Crítica: Gonjiam: Hospital Maldito.

Por Gonzalo Borzino

En la era del streaming, de la invasión de lo público en lo privado, el canal de YouTube Horror Times invita a cuatro espectadores a participar de una experiencia única: la exploración urbana del lugar más maldito de Corea; el hospital psiquiátrico abandonado de Gonjiam. Anhelando llegar a una audiencia de un millón de visitas, el director del canal y sus dos asistentes instalan  trampas para provocar falsos acontecimientos paranormales y atemorizar a los invitados. Como si se hubiesen embarcado en una atracción turística, los mismos recorren los recovecos del hospital, guiados por los miembros del programa y la voz del director quien les indica donde y como proseguir. Sin embargo, los extraños acontecimientos comienzan a salirse de las manos, provocando que el equipo se separe, guiándolos a su inevitable perdición.

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Del director tres veces premiado por su labor en Gidam (2007), Beom-sik Jeong vuelve a apostar por el terror de hospital (y por cuarta vez por el género terror en general). A diferencia de sus trabajos anteriores, los cuales eran cinematográficamente mas convencionales, en esta ocasión hace uso del recurso del “found footage” con la particularidad de estar grabado casi en su totalidad utilizando cámaras de cuerpo (GoPro), dotando al metraje de una mayor cercanía con las víctimas. Sin embargo, esto no resulta necesariamente innovador en el genero, ya que el mismo recurso habría sido utilizado, por poner un ejemplo, en Boots on the Ground (2017) o, más popularmente, en la serie web de misterio Marble Hornets (2009). Lo que si resulta poco habitual es el contexto de transmisión en vivo, el cual facilita la inmersión e invita al espectador a experimentar el minuto a minuto del metraje como si estuviera ocurriendo en ese preciso momento y no como una evidencia de las desventuras de un grupo de desgraciados.

El director se atreve a jugar un poco con las expectativas del genero; por ejemplo sabiendo que el publico espera que alguien sea inevitablemente poseído por la fuerza oscura que asecha a los protagonistas, decide darle un retoque digno de la cultura oriental y volverlo algo ambiental, en lugar de una mera herramienta de gritos y movimientos bruscos. Y es en esta diferencia crucial donde logramos separar Gonjiam de cualquier otra película found footage occidental (las cuales suelen depender casi absolutamente en los jumpscares) volviéndola una curiosidad digna de ser vista. Lo que no quiere decir que este film no cuente con sus respetados saltos de silla, pero estos no representan la mayor parte de la experiencia. Otra de las subversiones del genero que trae a colación el director está presente desde el nombre mismo. El subtitulo de la película es “el hospital maldito” y no “el misterio del hospital maldito”, dando a entender que la trama rondará la experiencia del edificio embrujado y no será, en cambio, una investigación sobre los acontecimientos ocurridos en aquel recinto, como suelen hacer este tipo de películas. Una de las ramas del terror proviene del misterio y la incomprensión a lo desconocido, una tradición aparentemente perdida que esta película se propone retomar.

Otra curiosidad merecedora de mención es la forma de exponer la información primordial. Se nos introduce al contexto de la película con un video de Horror Times contando en qué consistirá su exploración urbana y resumiendo la historia del hospital, el cual lleva cerrado desde que su directora desapareció luego de haber asesinado a todos sus pacientes. Esta forma de contextualizar resultaría insultante en otro tipo de de metraje, pero debido a los códigos de video del internet que se manejan, el público puede soportar ver a al protagonista hablando directamente a la cámara, explicando de que va a tratar la película sin romper su inmersión en absoluto. Gonjiam sabe malear muy bien el verosímil de los elementos propuestos, colocando las típicas ediciones de programas asiáticos de cazeria paranormal sobre el metraje, volviéndolo no solo identificable para un público local, sino comprensible a nivel internacional.

Estéticamente la película es una maravilla. Como era de suponerse, el edificio donde fue grabado el metraje no es el verdadero hospital, sino una escuela secundaria reacondicionada para asemejarse al mismo. Se ha buscado la máxima fidelidad de recreación posible para los entornos de planta baja del hospital, para los cuales se cuentan con abundantes referencias fotografías de internet ¡Tan bueno fue su trabajo, que el actual dueño del edificio que solía ser el hospital intento demandar a los realizadores por traspasantes! No obstante, hay ocasiones en las que, debido a los planos cerrados proporcionados por las cámaras de cuerpo, no es posible apreciar la totalidad del entorno.

Lo que aparentaría ser una tradicional película de “found footage“, narradora de las desventuras de un grupo de jóvenes necios que decidieron adentrarse en un lugar maldito puede transformarse en un referente que promueva a la reinvención de un genero bombardeado por los años de malas prácticas repetidas hasta el hartazgo. El aprecio al detalle de Beom-sik Jeong logra vislumbrar un motivador futuro para el subgénero, o bien una nueva invitación del mundillo del terror asiático para captar nuevos adeptos en occidente. La claridad de lo representado es excepcional, tanto que creo que es la primera vez que encuentro una moraleja en una película de terror tan claro, pero a la vez sin resultar aleccionador: “La avaricia mata… y también entrar en un hospital maldito”.

 

Puntuación: 8.5/10.0

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