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A veces parece que siempre estamos en el mismo lugar y depende de vos encontrar la salida
La historia:
Un hombre viaja en el subte de Tokio absorto en sus pensamientos cuando se encuentra con un pasillo que parece ya haber pasado, vuelve sobre sus pasos y vuelve al mismo lugar, como si estuviese atrapado en un loopinfinito.
Empieza a mirar alrededor y a preguntarle al hombre que pasa pero nada. Lo único que parece ser una pista es un cartel con cuatro confusas instrucciones para salir de allí que deberá seguir al pie de la letra. ¿Podrá es te hombre escapar de este supuesto juego macabro, o quedará atrapado allí para siempre? Habrá que verla para enterarse, debajo analizamos lo demás.
¿Qué me gustó?
Es un terror o thriller distinto al que estamos acostumbrados, más pasivo pero con la tensión que se va incrementando.
Es interesante ver como se relaciona el mundo «real» con el del «juego» y como uno impacta en el otro
¿Qué no me gustó?
Le falta algo que de sentido de urgencia por salir, en un principio parece ser el asma pero eso pierde peso más adelante.
Se hace algo larga en un momento, especialmente cuando va cambiando el punto de vista. Quizás le vendría bien recortar algunas partes.
¿A quién recomiendo esta peli?
Es una mezcla de “Moebius” (1996) con “El juego del miedo” (2004) pero sin tanta sangre. Si te gusta el terror psicológico y algo volado, esta peli es para vos
Dato:
Está basado en un videojuego del mismo nombre, pero no hace falta conocerlo para ver la peli
La edición 2026 de Gamescom Latam consolidó su posición como el epicentro del gaming en la región. Con una organización que superó en escala y distribución a eventos previos como la BGS, el centro de convenciones se dividió en cuadrantes temáticos que permitieron a los asistentes sumergirse en diferentes atmósferas, desde el terror más puro hasta la innovación indie.
Los cuatro cuadrantes de la experiencia
El evento se estructuró de manera estratégica para segmentar la oferta:
Shadow Zone: El rincón predilecto para los amantes del horror, donde destacaron títulos como Spooky Express, The Rot Dead y el inquietante Tenebris, que llamó la atención por su agresiva (y creativa) campaña publicitaria presente incluso en los sanitarios del predio.
Hero Zone: Espacio dedicado a los grandes anuncios y títulos de acción, protagonizado por Marvel Rivals y la imponente presencia de Invincible: Guarding the Globe, con stands que incluyeron torneos y activaciones interactivas.
Neo Zone / BIG Festival: El corazón del desarrollo regional. Aquí se mantuvo el espíritu del BIG Festival, mostrando el músculo de los estudios independientes de Brasil, Argentina y el resto de Latinoamérica.
Business to Business (B2B): Una zona dedicada al networking profesional con presencia de delegaciones internacionales de Canadá, Italia y Chile.
Protagonistas del «Indie Avenue»
La diversidad de propuestas fue el punto fuerte. Entre los títulos más destacados se encontraron:
• Phantom Blade Zero: Uno de los más elogiados por la prensa especializada. Su demo técnica dejó impresiones muy positivas gracias a su fluidez y combate visceral.
• Osogo (Tiny Tank Studio): Una propuesta conmovedora sobre una «princesa vampira autista mágica», centrada en la empatía y la narrativa.
• Keepers of Irelia: Representación argentina en el evento, demostrando la calidad del desarrollo nacional.
• Croke: Un plataformero que destacó por su pulida animación y estilo artístico.
El despliegue de los gigantes
Las grandes marcas no se quedaron atrás, ofreciendo experiencias exclusivas:
• Nintendo: Con un stand masivo donde se celebraron activaciones de Mario Kart y se mostraron títulos latinoamericanos que ya forman parte del catálogo de Switch.
• Xbox y Sega: A través de la plataforma Nuuvem, presentaron novedades de Shinobi: Art of Vengeance y Sonic Racing .
• Warner Bros. Games: Permitió a los asistentes probar una build exclusiva de Lego Batman: Legacy, explorando un mundo abierto con mecánicas clásicas de la franquicia.
• NVIDIA: Mostró el potencial del Ray Tracing y RTX en títulos como Resident Evil y Pragmata, además de una nostálgica sección retro comparando el Doom original con hardware moderno.
Conclusión: Un evento de networking y futuro
Más allá de los lanzamientos, la Gamescom Latam 2026 se perfiló como una plataforma vital para el networking. Si bien las exclusivas mundiales fueron medidas, el valor real residió en la posibilidad de conectar con desarrolladores locales y experimentar de primera mano el crecimiento tecnológico de la región, evidenciado en las impresionantes PC personalizadas y las nuevas herramientas de hardware presentadas por marcas como Logitech.
En palabras de los locales, el evento no es solo una feria de consumo, sino la prueba de que el desarrollo en América Latina ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad competitiva a nivel global
Volvemos a las reseñas del cine nacional, y en especial, uno que es bastante querido en este medio, y que de a poco nos empieza a llegar con más frecuencia, y es el terror y/o ciencia ficción. Hoy nos centramos más en la primera rama, con La frecuencia Kirlian, y que se va a poder ver en las salas a partir de este jueves.
Dirigida y escrita por Cristian Ponce, nos vamos hasta la ficticia localidad de Kirlian, en alguna zona rural de Buenos Aires. Justo la noche donde un cometa va a pasar por los cielos porteños, un programa de radio local, La frecuencia Kirlian, va a presentar diferentes invitados para que compartan historias extrañas que se dan en las calles del pueblo.
Antes de continuar, vale aclarar que ya existe una serie con el mismo nombre, que fue emitida en el 2017. Pero como aclaró su creador, no es necesario haberla visto para entender la película, algo que se agradece, debido a la poca difusión que tienen estos proyectos, y que, por ende, seguramente muchos desconocían de La frecuencia Kirlian en su formato episódico.
Pero ahora sí, centrándonos en la película. La verdad es que es bastante entretenida. Primero porque al ser diferentes relatos, cada historia dura lo justo y necesario para no aburrir, pero al mismo tiempo, para contar algo. Y si bien algunas recuerdan a otros relatos, tampoco es que se sientan como un plagio. Aparte que el hecho de saltar de animación a live action, ayuda bastante.
También otro factor que la hace muy digerible y que se pase volando, es que dura muy poco. Apenas una hora y media promedio entre créditos iniciales (que si son vitales para la trama) y finales, que recomiendo ver, en especial, como señal de respeto para todos los involucrados en este proyecto.
Pero toca hablar un poco de lo malo. Primero lo ya mencionado, que, si alguien se pone medio espeso, las historias se sienten inspiradas en relatos conocidos. Aparte que muchas veces, la animación si bien es funcional con el tomo que se maneja, peca demasiado de simplista. Nos hubiera gustado ver un poco más detalles.
La frecuencia Kirlian es una película recomendable, tanto para si son fans del cine de género, como para aquellos que aún no saben que se hace dicho cine en nuestro país. Seguramente más de uno se va a sorprender.
¿Qué estaríamos dispuestos a hacer para hablar con nuestros muertos? Una niña atraviesa el duelo por la pérdida de su padre y se embarca en una aventura donde puede sanar tanto a los vivos como a los muertos de su pueblo. Infancia, duelo, memoria y reconstrucción son verdades que resuenan en esta película que encuadra la majestuosa inmensidad patagónica.
Juan Cabral, reconocido mundialmente en el ámbito de la publicidad y el videoclip, consolida su visión como autor cinematográfico en su segundo largometraje. Luego de su ópera prima Two/One (2020), hace su debut en en el cine nacional con Risa y la cabina del viento, aportando ideas frescas, un guion emotivo y una pulcra destreza estética. Un relato definido por él mismo y por Julieta Cazzuchelli (Cazzu) como un «animé patagónico». Cabral asume el riesgo de explorar el género fantástico desde una perspectiva infantil y sale muy bien parado con este nuevo coming of age argentino que llega a las salas tras recibir los premios a Mejor Película y Mejor Dirección en el 40° Festival de Mar del Plata.
La trama nos traslada a Ushuaia, el fin del mundo. En la provincia patagónica de Tierra del Fuego, Risa (una magnética Elena Romero en su primer protagónico), una niña de 10 años, lidia con la muerte de su padre, al que nunca conoció debido a un trágico incendio que dejó en ruinas la ciudad y a la comunidad de luto. Caminando hacia la escuela junto a su madre, Sara (Cazzu), descubre una cabina telefónica abandonada. Aunque el teléfono público no funciona, los vecinos del pueblo hacen fila para usarlo, ya sea como descargo de la tragedia o como un portal para comunicarse con las víctimas de la catástrofe. Sara le prohíbe acercarse y le pide no obsesionarse con su difunto padre, pero la niña no puede evitarlo y, tras oír el insistente ring de la cabina, atiende el teléfono. Las almas en pena le piden favores y ella se dispone a resolver los asuntos pendientes de cada uno de los muertos a cambio de su mayor anhelo: hablar con su papá.
Elena Romero lleva adelante la película con mucha altura en cada escena, pero no lo hace sola: Cabral rodea a la protagonista con un elenco coral de peso, integrado por Diego Peretti, Joaquín Furriel, el debut de Cazzu, Gustavo Garzón, Silvina Sabater, Fabián Casas y el joven Manuel Da Silva. Incluso brilla Kuro, un ratoncito adorable que funciona como alivio cómico, aunque tal vez acapare más planos de los necesarios.
En cuanto a la realización, el film es impecable en cada área, destacando principalmente por una dirección de fotografía y sonido de excelencia, sumado a que Babasónicos musicaliza con varias canciones en diversas versiones. El reparto se luce, en especial Diego Peretti dando en la tecla al interpretar a un vecino deprimido y alcohólico al que le encargan ser el niñero de Risa. Al generar un vínculo con la niña, se convierte en partes iguales en su acompañante, maestro y alumno. Todo fluye, salvo el montaje que por momentos se siente acelerado, con cortes que apresuran los planos y se evidencian estar ahí para avanzar rápido hacia las secuencias mejor consolidadas.
Divertida, muy emocionante y catártica. Una obra que llega a fibras íntimas, a esos dolores que no se quieren charlar. Un relato transversal para todo tipo de espectadores, desde niños hasta adultos mayores. Risa celebra el milagro de las conexiones humanas y el arte. Ayudar a sanar y sanar en el camino. Risa y la cabina del viento es cine argentino que se atreve a soñar en grande, haciéndose cargo de la emoción y la experiencia del espectador. Indudablemente, es una historia para ir a ver en una sala, a oscuras, con desconocidos, y dejarse llevar. ¡Al cine!
Calificación: 8/10 Por Julián Lloves para La Butaca Web.
Yo sabía que los celulares iban a acabar con la humanidad
La historia: El personaje de Sam Rockwell, que no tiene nombre en la película, aparece una noche en un restaurante con aspecto de indigente diciendo que viene del futuro y que todos estamos condenados a menos que un grupo de gente allí lo ayude con una misión suicida. Por supuesto que la gente lo ignora y vuelve a sus teléfonos por lo que amenaza con volarlos a todos con una bomba que tiene adherida a su ropa, según él futurista. Nadie quiere acompañarlo en principio pero ante la amenaza aparecen los voluntarios que extrañamente parecen saber más del asunto que lo que uno podría suponer. ¿Será verdad lo que cuenta este extraño hombre o sólo producto de su imaginación? ¿Podrá este ecléctico grupo lograr salvar al mundo? Habrá que verla para enterarse, si vale la pena lo vemos debajo.
¿Qué me gustó? La historia es bastante original, a pesar de tomar cosas de varias películas de ciencia ficción. También me parece acertado ir conociendo la historia previa de los personajes a medida que se va desarrollando la historia principal. El elenco en general está muy bien, especialmente el Sam Rockwell y Haley Lu Richardson que se roban la película. Como poco a poco se va insertando la ciencia ficción en la vida cotidiana es muy acertado también. El humor en ciertas partes de la peli es muy efectivo
¿Qué no me gustó? La crítica social a las redes y a la inteligencia artificial muy propia de la época está bien, pero la mirada de la peli no termina de ser lo suficientemente original como para diferenciarse de otras miradas y opiniones que ya venimos viendo hace rato. A veces cuando en las películas se arma un grupo con una tarea a cumplir y tenés actores conocidos y otros desconocidos algunas partes se hacen algo previsibles
¿A quién recomiendo esta peli? A los amantes de la ciencia ficción y el humor negro. Podríamos decir que es una suerte de mezcla entre El día de la marmota (1993), Terminator (1984) que ya advertía del peligro de la inteligencia artificial hace más de 40 años y They live (1988). Si te gustó alguna de esas, está la vas a disfrutar, lo que no quiere decir que estén al mismo nivel.
Dato: No hay escenas post créditos.
Calificación: 8/10 Duración: 134 minutos Estrena el 9 de abril en cines
En el Teatro Metropolitan se presentó Consagrada, el fracaso del éxito, un biodrama protagonizado por Gabi Parigi que toma como punto de partida su historia como ex gimnasta de la Selección Nacional. A través de una puesta que combina teatro, danza, acrobacia y un intenso trabajo corporal, la obra invita a reflexionar sobre el costo oculto detrás del éxito deportivo.
Desde una mirada íntima y profundamente emocional, la propuesta aborda las presiones que recaen sobre el cuerpo, especialmente en las mujeres: la necesidad de pertenecer, las expectativas externas y los trastornos de la conducta alimentaria que muchas veces aparecen para sostener determinados estándares físicos.
Entre momentos de gran destreza física y un relato que interpela al público, Consagrada propone pensar qué hay detrás del podio y cuáles son las huellas que deja la búsqueda de la perfección.
Autoría: Flor Micha, Gabi Parigi Intérpretes: Gabi Parigi Música: Juan Barone Piano grabado: Santiago Martínez Mezcla: Juan Barone, Julián Scarinci Vestuario: Sharon Luscher Objetos: Sharon Luscher, Flor Micha, Gabi Parigi Iluminación: Laura Saban Entrenamiento vocal: Silvina Garcia Fotografía: Macarena De Noia Video: Fernando Sánchez Imagen y diseño gráfico: Lima. La imagen de les artistas Redes sociales: Belisa A. Torres Comunicación y prensa: Mutuverría PR Producción: Emilia Cortelletti, Gabi Parigi Dirección: Flor Micha
Muchos géneros, todavía más espadazos Code Vein se hizo un hueco en el escenario presentándose como una versión anime de la saga Souls. Inspirada en la obra de Miyazaki pero con claros toques del JRPG, se trata de un título que supo cautivar al público y hacerse oír.
6 años más tarde, llega a nuestras manos su segunda parte, esta vez marcada por el devastador éxito de Elden Ring. Los escenarios cerrados y más lineales se rinden frente a grandes zonas abiertas por las que podremos explorar y campar a nuestras anchas, tratando de salvar la situación una vez más. Hace mucho tiempo, un gran desastre asoló el mundo. Antes de que todo se fuera al traste de forma definitiva, 5 héroes se sacrificaron, sumergiéndose en estasis dentro de una crisálida. Mientras un resquicio de vida quede en ellos, servirán como sello para detener a la calamidad que asolaba al mundo.
El problema es que nada dura para siempre, y estos héroes se están corrompiendo desde dentro. La solución parece ser, viajar al pasado y enfrentarnos a ellos para evitar evitar el colapso (ese que ellos mismos trataban de salvar). Aquí es donde Code Vein II destaca como JRPG. Cuando viajemos al pasado, terminaremos por conocer íntimamente a estos héroes y se nos desarrollará su historia, posiblemente llena de traumas. Conforme la historia avanza, nuestros vínculos crecen y nuestra conexión se refuerza con ello, lo que implica que acabar con ellos sería como apuñalar a un amigo. Así que, trataremos de salvarlos. Pero no será tarea fácil. A nivel jugable, esto implica recorrer grandes mundos, recogiendo los (muchos) objetos desperdigados por estos y enfrentarnos a muchos, muchos enemigos. De esta manera, el loop jugable se centra en el combate, el cual, por desgracia, no me ha resultado demasiado disfrutable.
El mayor problema es la incapacidad de cancelar las animaciones de ataque. Si has decidido atacar, pero después de pulsar el comando, un enemigo ha comenzado un ataque más rápido que el tuyo, estás vendido. Pese a haberlo visto venir. Sólo puedes mirar, incrédulo, como tu golpe te dirige a una muerte casi segura. Pero bueno, una vez acostumbrados a este inconveniente, la cosa mejora. Hay que jugar con las cartas que tenemos, por lo que toca buscar qué herramientas nos ofrece el título para vencer a nuestros enemigos. Por una parte, los vínculos con los distintos personajes subirán de nivel y nuestras habilidades también lo harán a su vez, por lo que reforzar estas relaciones nos hará más fuertes.
Junto a esto, contamos con habilidades llamadas Formas, que nos servirán para llevarnos la balanza a nuestro favor. Defensivas u ofensivas, su uso será menester para que los combates no se sientan tan injustos, tanto los enemigos normales como los jefes finales, los cuales, por cierto, pecan de ser muy reciclados en ocasiones. Otro de los grandes problemas (al menos de momento) de Code Vein II es su rendimiento en consola. Unreal Engine 5 pasa factura una vez más y el resultado en PS5 son texturas que no cargan cuando tocan, sombras que parpadean y una imagen algo borrosa, que no se ve por desgracia compensada con un framerate estable. En áreas abiertas, sobre todo en las que cuentan con mucha vegetación, los cuadros por segundo llegan a bajar hasta la mitad de FPS.
En resumidas cuentas, Code Vein II es una mezcla interesante de géneros, con un estilo artístico y narrativo muy influenciado por el JRPG y el anime. Su sistema de combate puede resultar frustrante, sobre debido a la imposibilidad de cancelar los ataques y su rendimiento deja que desear, pero detrás de estas aristas se esconde un juego muy auténtico que mantiene y hace brillar la esencia de la saga.
¿Un mal relato de época? ¿O un buen relato de nuestra época?
Emerald Fennell, cineasta que ya dividió aguas con Saltburn (2023) y Promising Young Woman (2020), regresa con una propuesta que desafía una vez más la prudencia cinematográfica, en este caso con una libre (o infiel) adaptación de la novela de Emily Brontë, Wuthering Heights. “Cumbres Borrascosas”, con esas comillas irónicas que adornan el título, es una reinterpretación del clásico literario bajo la mirada de una autora que prioriza un impacto de provocación carnal sobre una transposición fidedigna del texto.
Es la historia de Catherine Earnshaw (Margot Robbie) y Heathcliff (Jacob Elordi), que inicia cuando el alcohólico Mr. Earnshaw (Martin Clunes) adopta a un niño al que convierte en un criado para él y en un amigo para su hija. Cathy y Heathcliff crecen juntos desde niños que juegan hasta adultos condenados a una relación tóxica amorosa por una obsesión inquebrantable.
Wuthering Heights tiene varios problemas pero no aparenta que a su directora le importe demasiado porque parece ser la película que quiere ser, un espectáculo gótico-pop posmoderno ideado para un público específico, el mismo al que ya le había hablado en Saltburn, y para generar revuelo en tiktok con sus escenas eróticas, las cuales, para lo que apunta a ser el film, están muy bien logradas, especialmente por la belleza hegemónica de sus protagonistas.
Margot Robbie es una actriz talentosísima, vibrante y magnética en pantalla; el tema es su coprotagonista, Elordi, que bajo buenos directores de actores como Sam Levinson (Euphoria) y Guillermo Del Toro (Frankenstein) logra sacar lo mejor de sí pero en esta película simplemente no está a la altura, ya que nunca vemos a un tal Heathcliff sino más bien a una reducción del actor y galán de turno vestido como un londinense del siglo XIX. La elección del actor parece ser un error cinematográfico, pero no lo es para el marketing del film. Lo que sí es un acierto en el casting son los talentos que interpretan a Heathcliff y Cathy de niños: Owen Cooper, conocido por la serie Adolescencia, y la joven Charlotte Mellington, que tiene un muy buen debut en la gran pantalla.
La película es el mejor film de la carrera de Fennell hasta el momento, y aunque eso no sea algo trascendental para el cine, sí es algo a valorar en su filmografía. Un aspecto a destacar es su fotografía a cargo del talentoso Linus Sandgren, el diseño de producción de Suzie Davies, la dirección de arte llevada a cabo por Caroline Barclay y Neneh Lucia, (estos cuatro ya habían trabajado en Saltburn), y la primera colaboración con Jacqueline Durran en el diseño de vestuario.
Fennell y su equipo construyen una puesta en escena que es digna de una publicidad de perfumes de alto nivel: paisajes espectaculares, besos bajo lluvias dramáticas, vestuarios que desafían la precisión histórica para ganar en impacto visual y una cámara que fetichiza a sus protagonistas casi tanto como ellos se obsesionan entre sí. El film romantiza excesivamente las relaciones tóxicas y humilla a sus personajes arrastrándolos en una tragedia de reclamos de migajas de amor que nunca llegan en tiempo y forma, pues es un buen relato de nuestra época, un fanfic. La transposición elimina toda crítica racial y simplifica el erotismo a cambio de una provocación funcional para la viralidad superficial en redes sociales volviendo explícita la hipersexualización de sus protagonistas dejando de lado la profundidad psicológica de un amor trágico donde se pierde hasta la propia integridad e identidad.
Algunos la odiarán, otros la amarán. No es para nada una mala película, aunque no se la recomendaría a cualquier tipo de espectador pero sin duda sí la recomendaría a quienes busquen un espectáculo hollywoodense entretenido, provocador y sexy, o a quienes quieran tener un acalorado debate a la salida de la sala. Sin culpa alguna, ¡al cine!
Calificación: 6.5/10 Por Julián Lloves para La Butaca Web.
Las series de Marvel siguen y siguen, pese a que ya sabemos de su dudosa calidad desde hace tiempo. Y quizás sea por eso que nadie tenía ni idea de la existencia de esta serie, protagonizada por Yahya Abdul-Mateen ll y que solo dura ocho episodios de corta duración. De hecho, podría ser una peli larga segmentada. Pero veamos de que trata Wonder Man.
La trama sigue a Simon Williams, un actor devenido a menos, que busca rehacer su vida tras ser despedido de un trabajo y abandonado por su pareja. De pura casualidad entabla una especie de amistad con Trevor Slattery, el actor que dio vida a El Mandarin en Iron Man 3. Pero tanto Simon como Trevor esconden varios secretos.
La verdad que ni me acordaba del estreno de esta serie. Y no lo digo para subirme a la ola de odio que recibe el MCU (y que bien ganado lo tiene los últimos años), sino porque la propia empresa no le dio mucha publicidad que digamos; sumado a que de por sí, el personaje no es demasiado conocido en el imaginario popular ajeno al comic. Y como reza el meme “no esperaba nada de ti, y aun así logras decepcionarme”.
Y es que la serie empieza como un buen tratamiento sobre la caída de un actor que nunca despegó, y que ahora se encuentra en la nada misma. la cosa es que, si la serie dura ocho episodios de 20 minutos de contenido neto, no se pueden tirar los tres primeros episodios con lo mismo. Si, para el cuarto la cosa cambia, pero como digo siempre, con la cantidad de series que hay esperando por ser descubiertas, el tiempo del espectador es demasiado valioso para tenerlo perdiendo el tiempo.
Algunos me dirán que el papel de Ben Kingsley se carrea toda la serie y les digo que no. Si, es lo único bueno, pero no es suficiente para salvar un proyecto que en su totalidad no debe pasar las tres horas, pero que pareciera durar seis. Demasiado poco para una empresa que nos dio joyas hace casi diez años. Y esto mismo aplica a referencias a proyectos venideros.
Wonder Man no solo es una mala serie, sino que es aburrida. Estando a las puertas del fin del MCU y ver un reinicio, sería hora de replantearse si es necesario este tipo de serie, o solo se hacen para rellenar catálogo.
Alerta Extinción nos lanza una propuesta de ciencia ficción con un elenco bastante llamativo (Joe Keery, Liam Neeson y Georgina Campbell) y una premisa clásica: una amenaza biológica extraterrestre. El culpable es un hongo capaz de aniquilar a la humanidad de forma rápida, letal y bastante asquerosa.
La película arranca con un grupo de especialistas —liderados por el personaje de Neeson— que llega a un pueblo diezmado por una especie desconocida. Aunque logran contener el patógeno, el encuentro sirve para mostrarnos de qué es capaz esta «cosa»: el hongo toma control del cuerpo humano, lo convierte en una especie de zombi putrefacto y, si no encuentra a quién más contagiar, termina explotando. Un espectáculo visual, cuanto menos.
Después, la historia da un salto temporal hacia una antigua base militar reconvertida en un depósito de contenedores. Ahí es donde conocemos a los personajes de Keery y Campbell, dos empleados que están ahí básicamente porque no les queda otra opción. Durante su turno, se ven obligados a enfrentar esta amenaza en una situación que termina siendo mucho más hilarante de lo que uno esperaría de un fin del mundo. ¿Cómo clasificarla? Es complicado. Es una historia de inicio apocalíptico con tintes de terror, pero que abraza la comedia bizarra sin miedo. Lo mejor que tiene es que no se toma en serio a sí misma, y eso la vuelve muy entretenida. Eso sí, prepárate para varias inconsistencias en el guion y un tramo final al que le cuesta bastante cerrar la historia de forma coherente.
En resumen: Alerta Extinción es una película para disfrutar si vas con la guardia baja y no te tomas demasiado en serio el argumento. El reparto es el gancho principal, aunque claramente no están aquí buscando un Óscar.