Teatro: La música del viento

“La música del viento” encierra una original comedia romántica con tintes dramáticos, donde se experimentan sensaciones como el amor, odio, egoísmo, envidia, drama y sobre todo que invita a reflexionar sobre la confianza intrapersonal, y derribar los prejuicios en materia del amor.

musica_viento_foto_gacetilla

Julia es una joven investigadora científica dedicada al trabajo académico. Para acceder a su doctorado realiza su primera salida de campo para recolectar muestras de suelo en un lugar del desierto de Atacama, en la puna jujeña. La acompaña Pedro, un joven vaqueano conocedor del mundo natural, quien será su guía y protección durante el tiempo que lleve la travesía. Los desencuentros entre dos culturas, dos formas opuestas de ver el mundo, los llevan a vivir una situación límite donde el mayor conflicto se manifiesta con el ambiente y donde el amor nace de la diversidad.

Cuando se observan obras de esta calidad, se hace evidente la sensibilidad de la directora, que puede llegar a lugares dentro de uno que solo un ser con esa capacidad puede lograr.

La dirección y el libro están a cargo de Merceditas Elordi, quien pudo haber caído en la clásica historia de “La Bella y la Bestia”, pero decidió darle unos giros interesantes con ribetes contemporáneos que mantienen expectante al público hasta el final.
Sin embargo, el punto más importante a resaltar en su trabajo es que, dentro de una producción donde hay dos actores en escena durante la totalidad del espectáculo, éste nunca pierde su atractivo, ni aburre a quien lo observa.
La aparición de los personajes desde que la gente ingresa a la sala, es tomado por el público como una propuesta interesante, que ya comienza a analizarlos desde el vamos.

Uno de los puntos altos del espectáculo es la labor de Edgardo Aguilar que, a través de una precisa puesta luces y también escenográfica en cuanto al aprovechamiento del espacio, genera una estética de aislamiento propia del desierto de Atacama. Para lograr ello, utiliza una gama de colores que van desde un frío celeste, hasta un cálido colorado, digno del infierno. Este complemento de iluminación dinámica y escenografía estática logra crear una realidad e introducir al espectador en ella.

Es altamente valorable la química que existe entre los protagonistas.

El personaje de Julia, representado por Sofía González, atraviesa un interesante recorrido interpretativo. En un principio, se muestra como una porteña “de edificio” que sólo piensa en su tesis y no tiene interés alguno por conectarse con la naturaleza, ni con su compañero, Pedro, a quien trata como un subordinado. Con el correr de la obra, Julia comienza a mostrar su lado más natural, saliendo completamente del molde anterior e ingresando en una etapa más sincera y humana. Es aquí donde se alcanza a comprender la estupenda calidad actoral de Sofía, quien interpreta sostenidamente dos facetas, y ambas resultan convincentes. Incluso también hay tiempo para sacarle sonrisas al público con sus saludos a la Pachamama.

El otro protagonista, Pedro (Patricio Paz), ya se gana la simpatía del público desde su primera línea. Conducido por un acento norteño que resulta amigable, logra un buen contrapunto con la irritable actitud Julia, en la primera parte de la obra. Así como su compañera, Pedro también comienza a desdoblarse y dejar de lado esos modismos antiguos de hombre cerrado de campo, y mostrar sus emociones, las cuales son interpretadas con una espontaneidad digna de un actor de su calaña.

Aquí es donde ocurre esa magia teatral, en donde el espectador siente la necesidad de un final feliz en esta historia de amor.
Una obra que está en cartel todos los sábados  a las 20 horas, en el teatro Patio de Actores, Lerma 568. C.A.B.A., Argentina.

 

FICHA TÉCNICA

Autora y directora: Merceditas Elordi.
Intérpretes: Sofía González y Patricio Paz.
Asistencia de dirección: Lucía Cibini.
Diseño de Iluminación y puesta de luces: Edgardo Aguilar.
Diseño y realización de escenografía: Edgardo Aguilar.
Diseño de vestuario: Edgardo Aguilar.
Arte gráfica: Paula Carranza.
Ilustración: Edgardo Aguilar.
Fotografía: Cristian Holzmann.

 

Nicolás Rodríguez Camino

Anuncios

Deja un comentario