Crítica: Toy Story 5

Por Julián Lloves

¿Qué lugar ocupan los juguetes tradicionales cuando la imaginación infantil es secuestrada por una pantalla? Disney-Pixar exprime nuevamente su franquicia más rentable con una quinta entrega, esta vez bajo la dirección de Andrew Stanton (Buscando a Nemo, WALL-E). A pesar de plantear una premisa contemporánea, la pregunta inevitable vuelve a resonar: ¿era realmente necesaria una Toy Story 5?

La película reúne a Woody, Buzz, Jessie y el resto de la pandilla para enfrentarse al antagonista supremo de nuestra época. Ya no se trata de un nuevo juguete de turno ni de un coleccionista compulsivo; el villano es la tecnología, en este caso LiliPad, una tablet que absorbe la atención total de los niños con sobreestímulos, acelerando su infancia logrando que antes de los 10 años los niños dejen de jugar y los juguetes sean olvidados. Relegados a la oscuridad del olvido, el grupo debe organizar una misión para sabotear el dispositivo y recuperar el tiempo de juego de su dueña.

El guion intenta sostenerse sobre dos pilares interesantísimos. Por un lado, el impacto del consumo digital en las nuevas generaciones; por el otro, el enorme acierto de poner a Jessie como protagonista, explorando nuevamente su profundo trauma al abandono, aquel que nació con su primera dueña y nos marcó en Toy Story 2. Sin embargo, el resultado deja sabor a poco. La resolución de su arco no está a la altura de lo brillante que fue su historia en el pasado y el conflicto en contra de la tecnología se resuelve mediante el diálogo de una escena a la otra, como casi todas las subtramas.

Es evidente que mi generación ya no es el target de esta saga, pero eso no justifica la falta de ambición, pareciera que la primer versión del guion es la aprobada. El cierre de Toy Story 3 dejó la vara demasiado alta y la cuarta entrega, pese a las dudas de traicionar su propio lema, funcionó narrativa y técnicamente. Esta quinta parte, en cambio, queda muy por debajo de todas. La animación no da ningún salto evolutivo y los personajes que amamos no han crecido más allá de unos pocos chistes que no causan gracia.

Pese a ser una película del estudio más grande de cine animado, fotográficamente la película se ve peor que la anterior entrega. Los encuadres no logran en ningún momento la emotividad épica de las primeras películas, ahogados en una iluminación cálida, plana y que nada representa. El guion carece de verdadero riesgo; aunque intenta poner a los juguetes en situaciones adversas, las tramas y sus resoluciones se quedan cortas. No se le da el peso suficiente a la interesante premisa y se explora los pilares narrativos de Jessie y de la tecnología superficialmente. Lo que plantea con Jessie lo resuelve con emoción pero no con la suficiente altura que le corresponde. Woody y Buzz se han vuelto caricaturas planas cuando antes representaban horizontes gigantes con sus arquetipos.

Toy Story 5 termina siendo el reflejo de una industria que, ante la crisis creativa, prefiere ir a lo seguro antes que arriesgar con nuevas propiedades intelectuales o de profundizar y llevar más allá lo ya conocido. Se hace cargo de la ansiedad moderna frente a las pantallas para justificar su existencia, pero su contundencia ya se nota desgastada. Es muy probable que el arco de estos personajes ya estuviera cerrado hace dos películas, y aunque exprime la nostalgia con oficio, esta vez el viaje se siente forzado, aun así es una película entretenida y disfrutable, su mayor carga es que viene después de 4 películas muy buenas. A los niños les va a encantar, antes que esperar al streaming es mucho mejor ¡ir al cine!

Calificación: 6/10

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