Crítica: El escándalo

Los grandes cambios a nivel social son los que definen a una época.

La gran cantidad de voces que dejaron de ser silenciadas a partir de 2015 fue sólo el inicio de algo mucho más grande. Claro que los casos siguen existiendo. Algunos pendientes de juicio, otros desconocidos. Afortunadamente, el movimiento no parece dar indicios de flaquear y este primer cambio puede llegar a anular el accionar acosador surgido del más arraigado pensamiento machista. Queda mucho por recorrer aún, pero en tanto el tema permanezca en la memoria activa, hay grandes posibilidades de que la situación se enderece de modo tal que la historia no se siga repitiendo.

Acompañando el cambio, aunque no sin buscar beneficios en base a la popularidad del movimiento, surgen año a año más y más producciones que buscan reivindicar el rol de la mujer en nuestra sociedad. Películas como “Three Billboards Outside Ebbing, Missouri”, “Hidden Figures”, “Carol” o “Roma” (sólo por nombrar algunas de las más recientes) ponen en evidencia, después de mucho tiempo, la gravedad de la situación. El escándalo en Fox News en 2016, otro momento clave en el impulso del movimiento en Estados Unidos, ocupa un nuevo puesto a esa lista de películas.

Donald Trump gana cada vez más notoriedad durante las elecciones. La presentadora televisiva Megyn Kelly hace lo posible por echar luz sobre ciertas declaraciones del candidato a la presidencia. A la par, Gretchen Carlson, otra periodista de la cadena, enfrenta oposición a algunos de sus comentarios, y se prepara para lo peor. Y recién iniciada en el canal está Kayla Pospisil, una joven ambiciosa que quiere llegar lejos en su profesión. En un medio dominado casi en su totalidad por la figura masculina, las historias de estas tres y más mujeres encuentran horrorosos puntos en común.

El guión de Charles Randolph toma de referencia en una primera instancia el estilo confrontativo característico de Adam McKay en producciones como “The Big Short” o la más reciente “Vice”. Hay gran interés por escenificar el clima político de 2016, pero tal empeño ralentiza el eje principal del film. Pasa una cantidad de tiempo algo excesiva hasta que el verdadero conflicto aflora. Randolph no es un mal guionista, y ciertamente hay suficiente atractivo en el desarrollo de algunas escenas, pero uno no puede evitar preguntarse cómo hubiera resultado la película con una mujer detrás de ciertos puntos de inflexión en la historia.

Como en toda trasposición de hechos reales a producciones audiovisuales, se toman licencias con finalidades artísticas, convergen varios personajes en uno y se vislumbran ciertas inexactitudes temporales. Son detalles menores teniendo en cuenta la agudeza con la que se representan situaciones quue fueron verdaderas. No todo puede llegar al corte final, y sin duda alguna el asco que uno pueda sentir en la visualización es algo menor a comparación de todo lo que aquellas mujeres vivieron. No es un documental, pero es un esfuerzo aceptable.

La mayor fortaleza del film está en su elenco.

Charlize Theron queda irreconocible bajo el soberbio maquillaje con el que se la caracterizó para dar vida a Megyn Kelly. Impulsiva, decidida y aun así dejando entrever un halo de vulnerabilidad, la Kelly de Theron es uno de los aspectos más logrados. Nicole Kidman queda algo relegada en su papel de Gretchen Carlson una vez pasado el longevo primer acto, pero se lleva su mérito por la energía con la que dotó a Carlson. Completando el trío está la ficticia Kayla de Margot Robbie, un rol clave para el climax del film, y en el que Robbie brilla transmitiendo ese miedo que muchos, con suerte, jamás tendremos que conocer. Equilibra la balanza un soberbio John Litgow en la piel del infame Roger Ailes. Sacando jugadas de su interpretación de Churchill en “The Crown”, Litgow emana respeto y terror en partes iguales.

Con un muy reconocido trío protagonista, destacan los secundarios de Kate McKinnon como Jess Carr, alejada de la comedia fácil y muy capaz de papeles más importantes, y una Jennifer Morrison inolvidable como la presentadora Juliet Huddy.

Excelentes trabajos en maquillaje y vestuario, interpretaciones feroces, una dirección de fotografía muy representativa y una singular banda sonora se ensañan bajo la dirección de Jay Roach. Su trabajo no escapa a cierrto enfoque manual, en lo particular en la materia de montaje, pero en vista del gran trabajo con su equipo de actores, son aspectos que se pueden pasar por alto.

“Bombshell” no será la más perfecta de las películas sobre reivindicación femenina, pero sus intenciones están en el camino correcto. Sorprenderá a más de uno.

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