El público de calle Corrientes también tendrá ganas de esperar a Godot

El gran clásico del teatro del absurdo, Esperando a Godot, llega a la avenida Corrientes con una producción y actuaciones de primer nivel. Una obra que nos atrapará desde el principio, introduciéndonos en un bucle, al igual que sus personajes, hasta el punto de repetirnos: no podemos irnos, hay que esperar a Godot.
Original del dramaturgo irlandés Samuel Beckett, esta obra fue presentada por primera vez hace más de setenta años en París. Sus adaptaciones han ido variando, algunas más libres que otras, pero la directora Pimenta elige una puesta clásica, sin incorporar argentinismos ni referencias culturales locales, y nos ofrece la esencia pura de una comedia que termina convirtiéndose en tragedia.
Protagonizada por un elenco masculino conformado por Daniel Aráoz, Luis Ziembrowski, Osvaldo Santoro, Pablo Seijo, Oliverio Beccaria Hermida y Gonzalo Nahuel Aguirre, la obra nos cuenta la historia de dos vagabundos, Vladimir y Estragón, que acuden al atardecer a un lugar donde han quedado en encontrarse con un tal Godot, de quien depende su futuro inmediato. Mientras esperan con impaciencia al misterioso personaje, rellenan los silencios con palabras, juegan y reciben a otros caminantes que los sorprenden, y también a nosotros.
Esperando a Godot puede interpretarse como una espera de la muerte o incluso de Dios. El nivel de existencialismo que atraviesa a sus personajes nos hace pensar que ambos se encuentran en una especie de limbo, uno marcado por la desesperanza, pero también por la dependencia. Vladimir y Estragón no se soportan, pero tampoco pueden vivir separados. Quizá lo único que los mantiene unidos sea el temor a estar solos y la necesidad de seguir esperando a Godot.
El tedio y las repeticiones comienzan a alterar la psiquis de los personajes, pero las situaciones absurdas y cómicas hacen que la obra resulte amena. Logramos simpatizar con ellos gracias a las interpretaciones magistrales de Luis Ziembrowski y Daniel Aráoz. Ambos actores poseen una química única y una fuerte presencia escénica: son el alma y el carisma de esta puesta. Por otro lado, Osvaldo Santoro, como Pozzo, acierta con su interpretación de un hombre rico, repugnante y sin escrúpulos. Pablo Seijo, en el papel del misterioso y esclavizado Lucky, ofrece un monólogo que seguramente hará aplaudir a la audiencia en cada función.
La escenografía es impecable. Vanesa Abramovich se encarga de construir un piso de tablones que lucen frágiles a la vista, colocados como si se tratara de un muelle o un establo. Un árbol escueto cobra protagonismo, mientras que un fondo de bloques proyecta las sombras diseñadas por David Seldes gracias a su iluminación. La escenógrafa también se ocupa del vestuario de los personajes, aportando harapos y trajes refinados que refuerzan sus contrastes.
A pesar de su larga duración (120 minutos), Esperando a Godot atrapa al espectador. El tedio que sufren sus personajes no se transmite al público; por el contrario, la obra consigue entretener y mantener nuestro interés. Un clásico que no muere y una versión fiel a su esencia, con todo el presupuesto y el talento que merece.
Esperando a Godot se encuentra disponible de miércoles a sábado en el Teatro Alvear.
Escribe Sebastián Arismendi para La Butaca Web.