Crítica: Violentia

Por Gonzalo Borzino

Cobertura del festival Buenos Aires Rojo Sangre

En un presente alternativo, el Dr. Adam Anderson (David Lewis), creador de nanobots que alteran la percepción de la memoria a voluntad, es contratado por un departamento gubernamental secreto para colaborar con el proyecto de reinserción para sujetos psicológicamente peligrosos. Mezclando los medicamentos de control de actitudes creados por la Dra. Rachel Porter (Emily Holmes), deberán tratar a Simon Frost (Scott Lyster), un violador y asesino serial que se encuentra internado en el instituto y quien guarda una siniestra relación con el senador benefactor del proyecto Edward Frost (Mackenzie Gray). Adam lucha con ser integrado a esta maquiavélica maquina estatal pero acaba cediendo cuando, durante un tiroteo escolar, su hija acaba muerta, dándole la visión de que la violencia está realmente fuera de control y se le debe buscar una cura.

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Dirigiendo, produciendo y escribiendo, el primerizo director Ray Raghavan nos trae este interesante drama de ciencia ficción, donde se pone el dedo sobre la violencia desmesurada a la que, día a día, nos vemos sometidos. El director indio propone un acercamiento dignificado por la contemporaneidad y la falta de empatía que los estados parecen ejercer sobre sus pueblos atemorizados por “los enfermos que andan sueltos”, atravesado por el futuro de la súper-tecnología. Lo que en un pasado hubiesen sido drogas psicotrópicas, ahora es nanotecnología que se infiltra en nuestra cabeza y toma control de nuestros pensamientos.

Claramente influenciada por El Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos, el film presenta un trasfondo sumamente atractivo, pero acaba resultando tedioso. Los diálogos se vuelven monótonos y extensos, los actores carecen de sentimiento al hablar y, en algunos casos, contradicen lo que ellos mismos plantean. A pesar del inesperado giro final y del manejo del suspenso a lo largo de toda la película, lamentablemente esta se ha quedado corta en el fluir de las acciones. Quizás, con otro manejo temporal y explicando sus lógicas de formas un poco menos directas, hubiese logrado ser lo suficientemente atractivo como para considerarla una discusión certera sobre la cuestión de la violencia. En su lugar, nos quedamos con una pobre imitación sin una reflexión clara.

Presentada en el Buenos Aires Rojo Sangre, en la categoría de Competencia Internacional , esta producción canadiense logra hacernos cuestionar por momentos que es real y que es un artificio de la mente. Sin embargo y, para nuestro lamento, la carencia de interés y el arrastre que generan los diálogos sin fuerza provocan en el publico una reacción de frustración que, de manera accidental, los incitara hacia la violencia.

 

Puntaje: 4.5/10.0

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