Crítica: La Lechuga

Por Leandro Bres

“La lechuga” es una obra escrita en Venezuela por César Sierra, y en este caso, adaptada por Juan Paya. Es una comedia negra, cuyo argumento gira en torno a los 3 hermanos Martinez, Virginia, Victor y Vinicio. Su padre está hace 9 años en estado vegetativo, viviendo en la casa de Virginia (Sabrina Carballo) y su marido (Juan Paya). Estos, cansados de ser los responsables del cuidado del hombre anuncian, en la reunión del cumpleaños del padre, que a partir de ese día, no seguirán alojándolo en su casa. Por lo tanto, alguno de los dos hermanos de virginia deberá responsabilizarse por él. Víctor (Santiago Mallarino), espera el quinto hijo junto a su esposa Dora (Julieta Granja, quién interpreta en este caso a una mujer presentada como una ignorante y bruta del conurbano bonaerense). El otro hermano, Vinicio, es un homosexual afeminado e histérico que manifiesta apenas poder hacerse cargo de sí mismo, además de insinuar que el cuidado de su padre interrumpiría su agitada vida sexual.

Entonces ya nadie quiere hacerse cargo del padre en estado vegetativo, y los conflictos y las diferencias entre hermanos se acentúan hasta explotar en escena.

En la puesta en escena en el teatro multiescena, a través de personajes estereotipados, se abordan temas como lo normal y lo “anormal”, lo que está “bien” y lo que está “mal”, y se manifiesta en los vínculos la intolerancia y la burla al diferente.

La lechuga es una comedia con un humor ácido, carácterístico de la obras de Juan Paya (“La madre que los parió” y “Salvajes”) donde no se termina de comprender si se rien con, o de la otra persona que es diferente.

Las actuaciones son dispares: algunos personajes están construidos en un código realista (los dueños de casa, quienes tienen una buena posición económica y cargos políticos). Mientras que otros, resultan una caricatura, una sátira de ciertos estereotipos (el homosexual afeminado e histérico, la mujer embarazada por quinta vez con errores para hablar que vive en el conurbano)

Nicolás Maiqués (Vinicio) se destaca desde que entra a escena hasta que termina la obra. Es innegable su capacidad actoral y su habilidad para la comedia. Con su desparpajo y creatividad sorprende tanto a espectadores como a sus propios compañeros, por momentos, copando la escena.

Sabrina Carballo se destaca es su momento trágico, luego de descubrir la verdadera cara de sus hermanos y su actuación se torna conmovedora.

La adaptación de Juan Paya busca contextualizar la obra en la idiosincrasia argentina, y deja (a mí modo se ver) en un segundo plano lo argumental, para destacar en chistes y pasos de comedia situaciones vinculadas a la crisis económica, el aumento de impuestos y servicios, y la diferencia de clases sociales. También lo hacen con cuestiones relacionadas a la violencia de género, la campaña contra la despenalización del aborto, el #niunamenos y el feminismo.

Pueden ver la lechuga, en el teatro multiescena (Av. Corrientes 1764) Viernes, Sábados y Domingos 22hs.

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