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Sinopsis Un niño amante de los libros descubre una novela mágica que lo transporta a Fantasía, un mundo en peligro por “La Nada”, una fuerza oscura que lo devora todo. Allí, deberá convertirse en el héroe que salve este reino y al mismo tiempo redescubra el poder de soñar.
Reseña Excelente adaptación teatral de la clásica película La historia sin fin. Con una puesta en escena que muestra un trabajo cuidado y detallado. Con buenos efectos visuales empleados para lograr esa magia que sigue intacta en la mente de todos los adultos que crecimos con esta historia, transmitiendo como herencia un mensaje y una ilusión que ha pesar del paso del tiempo, siguen vigentes. La producción de los personajes animados son una grata sorpresa visualmente muy bonito, acompaña un vestuario muy vistoso, atractivo y colorido. Música agradable con voces que suenan lindo bajo una gran puesta de luces que destaca a actores que se arriesgan y sumergen de lleno a la magia que la fantasía requiere.
La historia sin fin es un cuento de aventuras que invita a soñar y no perder la ilusión, recordándonos a ese niño interior que vive en nosotros y que nos impulsa a luchar por nuestras metas. Una propuesta que conquista a grandes y chicos por igual, seducidos por una apuesta entretenida, que logra encantar y emocionar.
Hay un juego de interacción con el público, que comparte la alegría del camino recorrido por los personajes y recibe un mensaje actual, profundo y esperanzador que engancha y entretiene.
No importa la edad, esta historia sigue siendo mágica y necesaria. Una oportunidad única para volver a Fantasía, reencontrarse con el niño que llevamos dentro y recordar que, mientras haya imaginación, la historia nunca tendrá fin.
Ficha Técnica Dirección: Hernán Bonsergent Reparto: Dai Vera, Marcelo Duran, Daniela Franceschi, Denise Depauli, Facundo Ávila, Guillermina Gesualdi, Lautaro Fernández, Julieta Gelmini, Lautaro Martínez, Lara Polsak, Lucas Apa, Luis Podestá, Martina Brugiati, Mateo Barbón, Mateo Beer, Morena Echevarría. Duración: 120 minutos Funciones: Sábados a las 18.30 y Domingos a las 13.30 hs en el Teatro Multiescena, ubicado en Avenida Corrientes 1764
El pasado sábado 9, “La Estela” llegó al Camarín de las Musas.
El monte y la niña que escapa de la siesta. El monte y la niña que crece. El monte y sus demonios y su calor y la muerte, la risa, el rezo. El monte y el río que pasa y todo lo sabe, ve y escucha. Ella, la niña que escapa al monte, va creciendo en cuerpo y voz. Ella y el odio. Ella y el amor. Un territorio en blanco donde todo está por fundarse.
Cargada de imágenes poéticas, “La Estela” logra ser ficción que convoca y conmueve sin regodearse en la herida. Coletazos de humor simpático conviven con el horror. Un material sensible que sorprende. Una invitación a entrar en otro tiempo: el del monte entrerriano, el de esa que crece.
Casandra Velázquez es quien le da cuerpo a ella. Despliegue vocal y físico para encarnar la revolución interna que se despierta en la niña que escapa y sueña. La contradicción de percibir desde la imaginación y accionar en la crudeza del mundo. Casandra es también depositaria de las otredades con las que esta niña se va cruzando. Versatilidad en escena, cambios rápidos y precisos, cuotas de humor que se combinan con momentos de espanto y ternura que quedan resonando en el público. Un escenario que se llena de fantasmas, olores y sonidos gracias a la invocación de la actriz. Casandra hace ver eso que no está.
Una puesta sensible. “La Estela” logra un equilibrio atractivo y bello. Juegos de luces, textos a oscuras, sonido de agua, respiración agitada, una Virgen apenas iluminada, escenografía austera. No hay derroche, hay simpleza criteriosa y funcional para con el relato.
El río que refresca y alberga secretos. La estela de los barcos y de los cuerpos que pasan. Marcas de espuma, cicatrices, señales de que algo ha atravesado el agua, de que alguien nos ha atravesado. “La Estela”, el amor y sus (im)posibles. El desafío de inventar un idioma nuevo, de fundar un territorio en ese mapa en blanco, de querer aunque no quieran, ¿Cómo frenar el sentir? Una niña que crece dando saltos, que crece dando golpes, que crece dando mimos. “La Estela”, una obra en donde la lágrima salada se mezcla con la risa y el deseo. “La Estela” y el pecho estrujado, la cara secándose al sol fiero de la tarde, los ojos curiosos y el llanto que sale como río de esos ojos negros pantera. “La Estela” y las ganas de correr al monte porque ahí, ahí se juega la vida.
FICHA ARTÍSTICA Actúa: Casandra Velázquez// Asistente de dirección: Santiago Echande// Dirección de arte y vestuario: Merlina Molina Castaño// Diseño iluminación: Eduardo Maggiolo// Diseño gráfico: Lucía Mousseaud// Fotografía: Anabella Sarrias// Comunicación en redes: Lucía Gómez Coproducción: Espacio Olaya// Producción: La Estela Producciones// Dramaturgia: Ivana Zacharski y Casandra Velázquez// Dirección: Ivana Zacharski
LA ESTELA- Sábados 18hs- El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960)
Sinopsis Un boxeador al borde del retiro recibe la tentadora propuesta de enfrentarse en el ring al futuro joven campeón del boxeo. Sin embargo, esta oferta esconde una trampa que pondrá en evidencia los verdaderos intereses que se ocultan detrás de los protagonistas, y los obligará a tomar una decisión que cambiará su vida para siempre.
Reseña Hay un trabajo escénico visual imponente que invita al espectador a formar parte presencial del relato desde el primer momento. La obra propone una narrativa dinámica y atrapante, potenciada con una dosis justa de suspenso que crece con el paso del tiempo. Con personajes interesantes bien definidos, que recorren la escena con dinamismo bajo una puesta de luces acertada, y un mobiliario cuyo centro de atracción es, nada menos, que un ring.
Bajo el concepto que sugiere el título de la obra, el guion está construido de una forma atractiva que te sumerge en un universo intenso de personajes encantadores. Con historias potentes que no defraudan y nos lleva a descubrir minuciosamente la vida de seres complejos, atravesados por conflictos personales e intereses particulares que marcan la diferencia de este relato.
Fájense llega a su segunda temporada con un elenco sólido, que interpreta con convicción y entrega cada uno de sus roles. Se destaca especialmente el detalle extra de ver actuar a Agustín Monzón, nieto del legendario boxeador Carlos Monzón, quien actúa y boxea. Su presencia aporta un guiño visual que remite inevitablemente a su abuelo, y lejos de ser un recurso superficial, resulta efectivo. Sin duda, su incorporación suma a la fuerza simbólica de la representación en escena.
La obra es una adaptación libre del Cuento del Negro Ortega de Abelardo Castillo bajo la cuidada dirección de Maxi Rofrano. En su puesta se percibe una búsqueda constante para que el ensamble de las escenas fluya de manera natural y logren encontrar un ritmo interesante y atractivo. Un acierto destacado es la inclusión de un bandoneón en vivo, para una propuesta musical que presenta temas populares en un versión tanguera y maleva que le dan un estilo diferente a un espectáculo que logra atrapar desde el primer golpe de campana, hasta el último aplauso.
Detalle Una obra que sorprende y logra la adrenalina propia que genera el ring, llevándote inevitablemente a alentar a los boxeadores generando un ambiente diferente muy entretenido.
Ficha Técnica Dirección: Maxi Rofrano Reparto: Lorenzo Martelli, Santiago Maurig, Federico Milman, Agustín Monzón, Leandro Orellano, Fabian Petroni Duración: 50 minutos Funciones: Viernes 22 hs en el Espacio Callejón, ubicado en Humahuaca 3759
Sinopsis Un grupo de padres son citados por la directora de un prestigioso colegio, por la conducta inapropiada de sus hijos. Sin embargo, lo que debería ser una reunión cordial para llegar a un acuerdo, se transforma en una explosiva confrontación de egos, prejuicios, contradicciones y secretos.
Reseña Los tutores es una comedia acida y provocadora que se anima a exponer, con mucho humor e ironía, el costado más humano y contradictorio de la crianza y la educación. Una historia tan divertida como incomoda que plantea con ingenio la complejidad de los vínculos humanos, el rol de los padres y la influencia de la imagen pública.
Cada personaje, caricaturesco pero reconocible, ofrece una mirada distinta sobre la enseñanza. Un abuelo conservador, una madre que aspira a las nuevas prácticas innovadoras para educar, un padre gay, un político corrupto y su esposa que busca hacer reconocer sus propios derechos, deberán llegar a un acuerdo, o al menos intentarlo, sobre la conducta violenta de sus hijos. Frente a ellos, una directora de carácter controversial que hará todo lo posible por salvar la imagen de la institución a cualquier precio.
Un guion ágil y entretenido que guarda sorpresas interesantes y sabe cómo mantener la intriga, el ritmo y la adrenalina necesaria. Destacan los momentos de humor fresco y genuino, especialmente en la interpretación de Marina Domicoli quien brilla al encarnar la doble cara de la directora, impecable en publico y absolutamente desopilante en privado. Con diálogos filosos cargados de ironía, tocan temas como la discriminación, las mentiras y los secretos ocultos que irán revelando poco a poco las verdaderas intenciones y personalidades de cada uno. Una propuesta divertida, mordaz y actual que no solo invita a cuestionar sobre temas muy serios desde el humor, sino que también nos enfrenta a las propias incoherencias y contradicciones como sociedad.
Ficha Técnica Dirección: Federico Jiménez Reparto: Ivana Amante, Pepe Barón, Gaby Bechara, Marina Domicoli, Juan Lucero, Walter Muni Duración: 80 minutos Funciones: Sábados 20.30 hs en el Teatro Buenos Aires, ubicado en Corrientes 1699
Sinopsis Una abogada estructurada y una recreóloga extrovertida, coinciden como vecinas de asiento en un colectivo que viaja desde Buenos Aires hacia San Clemente del Tuyú. Este encuentro fortuito entre dos opuestos tan marcados cambiara sus vidas para siempre. Un viaje íntimo y humano, con mucho humor, que nos invita a mirarnos hacia adentro.
Reseña Comedia musical donde el punto fuerte son las diferencias que rompen las estructuras y te van llevando por un camino donde los parecidos con la vida real se parecen demasiado, lo que hace sencillo empatizar con los personajes. Y es ahí, desde un relato bien contado con sencillez y mucha calidez, donde la historia nos trasmite un mensaje de las cosas que somos capaces de aceptar, cambiar y aprender, dejándonos ser parte de un recorrido amoroso lleno de humor con pinceladas de drama.
Una propuesta escenográfica minimalista pero efectiva, capaz de crear un universo inmenso para hablar de las presiones sociales, los mandatos familiares autoimpuestos, los sueños y la libertad personal. Un viaje interesante que encuentra el equilibrio justo para el humor, la introspección, la sensibilidad y la emoción. Con dos protagonistas histriónicas y encantadoras que se animan a transitar con encanto los distintos matices de los personajes y logran ensamblar con frescura y naturalidad cada escena. El resultado es un relato que te llevara a pensar y revisar las decisiones en la vida.
Detalle La adaptación del guion estuvo a cargo de la protagonista Julieta Sverdlick, con el plus de contar con la experimentada dirección de su padre Ricardo Sverdlick.
Ficha Técnica Dirección: Ricardo Sverdlick Elenco: Lucia Krusemann, Julieta Sverdlick Duración: 70 minutos Funciones: Sábado 22.30 hs en el Nun Teatro Bar, ubicado en Juan Ramírez de Velasco 419
En Yepeto, Roberto “Tito” Cossa pone en escena su gran capacidad para explorar los vínculos humanos con una profundidad que no necesita de mucho cotillón. La historia es simple y gira en torno a un triángulo muy particular: un profesor universitario de literatura; un joven lleno de impulsos y Cecilia, la mujer que ambos desean. Lo que parece un juego de celos y rivalidades se va convirtiendo en un retrato sobre cómo nos paramos frente al amor, la vida y el paso del tiempo según la edad que tengamos y las ganas que nos queden de seguir arriesgando.
La historia es contada con una estructura de diálogos casi artesanal que parecen casuales, pero están cargados de tensión. No hay artificios innecesarios, sino un vaivén de palabras y miradas que van revelando capas de cada personaje. Cabré, como director, potencia esa intimidad de las palabras y entiende que son necesarios ciertos respiros entre los diálogos. Hay algo cinematográfico en cómo maneja los silencios: no son baches, son segundos que abren grietas para que el público complete lo que no se dice. Hay como una suerte de movimiento interno, casi invisible, que va cambiando la temperatura de la escena sin que te des cuenta.
En las actuaciones, el contrapunto es todo. Roly Serrano le da al profesor una humanidad que evita el cliché del “profesor sabio”, es tierno pero al mismo tiempo irritable encontrando un equilibrio perfecto entre la sabiduría y la fragilidad. Alan Madanes entra con una energía que descoloca, es directo, provocador y por momentos, brutalmente sincero. Su frescura se convierte en el motor que saca al profesor de su zona de confort. Y Luisina Arito logra darle una presencia muy concreta a Cecilia en donde tiene algunas apariciones escénicas, pero de igual manera, es constantemente evocada por los otros dos personajes, aunque solamente el profesor pueda verla y conversar con ella en escena.
En Yepeto, uno de los recursos más potentes y llamativos es el paralelismo que se establece entre la realidad concreta de los personajes y la ficción poética que atraviesa sus vidas. El profesor escribe sus propias poesías y Cecilia también lo hace. La diferencia está en cómo cada uno usa la palabra para posicionarse frente al mundo. El profesor escribe con el peso de los años, sus poemas son refugio frente a una realidad que ya le queda incómoda, una forma de mantener vivo algo que teme perder: la intensidad del deseo, la frescura de la primera vez. En cambio, Cecilia escribe desde la inmediatez, desde el vértigo de lo que todavía no tiene forma. Sus poemas no son refugio, sino lanzas: exploran, arriesgan, buscan. En esa diferencia está la clave del choque generacional que sostiene la obra. La poesía no es solo un adorno literario, sino un espejo que amplifica lo que cada personaje quiere y teme.
Siguiendo con este juego de espejos entre ficción y realidad, también se plantea una pregunta interesante: ¿cuánto de lo que decimos (y escribimos) es realmente lo que vivimos? El profesor y Cecilia construyen versiones de sí mismos en sus poemas que no siempre encajan con sus actos. Esa grieta entre la voz poética y la persona real le da a la obra un aire melancólico, porque muestra que a veces escribimos más para inventarnos que para contarnos. Aquí la metáfora funciona doblemente, por un lado, la poesía es una proyección como una cierta “ficción personal” que les permite lidiar con lo que no puede resolver en la vida concreta; por otro, es una forma de seducción. El profesor y el joven no compiten solo por Cecilia como mujer, sino por su mundo simbólico, por su forma de mirar y de decir. En ese sentido, la obra sugiere que la atracción va más allá del plano físico, sino que también se juega en el terreno de las palabras y las ideas.
La escenografía acompaña de manera acertada, con elementos que tienen peso narrativo. El escritorio del profesor repleto de libros, las sillas, las bibliotecas, la iluminación tenue, todo construye un espacio íntimo, como si tuviéramos colándonos en la sala de estar del personaje. Ese realismo sirve para reforzar la sensación de que lo que pasa podría estar ocurriendo en la vida real, ahora mismo. Y ahí está el verdadero golpe de Yepeto: te hace sentir que la historia podría ser la tuya, que esas conversaciones sobre amor, tiempo y deseo no son solo teatro, sino parte de las preguntas que todos nos hacemos en silencio.
Yepeto se presenta los miércoles y domingos, a las 20.30 h, en el Teatro Picadilly (Av. Corrientes 1524, CABA).
El pasado sábado 2 de agosto, estrenó “Hasta la Gloria Bouchard” en Área 623.
Una balsa que navega perdida. El frío, la tormenta, la noche, una tierra que no aparece. Ellos son tres soldados hermanos con una misión: participar de la tercera guerra que se desarrolla en las Eurolands. Viaje sin rumbo, espera sin tiempo. En ese mar, la visita de lo inesperado está a la orden del día.
Quien asiste a “Hasta la Gloria Bouchard” se mantiene todo el tiempo estimulado. Una obra que no frena. Un ambiente eléctrico en donde la desesperación por llegar a destino se construye con todos los elementos de la puesta. Los momentos de pausa, silencio y respiración son interrumpidos por personajes extraños que irrumpen desde el fondo del mar.
Tomás Rodini, director y dramaturgo, logra un texto complejo: diálogos vertiginosos y cortados; citas textuales (que resuenan en el oído del público y crean el destiempo en el que deambula esta balsa); pasajes cargados de imágenes y figuras poéticas que quedan resonando en las butacas. Un material complejo que mantiene la intriga y encuentra su cauce.
Thiago Abalo, Ignacio Caballero y Nicolás Concilio son estos tres soldados. En sus cuerpos, la firmeza de la milicia convive con el cansancio y el abatimiento de la espera y la soledad. La desesperación los atraviesa y va creciendo. Desafìo vocal y físico del que se apropian y hacen cargo. Chano Itzcovich y Serafín Klarich, actores y músicos en escena, hacen sus apariciones dando respiros al naufragio en el que se encuentran esos tres. A través de instrumentos de percusión y de vientos, construyen el clima extrañado de este gran viaje hacia la nada. Ornella Cimarelli es quien encarna todos los personajes que visitan a la balsa perdida. Ella y la versatilidad para pasar de una máscara a otra. Su presencia da aire a la crispación construida y al estado de desesperanza que cada vez crece más y más.
Escenografía austera, no menos curiosa y prolija: un proyector y una balsa con ruedas que le dan movimiento. El vértigo en la escena se respira. El detalle y lo minucioso. Una obra que exhala trabajo.
“Hasta la gloria Bouchard”, una ficción sostenida de principio a final, una apuesta por un teatro que hable del presente desde la metáfora y la síntesis. La comunicación es imposible en ese navegar que se alarga hasta que la desesperación lo inunda todo. Tiempos de guerras ajenas, de lazos cortados, de comunicación rota, de discursos revisitados. Tiempos de ahora y de antes. “Hasta la Gloria Bouchard”, una invitación a entrar en otra frecuencia y estado. Una balsa que navega en el mar, aún en la tormenta, aún en el remanso, aún y por y a pesar de todo.
Ficha técnico artística Dramaturgia y direcciòn: Tomás Emiliano Rodini// Actúan: Thiago Abalo, Ignacio Caballero, Ornella Cimarelli, Nicolás Concilio, Chano Itzcovich, Serafín Klarich// Músicos: Chano Itzcovich, Serafín Klarich// Diseño De Proyección: Ariel Mayorga// Diseño de escenografía: Raúl Rodini// Diseño de luces: Sol Miranda// Realización de escenografía: Raúl Rodini// Redes Sociales: Nina Hack// Confección de vestuario: Camila Ohlobiak// Fotografía: Nina Hack// Diseño de imagen: Julián Rodini// Asistencia de dirección: Martina Femayor// Producción ejecutiva: Victoria Bonora//
2400 años después de que Aristófanes estrenase su comedia »Los pájaros», una compañía catalana llega a tierras porteñas a estrenar su versión, sin alejarse mucho del clásico griego pero poniendo el pie en el presente donde, los valores que hicieron especiales a los helénicos en su momento, hoy suenan prescindibles y old fashion.
La compañía de teatro La Calórica fue fundada hace quince años en Barcelona, producto de un proyecto final de un grupo de estudiantes de artes escénicas. Su trayectoria en Barcelona y en el resto de España los ha colocado en un podio donde se les puede llamar ‘referentes’ del humor político.
Esta compañía formada por los actores Xavi Francés, Aitor Galisteo Rocher, Marc Ruis y Esther López se presenta por primera vez en Argentina durante una larga gira internacional. Bajo la dirección de Israel Solà, llega uno de los favoritos del público: La versión postmodernista del clásico de Aristófanes.
»El joven empresario Pistetero y su compañera Evélpides no pueden volver a casa. Tampoco se les ocurre dónde podrían vivir la vida cómoda, relajada y libre de impuestos que anhelan. A partir del encuentro accidental con una inocente abubilla en mitad del bosque se plantearán un cambio de estrategia: ¿Y si renunciaran a su condición humana y se convirtieran en aves? O todavía mejor: ¿y si convencieran a las aves del mundo para crear una nueva sociedad basada en los principios fundamentales de individuo, propiedad y competencia?» Esta es la sinopsis de la adaptación de Joan Yago.
Este espectáculo de 90 minutos es un show con todas sus formas. Una lluvia de referencias históricas, políticas y una mordaz sátira a la sociedad actual. Mediante el uso del clown, la parodia, el performance y el rompimiento de la cuarta pared; los actores entregan toda la energía de sí para ofrecernos una obra que no para y no descansa con su mensaje. Es ácida, cómica y nos pone de frente los tiempos modernos en los que vivimos pero no para darnos una lección, para reírnos de lo ridículo que se ha vuelto el sistema.
Albert Pascual es el encargado del diseño de iluminación, escenografía y vestuario, respecto a este último, es increible la cantidad de cambios que poseen los actores, incorporando vestidos plumosos que presentan a algún ave emblemática, sotanas, trajes y uniformes.
La obra cuenta con momentos musicales muy divertidos donde el público podrá interactuar, también con gags afinados y otros punzantes que son flechas hacia la realidad latinoamericana.
A pesar de que La Calórica no hable de vos ni con yeísmo rehilado, el mensaje es universal y la conexión que causa con el público porteño es única. Es por eso que el teatro porteño y el barcelonés suelen congeniar muy bien: Un uso atinado del humor y el tratamiento de la realidad política.
Las Aves se presenta hasta este domingo en la sala Casacuberta del San Martín.
«Quien no sabe de amores llorona, no conoce el martirio» Esta es la frase más demoledora de la canción ‘La llorona’, que si bien fue creada en la década de los cuarenta, fue inmortalizada por Chavela Vargas.
Nacida en Costa Rica pero de alma 100 % mexicana, la cantante rompió todos los moldes de género al ser una referente de la música ranchera, dominada por hombres. Una mujer que le cantaba a otras mujeres y al tequila, esto causó conmoción no solo en México sino en el resto del mundo. Chavela murió en 2012 a los 93 años bajo una vida sufrida pero plena, su música es inmortal y el musical de Leo Rizzi rinde el homenaje que necesitábamos.
»La noche antes de su recital en el Olympia de París, Vargas entrelaza recuerdos y canciones, evocando su increíble historia de vida y lucha. Las clásicas canciones de la Chamana nos van contando su historia de superación y resistencia». Esta es la reseña de La Vargas, escrita y dirigida por Leo Rizzi.
Protagonizada por Karina Levine (Chavela) y Mona de Marco (periodista y Frida Kahlo). Las actrices entregan un perfomance poderoso al interpretar grandes éxitos de los corridos mexicanos, boleros y rancheras de despecho. El gran trabajo de voz y sus expresiones, son capaces de conmover a cada espectador, que sin conocer quien fue Chavela Vargas o no estar interiorizado en la cultura mexicana, puede sentir esta historia y sufrir con ella.
Leo Rizzi además de hacer el estudio de la cantante, hace un homenaje a los amores imposibles y a aquellas personas que, al elegir ser libres y al defenderse del mundo con violencia, terminan en el camino de la soledad.
Mona de Marco además de actuar, diseña los vestidos inspirados en el folclore musical mexicano. El blanco y las flores están presente y ambas actrices poseen la habilidad de hacer los cambios de vestuario y peluquería mientras se desarrolla la obra
Levine y de Marco poseen una química actoral enternecedora. Ambas abrazan a sus personajes y perdonan sus defectos. La pasión que colocan al cantar rancheras es sublime.
La Vargas está disponible en Buenos Aires luego de una gran gira por Mar del Plata. Está disponible los sábados de agosto a las 21 horas.
Obra del autor ya conocido por los teatreros porteños, Ivor Martinic, nos lleva a recorrer el mundo de personajes que rodean a una mujer de mediana edad. Que se desdobla en demasiadas facetas para poder cumplir con todos sus roles; es madre, hija, ex, amante y buena amiga también; pero pese a esa intensidad de obligaciones, se siente sola y con el paso del tiempo que la acecha.
“Yo soy Mirjana: Estoy sentada a la mesa. Tomé un sorbo de café de la taza, le agregué un poco de leche. Tomé un atado de cigarrillos y me prendí uno. Estoy fumando. En el fondo se escucha una música ligera”.
Con una necesidad contante de reacomodar su vida y sus muebles; de liberarse de las incomodidades, como la de los zapatos; esta mujer avanza como puede, presentado batalla.
Roberto Aguirre, experimentado director, lleva aquí el relato con firmeza y buen ritmo. Destacada labor de Yamila Ulanovsky al frente de un elenco que cumple con creces ( Amanda Bond, Daniela Caldora, Graciela Cirigliano, Lucia Clavel, Juan Creus, Miguel Octavio Luna, Gonzalo Martinez Castro). Jueves 21 hrs. En Muy Teatro, Humahuaca 4310, C.A.B.A.