Reseña: La última Bonaparte



Por Sofía Luna Roberts

El teatro independiente nos sorprende nuevamente con propuestas que nos permiten una libre reflexión y una innovadora mirada sobre el teatro mismo. Con escritura original de Walter Ghedin, con dramaturgia y dirección de Dennis Smith, “La última Bonaparte” se hace su lugar en la sala para invitarnos a visualizar las vidas de dos mujeres tan opuestas pero tan similares al mismo tiempo. Con actuaciones de Silvia Pérez y Mauro Álvarez y con música en vivo por parte de Agustín Buquete, esta obra se presenta todos los sábados a las 20:30 hs en “El Camarín de las musas” (Mario Bravo 960).



“La última Bonaparte” es una pieza teatral en la que se mezclan las vidas de Silvia Pérez, reconocida sex symbol y actriz, con la de Marie Bonaparte, la última descendiente de Napoleón, princesa de Grecia y Dinamarca, escritora y obsesiva investigadora de su propia anorgasmia (imposibilidad de tener orgasmos). También nos encontramos con Mauro Álvarez interpretando al director de este documental que interviene, corta, saca y agrega diálogos para que Silvia se presente como actriz y como persona. Una de las interrogantes principales, que será el motor que le dará vida a esta obra, es el por qué de este deseo de Silvia Pérez de interpretar a Marie Bonaparte. Guiará el encuentro entre director y actriz permitiendo una búsqueda profunda sobre los inicios de la actriz, su infancia, sus represiones y sus deseos siempre en contraposición con la vida frígida de Marie Bonaparte.

La puesta en escena da lugar a un estudio de grabación: dos escritorios enfrentados, uno el de Silvia Pérez que brinda la voz y el cuerpo para el documental y, en el otro, el director del audiovisual quien lleva adelante las grabaciones. En el medio, nos topamos con una pantalla donde no sólo vemos, duplicado, lo que se graba ante nuestros ojos sino otros fragmentos del documental, imágenes y diálogos que requieren el doblaje de Silvia, con la voz afrancesada de Marie. La música en vivo es un acompañante excelente a la hora de ayudar a construir el sentido cómico o dramático del texto. Los momentos musicales alertan al público sobre el discurso de los personajes y nos conmueven ante la combinación de sonido y relato que puede llegar a tener múltiples niveles de reflexividad textual.

Asimismo, el espacio es intervenido por una cámara de filmación con el único objetivo de retratar el rostro en un primerísimo plano de Silvia. Es por esto que, cuando las luces se prenden, nos hallamos con una Silvia Pérez ya dividida. Por un lado está ella, en carne propia, sentada frente a Mauro, su director. Pero también está la Silvia – espejo, la que desde una pantalla se mueve idéntica a la Silvia – persona, aunque no sea la misma. Es una obra que se establece a partir de la multiplicidad, la pantalla será cómplice de muchas Silvias, pero también de muchas Maries. Tanto la mirada de la cámara como la mirada del público tienen la misión de registrar cada faceta, cada gestualidad que ella va adquiriendo a lo largo de la obra.

Dennis Smith nos invita a presenciar una apuesta que mezcla drama y absurdo, en donde el cuerpo, el deseo, el dolor y el placer son los ejes que estructuran esta indagación íntima y poderosa. Se abrirá una puerta que enlazará las vidas de estas dos mujeres que por momentos parecen ser una sola. Mauro Álvarez y el música Agustín Buquete acompañan a Pérez en esta experiencia, un docudrama que apela al lenguaje escénico, pero también a la poética de la imagen cinematográfica.

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