Reseña: Entre lo que ya no está y lo que todavía no está

El jueves 8 de noviembre a las 20:30, en la Sala Alberdi del Centro Cultural San Martin, en el marco de XI Jornadas de Investigación en Danza 2018: Arquitectura del tiempo, pasó Juan Domínguez con un espectáculo, con un profundo alcance, ya desde  su título: “Entre lo que ya no está y lo que todavía no está”.   La propuesta de este profesional del arte de la danza fue  una clase magistral de teatro, demostrando a estudiantes, público en general, críticos teatrales, directores,  todos los caminos posibles que existen en el ámbito del teatro no clásico y deja abierta la puerta para preguntarnos de todo lo que nos estaremos perdiendo.

Juan Antonio Domínguez Rojo  es  su nombre completo y su seudónimo artístico Juan Domínguez, oriundo de Valladolid (España), está formado en danza clásica, contemporánea, en España y Estados Unidos. Es un artista itinerante, de una amplia formación, además de las inquietudes que siempre haya tenido sobre este tipo de propuestas, parte son las opciones a las que se ven obligados en caer los profesionales de la danza, por tener una  vida útil menor comparada con otras ramas artísticas. Las opciones de un bailarín, a cierta edad,  son cerrar la puerta  y retirarse o como el caso de Julio Boca, continuar pero del otro lado de la vidriera, como directores, profesores de un equipo de baile, pero no siempre tienen la oportunidad  ni las ganas de tomar el rol de líder de un grupo y la tercera opción,  incursión transsitada por Juan, la de explorar en el arte, sabiendo que el eje es el movimiento, y dentro del movimiento darle un espacio a la palabra, a las sensaciones y sentimientos dentro del teatro.

Es una pena, que haya habido una única función.  Han pasado 14 años desde que Domínguez no exploraba  el camino de los  unipersonales. En aquel entonces, la coreografía de su trabajo se proponía con un texto en tarjetas que el público leía. Y ahora, quiso  hablar de sí mismo generando un autorretrato de vida, donde en todo momento aflora esa cosa que da título a la obra, “lo que ya no está” “y lo que todavía no está”.  

La representación  fue sin escenografía, no era necesaria. Él sentado en una silla con su notebook, sus lentes y esa barba que deja ver una mirada con un brillo en los ojos muy especial. Jugó con los silencios, contó en un monologo sobre algunos detalles de su vida, acentuó como corresponde la “z” de Dominguez y hasta ahí, podríamos decir que es una obra de teatro, con un monologuista en el escenario. Juan las diferencias que marcó es porque ese monologo interpelaba al público, con preguntas simples, a las cuales los dejo pensando. Cuando decimos preguntas simples, no voy spoilear, pero por ejemplo, invitó al público a que se tome un momento para pensar el registro que tengan sobre el primer recuerdo. ¿Cuál es el primer recuerdo del cual somos conscientes? Cerca del final,  hubo una participación activa de la platea que subió al escenario, momento en el que se logró  amalgamar  la cuarta pared. Por eso recalcó la importancia de la propuesta, por el cambio de paradigma.

 Al finalizar la obra agradeció la realización de su obra a Einstein, Freddy Mercury, al grupo Queen, a Paul Mac Cartney, a sus sobrinas sobre las cuales contó anécdotas, a su madre, a su padre, amigos y muchos más, quienes colaboraron, como él dice, en estar en ese escenario, para tan magistralmente manejar silencios  y diferenciarlos de los otros silencios, los que gritan.


Reseña Diana Decunto  –

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