Crítica: El puente azul

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A principios del siglo XX, el flujo inmigratorio trajo a Antonio, desde la hermosa Italia entonces hambreada, dejando a María, su prometida, en su país. Ya en un tiempo contemporáneo al nuestro, Roni se marcha a vivir su aventura europea y en uno de sus tantos trabajos, conoce a Evangelina, una cantante italiana. Primero se hacen amigos, hasta que sin darse cuenta, un sentimiento más profundo los desborda.

El Puente Azul es una historia de distancias, de melancolía, de amores y soledad, de encuentros y alegrías, de individuos en búsqueda de un futuro soñado, arrastrados por un espíritu de aventura ó por una ilusión.
También narra la dureza de la vida del inmigrante a principios de siglo XX: jornadas de trabajo agotadoras, conventillos donde vivían hacinados, paga magra… y la distancia. Semanas, meses, para recibir una misiva de sus seres queridos. También cuenta los días azarosos, de descubrimiento y sorpresa de un argentino de este tiempo por Europa, en una suerte de viaje iniciático. Y el encuentro en Francia, de una mujer audaz como él, también inmigrante.

Con formato de epistolario (no importa si son cartas, whatsapps, mensajes de texto, facebook, etc) la historia permite un viaje temporal y acortar las distancias, cruzar el puente azul del inmensurable mar.
Antonio y María, Roni y Evangelina, tendrán encuentros, desencuentros, palabras como caricias, pensamientos como flores, se tendrán a sí mismos para ofrendarse al otro.

Pocos elementos de vestuario son suficientes para que los personajes muten: un pañuelo, una campera, un prendedor, una gorra, un chaleco… y las canciones. El Puente Azul es un bello pretexto para escuchar hermosas palabras de amor,
canciones que expresan sentimientos encontrados, un decir evocador.

Las actuaciones de Dolores Ocampo y Mariano Mazzei son simplemente
cautivantes, transportan al espectador por diferentes estados con maestría. Un violín y un piano, más una escenografía despojada sirven para mostrar un mundo con todos sus matices. La música en vivo interpretada por Nicolás Reboredo (violín) y Fernando Abinarrate (piano) es de tal impronta, que impone el ritmo del espectáculo.

La dirección de Emiliano Dionisi es precisa y sugerente. Es claro que maneja a la perfección los recursos adecuados para construir un espectáculo de calidad.

Estreno: sábado 23 de septiembre, 20:00 h.
Funciones: sábados, 20:00 h.
Función en el marco de la Bienal de Arte Joven: sábado 30 de septiembre, 20:00 h. (entrada libre y gratuita)
Lugar: Centro Cultural 25 de Mayo, Sala Redonda (Av. Triunvirato 4444)
Informes: 4524-7997. Boleterías, de lunes a viernes de 11 a 21 h.
Entradas: $200-.
Duración: 65 min.

Ficha técnica:
Texto y música: Fernando Albinarrate
Idea original: Mariano Mazzei
Intérpretes: Dolores Ocampo /Mariano Mazzei
Piano: Fernando Albinarrate
Violín: Nicolas Reboredo
Diseño de vestuario: Marisol Castañeda
Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez
Diseño Coreográfico: Alejandro Ibarra
Diseño de Iluminación: Claudio del Bianco
Asistente de iluminación: Martin Fernández Paponi
Entrenamiento vocal: Anahí Scharovsky
Producción ejecutiva: Sebastián Ezcurra
Producción general: Compañía Criolla
Fotografía: Lau Castro
Dirección musical: Fernando Albinarrate
Director asistente: Juan José Barocelli
Dirección general: Emiliano Dionisi

A. R. Belano

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