Tuvimos el placer de asistir a la nueva experiencia de YSY A, uno de los grandes referentes del trap, en el C Art Media. Bajo el nombre “A la gorra”, este ciclo funciona como un homenaje a los inicios de su carrera, cuando cantaba a la gorra en las plazas.

El sistema de entradas fue una de las grandes apuestas: los espectadores elegían cuánto deseaban pagar a través de distintas opciones con beneficios específicos. Por ejemplo, las categorías más económicas daban la posibilidad de votar cinco canciones para el repertorio, mientras que los valores superiores permitían sumar más votos y acceder a sorteos especiales. Más allá de la contribución elegida, la experiencia en el predio fue democrática e igualitaria para todos, ya que la ubicación era única.
Este formato interactivo resultó sumamente interesante. A través de sus redes sociales, el artista anunciaba los lapsos en los que se habilitaban las votaciones, logrando que cada función sea única, dinámica y con una cercanía inigualable con el público, que terminó moldeando el setlist en tiempo real.
En cuanto al espacio, el C Art Media se sintió íntimo y reducido en comparación con los grandes venues a los que el artista nos tiene acostumbrados —como sus recientes pasos por Huracán o Mandarine Park—. Sin embargo, lejos de ser un punto en contra, esto potenció un espíritu de fiesta de discoteca: YSY A pasó la mayor parte del show en el centro del predio, sobre una pasarela que se desprendía del escenario principal, alimentando un pogo furioso y constante bien cerca de la gente.
Respecto a las canciones, fiel al sistema de votación, sonaron himnos como “Pastel con nutella”, “Vamo a darle”, “Casi un G” y “Trap de verdad”, entre otros. El resultado fue una verdadera celebración con una variedad rítmica notable, transitando desde esos temas con un toque más romántico que reflejan la esencia del cantante hasta los beats más pesados que hicieron saltar a todo el lugar.
Con varias fechas completamente agotadas, “A la gorra” se consolida como una propuesta sumamente exitosa que demuestra que no tiene nada que envidiarle a los recitales en estadios masivos, porque la energía, la comunión y la fiesta están más presentes que nunca.