Análisis: Wardogs para PS5

Hay juegos que tardan bastante en dejar en claro qué quieren ser, y después está WARDOGS, que prácticamente desde la primera partida te tira en medio de una guerra de cien tipos y te dice: arreglate. Desarrollado por BULKHEAD y publicado por Team17, el juego plantea enfrentamientos de hasta 100 jugadores divididos en tres equipos dentro de enormes campos de batalla, mezclando combate de infantería, vehículos, destrucción, construcción y una economía que tiene bastante más importancia de la que inicialmente parece. Todo esto todavía bajo la etiqueta de Early Access, detalle que conviene tener presente porque se nota tanto en sus virtudes como en sus problemas.

Lo primero que me gustó de WARDOGS es que intenta ocupar ese espacio que existe entre un Battlefield y los shooters militares mucho más simuladores. No necesitás estudiar un manual de 200 páginas antes de disparar un arma, pero tampoco podés correr como un enfermo por el mapa esperando bajar a cinco tipos seguidos. Acá tener información, moverte con tu escuadrón, saber cuándo avanzar y entender qué está haciendo el enemigo realmente importa.

Y cuando todo eso funciona, funciona muy bien.

Las partidas tienen esa sensación de guerra a gran escala que muchos juegos intentan conseguir pero pocos logran mantener durante demasiado tiempo. Hay momentos en los que estás avanzando tranquilamente con tres compañeros y, dos minutos después, tenés vehículos explotando, edificios destruidos, balas pasando por todos lados y medio equipo tratando desesperadamente de mantener una posición. Ese caos es probablemente una de las mayores virtudes del juego porque, curiosamente, no siempre se siente como un caos sin sentido.

La existencia de tres equipos peleando simultáneamente ayuda muchísimo. Rompe bastante con la típica estructura de dos bandos y genera situaciones interesantes, porque una batalla que parecía prácticamente ganada puede transformarse completamente cuando aparece el tercer equipo y decide aprovechar que los otros dos se estuvieron dando y no consejos durante diez minutos. La economía también aporta otra capa, permitiendo acceder a equipamiento y recursos y haciendo que algunas decisiones tengan consecuencias durante la partida.

Algo que también sorprende, considerando que todavía se encuentra en Early Access, es lo sólida que resulta su jugabilidad. El movimiento, las armas y la sensación general de combate parecen haber sido uno de los puntos en los que más atención puso el estudio desde el principio. Hay mucho por pulir alrededor, pero la base sobre la que se construye todo ya funciona realmente bien.

Visualmente tampoco pretende reinventar nada, pero cumple perfectamente con lo que necesita. Los escenarios industriales y montañosos de Europa del Este tienen personalidad, la destrucción ayuda a que el campo de batalla vaya cambiando y el sonido de las armas y explosiones aporta muchísimo a la sensación de estar metido dentro de una batalla enorme. Más de una vez terminás disparándole a algo que apenas distinguís entre humo, tierra y escombros, y justamente ahí está buena parte de su gracia.

Ahora bien, no todo es perfecto.

La progresión actualmente puede resultar bastante pesada y existe una diferencia considerable entre quienes recién empiezan y los jugadores que ya tienen acceso a mejor equipamiento. El propio estudio reconoció problemas relacionados con el balance y con un endgame que todavía necesita bastante trabajo. Y esto es importante: WARDOGS todavía se siente como un juego en construcción. Hay sistemas que funcionan muy bien, otros que claramente necesitan ajustes y ciertas decisiones probablemente cambien bastante durante los próximos meses.

Pero también ahí aparece algo que personalmente valoro bastante: existe una muy buena base.

WARDOGS no parece otro FPS intentando copiar lo que está de moda. Tiene una identidad bastante clara y entiende que no todos los jugadores tienen que ser máquinas de hacer headshots para aportar algo a una partida. Podés ayudar transportando gente, defendiendo una posición, utilizando vehículos, construyendo, consiguiendo recursos o simplemente haciendo correctamente tu parte dentro de un equipo.

Y eso, para un juego multijugador de este estilo, vale muchísimo.

Conclusión

WARDOGS es uno de esos juegos que todavía no recomendaría como una experiencia completamente terminada porque, básicamente, no lo es. El Early Access se nota, existen problemas de balance y la progresión todavía necesita bastante trabajo.

Pero sería igualmente injusto ignorar lo que ya consigue.

Cuando encontrás un buen grupo, los tres equipos empiezan a disputarse una zona y el mapa se transforma en una guerra absoluta donde todo puede cambiar en cuestión de segundos, WARDOGS ofrece algo realmente especial. Tiene personalidad, escala y sobre todo ese componente impredecible que consigue que ninguna partida termine siendo exactamente igual a la anterior.

Le falta camino. Bastante.

Pero si BULKHEAD consigue pulir lo que ya tiene sin cargarse esa identidad en el proceso, acá hay material para un FPS al que tranquilamente podría terminar dedicándole una cantidad de horas poco saludable.

Calificación 8/10

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