Crítica: Paterson, dirigida por Jim Jarmusch

La rutina de la vida, el día a día, el trabajo, el descanso, el amor y la poesía. Todo eso es Paterson, la última película del siempre original Jim Jarmusch.

Desde el nombre de su última ficción Jarmusch está jugando con la dualidad, ya que Paterson es el nombre del pueblo donde vive Paterson, el protagonista de la película, encarnado por Adam Driver quien es conductor de colectivo. Las repeticiones aquí no serán casualidad y se darán más a lo largo del film. De hecho, a base de repeticiones se construye la película. La vida de una persona normal, sin muchas complicaciones, con días simples y comunes, repetitivos como los de cualquier trabajador, son el eje principal de la historia: el despertador no suena, pero Paterson se despierta siempre a la misma hora; el camino al trabajo es siempre el mismo; la ruta del colectivo es igual todos los días; a la noche un rato de charla con su novia, el paseo con el perro, el bar y luego ir a dormir. Poco pareciera suceder en la vida de Paterson, pero él sabe observar lo cotidiano de una forma diferente, encuentra en lo usual una visión renovada, porque Paterson es un poeta, y la poesía se nutre de cualquier aspecto de la vida, hasta de lo que pareciera ser más sencillo y banal.

Durante esa rutina de la vida diaria, Paterson llena las hojas de su cuaderno con distintas poesías, reflexiones que hace de lo que le sucede. Una caja de fósforos se convierte en un poema de amor, la poesía de una niña en una profunda inspiración poética. Paterson siente en su interior esa necesidad que vive en los artistas de expresarse en un lenguaje propio, profundo, mientras el tiempo pasa y la vida sucede a su alrededor.

Jarmusch es un artista y su lenguaje el cine, con el cual nos transmite, de forma sutil y simple, esa segunda visión de la vida, esa visión más despierta e interesante, en la cual lo que se observa no es siempre igual, porque todo cambia, porque el tiempo corre, como las cascadas que se sienta a ver Paterson todos los días en el horario del almuerzo. Esta película transmite esa sensación, la de que todo lo que nos sucede es un acto mágico e inesperado del cual no conocemos nada y gracias al cual podemos conocer mucho de nosotros y del mundo. Paterson cree saber cómo serán los días, pero en la semana que vivimos con él, habrá pequeños cambios, inesperados, repentinos, mínimos que harán que se encuentre más consigo mismo.

Estamos ante una de las películas más sólidas del director norteamericano que sabe cómo mantener su originalidad y características personales más allá del éxito y reconocimiento internacional que ha tenido. Sabe cómo mantener su cine en una línea independiente y opuesta al cine convencional, pero no por eso es de difícil acceso al público. Es un director que no pretende y no defrauda, su cine es simple, directo, sobrio y claro y Paterson es uno de los mejores ejemplos de esto. Una película pasiva y silenciosa, bella en todos sus aspectos, gracias a la cual saldremos de la sala con una sensación de tranquilidad y paz.

9/10

Ian Quintana

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