Crítica: El Kiosco

Por Pedro López

“Quiero ser dueño, quiero ser libre”

Así decía en esta película Mariano, personaje protagónico interpretado por Pablo Echarri. Una comedia que nos enseña a mantener nuestros valores en momentos de crisis. 

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Harto de su trabajo en una oficina, Mariano  decide darle un giro a su vida. Tras aceptar un retiro voluntario, invierte el dinero obtenido y todos sus ahorros en la compra del kiosco de Don Irriaga, un lugar repleto de buenos recuerdos en el barrio de su niñez.

Poco tiempo después, descubre que la calle sobre la que está ubicado su flamante kiosco será próximamente cerrada al tránsito para hacer un viaducto, obra que dejará a su emprendimiento completamente aislado.

Condenado a una ruina inminente, Mariano tiene los días contados para hacer “algo” que los salve, a él y a su familia, antes de que la calle quede clausurada. Para eso, deberá confrontar con la adversidad, con sus afectos y, sobre todo, consigo mismo.

Un guión bien logrado se conforma de escenas bien logradas y es claro que esta película tiene algunas, como así también tiene algunas situaciones cómicas, alguna que otra buena toma, y algunos estupendos actores. Pero decir que esta película es buena es omitir muchísimos detalles, ya que “El kiosco”, película dirigida y escrita por Pablo Perez Gonzalez, también nos deja situaciones cómicas genéricas y un guión que falla rotundamente sobre el final, pues no posee un arco dramático. Una de cal y otra de arena. En fin, una película zafable y costumbrista. No corre muchos riesgos y cumple, al igual que muchas otras, con la simple función de entretener.

También existen cuestiones que debo comentar acerca del bagaje cultural que se inserta y se distribuye a través de este medio de comunicación masivo. Esta película no es solo una comedia costumbrista; sino que también exhibe los valores clásicos del estereotipo argentino clase media, respetando los intereses neoliberales vigentes.

Me explico.

¿Recuerdan cuando dije “que no posee un arco dramático”? Bueno, en general las películas tienen personajes que pueden poseer o no un arco dramático. Algo que el protagonista debe cambiar de sí mismo o debe enterarse para poder resolver el conflicto, y así completar su objetivo. Cuando el personaje principal no tiene un arco dramático, (quiere decir que mantiene sus valores iniciales en toda la historia) lo que adquiere un arco dramático es su entorno, ósea los personajes secundarios. Entonces la historia trata de cómo ese entorno modificado ayuda al protagonista a conseguir su objetivo.

En esta película el entorno no cambia al igual que su personaje protagónico, entonces ¿cómo se resuelve el conflicto? Bueno lo voy a decir sin más vueltas: SOLO. El conflicto se resuelve solo. Y esto es, además de un enorme error del guionista, una forma de inculcar cultura. “Todo se va a resolver” “Vamos a estar bien” “Tranquilo todo se va a arreglar”.

Creo que lo lindo en las historias es ver la transformación del personaje, ver cómo este sortea los obstáculos y cumple su objetivo. Es motivador ver cómo alguien no se rinde hasta conseguir lo que quiere o hasta entender que en verdad lo que quiere es otra cosa. Lo motivante no son estos finales “esperanzadores” donde el conflicto se resuelve gracias a alguna mano invisible. De hecho es todo lo opuesto, es desmotivante

La esperanza no reside en confiar que el destino pueda acomodar tu camino hacia la felicidad, sino en que uno mismo o un colectivo de gente pueda lograr un objetivo más allá de los obstáculos que encuentre. Reside en creer al menos que nosotros podemos llegar a ser dueños de nuestro futuro y de nuestro destino.

La esperanza reside en la lucha, en el conflicto y sobre todo en vencerlo. Esa es la enorme diferencia entre un final feliz y un final “esperanzador”.

“Quiero ser dueño, quiero ser libre”

Así decía Mariano protagonista de esta película. Una comedia que nos podría haber enseñado a mantener nuestros valores en momentos de crisis, pero optó por un básico y rotundo final “esperanzador”

Calificación: 5/10 

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Un comentario en “Crítica: El Kiosco

  1. Quizás, el autor quiso dar a entender que la solución a la vida del quiosquero no era su propia voluntad, sino un entorno, su salvacion vino de afuera de su esfuerzo voluntarista, podes poner todas las esperanzas y fuerza individualista q quieras, que no resolvera nada, sino q necesita de la combinación del entorno para que en sinergia funciones el desarrollo. Quizas, el guionista tuvo una intención, pero la resolvió mal.

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