Crítica de cine: Marea humana

Mañana se estrena en los cines del país el colosal documental Marea Humana (Human Flow) del aclamado artista plástico Ai Weiwei, que nos ofrece su visión poética y sincera de los refugiados en la actualidad. Tras filmar en 22 regiones del mundo, nos invita a conocer cuáles son las ciudades que se convirtieron en blanco de misiles, cómo sucede el desplazamiento masivo de quienes buscan amparo de la guerra y cuáles son las fronteras que permanecen cerradas para ellos. ¿Podemos llegar a imaginar cómo es quedar varado tras el alambre de púas, armar campamento y esperar durante meses la ayuda de los organismos internacionales, sin la certeza de si se presentará?

Oriente, esa parte del planeta que hoy en día más nos duele, es a la que el cineasta nos desea aproximar para que conozcamos a su gente. A pesar de la cruda realidad a la que las familias inmigrantes se somenten y a las zonas inhóspitas que la película pretende dar a conocer, carece de golpes bajos. En cambio, nos deslumbra con la belleza indescriptible de los paisajes y la identificación que podemos experimentar con esos hombres y sus preocupaciones, aún en medio de la profunda crisis del humanismo en la que estamos inmersos.

En las montañas de la región turca, un anciano y su esposa hablan a cámara sentados entre los yuyos. Él no puede meter bocadillo, lo intenta pero ella no lo deja; su verborragia se lo impide. Expresa con velocidad y hondo dolor lo que pasó en la ciudad y cómo la guerra afectó a toda la sociedad. Explica que hay quienes, como ellos, se quedan a vivir entre los escombros. Otros embarcan al mar, sin la certeza de si será su medio de escape o su tumba, provocando el oleaje humano que desemboca en las hostiles costas vecinas.

Mientras tanto, en tierra firme, los diferentes tipos de campamentos y asentamientos de refugiados se expanden y varían en volumen, antigüedad y cimientos. También, nos asombra conocer aquellas zonas que se encuentran bloqueadas e impiden una necesaria inmigración, como Gaza, hogar de un grupo de mujeres jóvenes y agradables que hablan acerca de cuáles son sus sueños y explican cómo viven en esa prisión, como llaman a su país.

Desde noviembre hasta finales de febrero de 2017, Weiwei exhibirá en Fundación Proa (de Buenos Aires, barrio de La Boca) algunas de sus célebres obras, entre ellas, una adaptación local de Semillas de girasol. Se trata de cien millones de semillas de girasoles, cada una de ellas realizadas en porcelana y pintadas a mano por miles de artesanos. Aparentemente idénticas, pero únicas cada una, las semillas funcionan como una alusión al consumo masivo y a la producción industrial que caracteriza China, su país. La misma lógica mercantilista parece ser blanco de sus críticas en la película, que descarta a los seres humanos por su condición de refugiados y, por lo tanto, improductivos. En este punto, el documental explicita muy bien cómo el humanismo está en crisis en la actualidad y deja en evidencia las consecuencias que supone que los gobiernos sean inmunes al dolor de sus vecinos.

Marea Humana tiene una duración de 140 minutos y participará de la sección Panorama del 32° Festival del Mar del Plata 2017 (17 al 26 de noviembre). Debido a su extensión y a algunas fallas en el montaje que hacen que sea ardua de sostener hasta el final.

Vale la pena ir a verla al cine con un anotador y una lapicera en mano para tomar registro de los datos y los fragmentos literarios que el documental proporciona.

Calificación 8/10

Lara Salinas

DATOS PELÍCULA

Título original: Human Flow
Dirección: Ai Weiwei
Origen: Alemania . USA
Idioma: inglés – subtitulado castellano
Duración: 140 min
Guión: Boris Cheshirkov, Tim Finch, Chin-Chin Yap
Fotografía: Zanbo Zhang, Xie Zhenwei
Montaje: Nils Pagh Andersen
Productora: 24 Media Production Company/
AC Films / Ai Weiwei Studio
Fecha de estreno: 23/11/2017
Distribuidora: LAT-E
2017: Festival de Venecia: Sección oficial largometrajes a concurso

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