Crítica: Todas esas noches sin dormir

“Todas Las Noches Sin Dormir” (Wszytskie Nieprzespane Noce) del Director Michał Marczak, la que se proyecta dentro del marco del Festival de Cine Polaco.  // Crítica por CJ. Colantonio.

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Muy pocos entenderán la profundidad de esta película.  Muchos creerán que se enfrentan a un relato antojadizo de jóvenes perdidos en la vida nocturna de Varsovia.  Nada más lejos de la verdad.

La película hace una búsqueda inaugurada por el director estadounidense Terence Malik donde emerge el trabajo de la “no-dualidad”.  Ésa que en términos simples se concentra en la idea de los límites del lenguaje para expresar algo como si fuese una afirmación. La idea de que en la superficie está todo separado, pero en donde en lo profundo de la vida, todo es uno.

Lo importante de la “no-dualidad en el protagonista es la de encontrar un lugar en donde pueda ser consciente de eso, donde pueda vivir en lo separación con ése conocimiento de la unidad.  Y cuando eso está realmente presente, se da en él el amor, que es como se siente la unidad.

La “no-dualidad” es una invitación a recordar lo que has sido siempre, que tenías al nacer y que se comienza a olvidar con el tiempo.  No por nada, cuando su amigo lo acusa de egoísta, se apaga la luz en la noche de un parque público y se sienta a mitad de una escalera, del camino al conocimiento, al recordar, repasar.

“Piensa menos”, le dice un desconocido.  Luego, uno de los personajes secundarios se ocupa de decir de manera textual sobre la búsqueda absurda que sólo tiene que ver con entender el juego que es la experiencia de estar vivo.

La voz en off -al estilo de Malik- es la que parece separarse del protagonista que en realidad es un creador, que es un Dios dentro y a la vez no lo es, pero que es parte de un todo.

(Calificación: 8/10)

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