Reseña: En lo alto para siempre

Reseña de Agustín Arosa

Cuando uno está cómodamente sentado en su asiento, aún en el más marginal, tiene una vista privilegiada. Digamos que no sólo estamos en un teatro, sino que estamos además convencidos de que aquello que se nos rebele buscará nuestra mirada.

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La creación de esta obra parte de recortes, fragmentos de ficciones y documentos testimoniales que se desprenden –y se despegan– del universo del escritor David Foster Wallace. Como Andrés Caicedo, como Sylvia Plath, como Salvador Benesdra, Foster Wallace forma parte de la cofradía de los escritores suicidas. En vida, se preguntaba cómo hacer para no dejarse hipnotizar por el monólogo constante que sonaba adentro de su cabeza. ¿Cómo hacer para ahuyentar a los fantasmas? En la obra de Camila Fabbri y Eugenia Pérez Tomas, Virginia pasa los días en el techo de su casa. No quiere bajar. Su hijo, Pablo, se tiró desde ahí hace un tiempo. Virginia piensa: ¿Qué hay antes del salto? Lidia, su hija menor, y un hombre que llega a la casa para hacer arreglos, suben a buscarla. Una vez arriba, el vacío les revela, a todos, una extraña necesidad de arrojo. En lo alto para siempre es un ensayo, frágil y luminoso, sobre la tensión entre el cuerpo y el pensamiento. También es una obra sobre la orfandad. Y sobre el sosiego que puede dar la compañía, como cuando Emilio y Virginia, subidos al techo, hablan, comen y piensan en saltar, mientras abajo la casa se inunda.

No quisiera referirme únicamente al placer que genera tan bella sala como la Orestes Caviglia, en el Cervantes, transformada en un escenario mínimo, en casa chica donde todo está al alcance para que nada escape, placer de degustar cada detalle en lo banal de un amoblado. Al principio la ternura de lo chico no deja ver que lo tapó el agua, y descubrirlo lo pone a uno incómodo.

Tampoco quisiera referirme a la intensa labor actoral que se presenta, esa que llena de gusto por su apertura sensible y compromiso; la que muestra un registro compartido y envolvente por sus destacados actores. Sentir que los personajes son personas es el golpe emocional de En lo alto para siempre, pero se siente caricia. Es emocionante ver a Onetto involucrarse, ofrecerse y agotarse en su sensibilidad.

En fin, no quisiera referirme a esos momentos gratos. Lo que quiero decir es que mi mirada chiquita me molesta, porque parece que arriba se ve un mar.

En lo alto para siempre se presentará de jueves a domingo a las 21 h, desde el 10 de mayo hasta el 1 de julio.
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