Reseña: Después te cuento, de Juan Arena

La noche de viernes se había vuelto fría. Llegue al Camarín de las Musas media hora antes de las 23. Retire mi entrada y me indicaron por donde podía ingresar a la sala. Allí fui. Vi el banner de la obra colocado en una gran ventana por la cual se podía ver a los actores, y al director haciendo correcciones técnicas en escena, algo que me llamo poderosamente la atención La gente fue llegando y había buena vibración pese a la temperatura. Ingresamos. Las localidades eran pocas y el espacio compacto, pero muy cálido. Nos fuimos acomodando sin mayor dificultad y rápidamente. Los interpretes ya estaban ubicados y esperando. Apagamos los celulares y la función comenzó. Nuestra protagonista bebe vino y mira cada tanto por la ventana. Esa misma ventana que había captado mi interés al ingreso. A un costado de la escena, una pianista y cantante musicaliza en vivo. Y en las penumbras puede distinguirse una figura en un cuadro. La luz ira dando claridad, con sutileza casi imperceptible veremos esa pintura en estupenda composición y armonía de formas y colores. Ana va a cocinar una tortilla a la española, el plato favorito de su madre, el día de su cumpleaños. Tal vez como pretexto para poner en orden sus pensamientos y como puerta inconsciente al más allá, le escribe en un cuaderno y nos cuenta las desventuras de su propia maternidad. Del otro lado de la vida y la realidad, la destinataria de estas palabras, figura central del cuadro colgado en la pared, comienza a moverse y a oírla. Con la dificultad propia de un fantasma, no puede ser percibida por su hija. Pero entabla un dialogo a través de nosotros, contándonos y comentado lo que oye. Ana habla sobre su dificultad de adaptarse y sobre su incertidumbre por la falta de un plan. En el trascurso de este entrecruce de realidades y vínculos desencontrados, cocina. Corta papas, saluda a la gente que pasa por la calle (sorprendido por ver a una chica cocinando y con público) prende el fuego y toma otra copa. Una sucesión de aromas irán invadiendo el espacio y una voz dulce y poderosa nos alimentara los oídos con sus melodías. Diálogos y observaciones a veces profundas, otras graciosas. Simples. Humanas. Después te cuento habla sobre encontrarse con uno mismo y con el otro. Metáfora fabulosamente corporizada en la puesta en escena por el director, que ha abierto puertas que se atraviesan en los momentos oportunos y le otorgado la energía y el lugar adecuado a cada estimulo desplegado en el escenario. El libro es estupendo. Reflexivo y divertido. Con grandes momentos y plagado de detalles. Las actuaciones son precisas y efectivas. La Ana de Cecilia Pertusi es profunda y verdadera, Cristina Dramisino compone a una madre entrañable que todos quisiéramos tener y la voz e interpretación de Sonia Kovalivker, en el piano, es encantadora. La escenografía y el vestuario tienen el tono exacto y adecuado. La luz sutil y perfecta. Y la sala tiene la estructura y calidez que requiere la puesta. Es una obra sencilla y maravillosa, plagada de recursos y sensaciones que mezclan logrando su punto justo para que se produzca el encuentro y la magia suceda. Maximiliano Pouchan. Ficha técnica Ana: Cecilia Pertusi Madre: Cristina Dramisino Música en vivo y Pintura: Sonia Kovalivker. Escenografía e iluminación: Eduardo Perez Winter Vestuario: Nury Bertone. Gráfica: Florencia Huerga Fotografía: Victoria De Feo Prensa y Difusión: Carolina Alfonso Asistencia de Dirección: Oscar Duarte Dramaturgia: Adriana Gomez Piperno Adaptación y dirección: Juan Arena Duracion: 60 minutos Funciones: Viernes 23hs Camarín de Las Musas – Mario Bravo 960 Reservas 4862 – 0655 Entradas: $ 250 y $200 (estudiantes y jubilados con acreditación, menores de 30 2 x 1)

Anuncios

Deja un comentario