Crítica: La Boya, de Fernando Spiner.

Por Laura Pacheco Mora
Fernando Spiner viaja al pueblo frente al mar donde pasó su adolescencia (Villa Gesell), para cumplir un ritual que comparte con Aníbal Zaldivar, periodista y poeta: nadar hasta una boya. Pero este año Fernando tiene un plan adicional: hacer un documental sobre Aníbal y su relación con la poesía y el mar. Al indagar en la vida de su amigo, Fernando investiga su propio pasado; ya que Aníbal tuvo una fuerte amistad con su padre, Lito. Antes de morir, Lito le encargó a Aníbal que soltara en el mar una antigua boya.

FB_IMG_1541078059766.jpg
A través de las cuatro estaciones, la boya une a los amigos, pero a la vez representa para Fernando un enigma familiar. La poesía y el mar, la boya tiene como destino la inmensidad del océano. Me recordó a “Alamar” (2009), una película mejicana, que recomiendo para quienes deseen refugiarse por un rato en el silencio y disfrutar. Este artefacto en sí representa al bisabuelo de Fernando, que emigró de Ucrania escapando de trágicos sucesos, como tantos de nuestros antepasados; además de soportar la incertidumbre a través de un duro y difícil viaje. Esto nos transmite la idea de que tan sólo somos un grano de arena en la inmensidad. Infinidad de personas conviviendo en este mundo, en esa playa de Villa Gesell, en donde el mar funciona como observador benevolente recordándonos permanentemente que sin importar lo que suceda en tierra, la fluidez del océano siempre estará allí, expectante.

Así se nos presenta este relato, entre bellísimos pasajes poéticos, que nos enamoran de la pureza del bosque natural y el transcurrir de las estaciones. A través de la poética se nos comunica no sólo esas palabras e ideas, sino las muchísimas connotaciones que puedan dimensionar el significado de cada frase, para que cada uno guarde en su intimidad un mensaje personal, quizás algo que esperamos escuchar o alguna verdad que intentamos evadir representado de esa forma. Personalmente me conmovieron varios de sus textos. La guardavidas dijo como al pasar que, de alguna manera, con su labor, se estaba salvando a ella misma.

Los encuadres, desde el punto de vista del director, resultan muy atractivos, el agua está también representada en la furia y la grandilocuencia de las tormentas eléctricas, que, combinadas con la playa, la noche y los contrastes de sus colores, resultan magníficos.

Es un documental que logra abstraernos completamente, gracias a su música que resulta casi terapéutica, pinturas despojadas de un rédito económico (arte puro), los sonidos constantes del mar, el ruido de la tormenta, las tomas en las que utiliza cámaras sumergibles, simulando un nado y donde nos sentimos realmente, nadando junto al protagonista.

Cómo el mar interactúa con nosotros y se comunica a través de su sonido se ve plasmado en el film de una forma sutil y muy cuidada, que quizás nos remita al significado que tiene éste para cada uno de nosotros de acuerdo a nuestra experiencia y vivencia personal. La imagen inicial resulta muy atractiva y el final nos deja una parábola que podría aplicarse a cada uno de nosotros, lo cual resulta excelente y encantador.

LA BOYA
¿Quién los ve nadar entre la sal y el viento?
¿Qué los lleva a un mismo sitio, siempre?
Un mar amigo los mece y naufragan juntos.
Los únicos testigos son los ojos de la arena,
La piel empapada…
Porque la llegada a la boya es una nueva partida
Es origen, fin y tiempo.

Calificación: 9

Anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s