Crítica: El repostero de Berlín

Crítica: Laura Pacheco Mora

     

En Berlín, Oren, un ingeniero constructor israelí tiene un romance con un repostero de nombre Thomas, que luego se convierte en una relación de amantes. Tras una fatalidad, Thomas viaja a Jerusalem en búsqueda de respuestas, que obtiene en el transcurso de su estadía y se relaciona de una manera que jamás se esperaría, con la familia de Oren, particularmente con Anat, la esposa, ahora viuda.

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Es muy interesante cómo queda planteado el contraste entre diferentes culturas, a través de la comida, atinadamente elegido, ya que nos cuenta la historia de una familia judía que, claramente, está constituida por un mandato social-religioso, y, por otro lado, la soledad de un joven alemán que no tuvo la buena fortuna de crecer en un ámbito familiar que lo contenga emocionalmente.

Lo único que puede unir a estas personas, es el alimento, el pan que se pone sobre la mesa a diario. Anat, no es religiosa, elogia y defiende a Thomas como el trabajador dedicado que es y por el gusto que el creciente número de clientes le ha cogido a su pastelería, mientras que su familia judía, lo rechaza simplemente por ser alemán.

Aquí, además, se toca un tema delicado y controversial, las diferencias o problemas que existen entre judíos.

Cuenta con un excelente guion, que no pretende satisfacer el deseo del espectador desde lo obvio; muy por el contrario, el director y guionista Ofir Raul Graizer nos brinda la libertad de asimilar la trama desde la subjetividad y con un final, si se quiere, aproximado a la realidad… raro de apreciar en la actualidad.

La música es bellísima y acompaña de manera extraordinaria el desarrollo de la historia; también los paisajes de Berlín y Jerusalem, trazando más contrastes entre lugares y culturas.

Con este poético y sutil film, es un claro ejemplo de que no es necesario contar todo, inclusive, logra que el espectador participe, enterándose de los más íntimos secretos de todos; se podría decir, que nos convertimos en sus cómplices. Y de una manera delicada, somos la madre de Oren, que sabe la verdad sin que lo diga, con una brillante y breve actuación, es más que suficiente.

Se destacan las actuaciones, la fotografía, esos primeros planos subjetivos y el guion que no deja de sorprendernos, con ese tan particular estilo de este director-guionista israelí de nacimiento y berlinés de adopción.

¿Qué puede suceder cuando personas de tan diferente origen y que se rechazan entre sí, se relacionan a partir de un acontecimiento tan inesperado?

 

Calificación: 8/10

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