Reseña: La Madonnita

Reseña “La Madonnita” 

Por Sofía Luna Roberts

Se estrena una nueva y delicada versión de “La Madonnita” – pieza escrita por Mauricio Kartun- pero esta vez bajo la atenta mirada de la directora Malena Miramontes Boim. La obra volvió al ruedo después de su primer estreno hace veinte años atrás y estará en escena los domingos a las 19:30 hs en la sala Ítaca Teatro (Humahuaca 4027), del barrio porteño de Almagro.



“La Madonnita” explora la complejidad de la psicología humana y sus vínculos. Con diálogos detallistas, los personajes interpretan una historia de amor que pone en primer plano la fricción entre el deseo, el sexo y la poesía. La obra nos traslada a un altillo caluroso del Parque Lezama a principios del siglo XX, en donde un fotógrafo de galería (Rubén Parisi) tiene como trabajo principal sacar postales pornográficas de su mujer (Natalia Pascale), con el objetivo de comercializarlas dentro de la clase trabajadora inmigrante (Darío Serantes). 

Arriba del escenario nos encontramos con un estudio de fotografía que también es hogar y comedor del fotógrafo y su mujer/sirvienta. La escenografía nos sumerge de una manera directa a ese estudio claustrofóbico, lleno de vestuarios, alfombras, luces que impregnan en los rostros de los artistas y la infaltable cámara que capta cada postal en donde La Mandonnita es sometida para el deseo del otro. Los hombres se desplazan por todo el espacio hablando de sexo con sobreentendidos y gestos alusivos. Se desarrollan juegos coloquiales hechos de palabras en desuso y con una trabajada prosa rítmica.

Las actuaciones de los tres protagonistas son excelentes, la directora logra que Parisi y Serantes manejen sus personajes con astucia, casi inhumanos, con movimientos burlescos casi como muñecos de feria, con una entonación porteña a la antigua que remite a las películas viejas. Natalia Pascale es quien menos se presenta en escena, sin embargo es de la que todos hablan: La Mandonnita. Un dato interesante y que agrega mucha creatividad a la pieza es que su personaje es muda, por ende, su trabajo corporal es fundamental ya que define su personaje con cierta deformidad con una enorme destreza. En su mirada se puede reflejar el gran poder que tiene pero, al mismo tiempo, la profunda tristeza al ser usada como objeto de deseo.

Malena Miramontes Boim nos invita a sumergirnos en este estudio fotográfico mostrándonos el lado negativo del amor a partir de la desnudez y la ambivalencia de este sentimiento, que suele corromperse cuando la posesión y la cosificación hacia el ser amado entra en escena. Nos induce otra perspectiva en donde el público oscila entre la risa y la conmoción dentro de un universo poético convocante. 

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