no me gustó:

La historia es deliberadamente simple y McCarthy no se detiene a armar una mitología detallada de la bruja, lo que puede frustrar si buscas respuestas claras. Además, Ohm es tan antipático que una parte del público puede desconectarse antes de que la película le pida empatía, y algunos secundarios del hotel quedan más como parte de la atmósfera que como personajes con recorrido propio.

 

A quién se la recomiendo:

Es para quienes siguen a la nueva generación de terror de autor, como Oz Perkins o Zach Cregger, y prefieren el folk horror atmosférico al susto de manual. Si te atraen las casas encantadas clásicas, los relatos que mezclan duelo y culpa con lo sobrenatural, y no te molesta que una película se tome en serio un cuento de brujas irlandesas sin guiños irónicos, “Hokum” te va a funcionar.

 

Puntuación 7/10

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