Reseña: Las cosas de Mabel

En el teatro Beckett, los jueves a las 21 hs, ocho únicas funciones de Las cosas de Mabel, una obra con dramaturgia y dirección de Cecilia Meijide.

El público se puede ir satisfecho de ver una obra, por varias razones. Me puse a elucubrar luego de la despedida de los actores, que en realidad, el motivo de que una obra nos guste o no, puede depender del desenlace, el desentramado final, como que estamos sentados viendo contar una historia, pero el único mérito radica en las últimas escenas que definen las decisiones y hechos que fueron aconteciendo.

En cambio hay otras obras, en las que incluiría Las cosas de Mabel, que son mis predilectas, las que a medida que avanza la obra, el argumento las va haciendo más atractivas y donde el elenco puede ir desnudando a los personajes y el autor tiene la oportunidad de profundizar el mensaje.

Las cosas de Mabel, la actriz Rosario Varela, una joven, que magistralmente tiene adherida a la piel, al personaje. Es maravilloso, desde lo físico, la voz, los gestos, de una mujer de arriba de 80 años, la cual habla todo el tiempo, las palabras se le escapan hasta por los codos, y que transcurre su vejez, con Iván, el enfermero, que la acompaña, que la escucha, con el cual hace sus sesiones diarias de kinesiología.

Esta mujer, está viuda la cual tiene un hijo. No ha tenido suerte con Fabián, es una oveja descarriada, a la cual Mabel, sabe que tiene problemitas, pero lo ama porque es su hijo. Al cual le perdona el descuido afectivo, no viniendo a visitarla. Se lleva cosas sin preguntarle. Además a esta señora que ya le pasó su cuarto de hora, no la engañan fácilmente, está de vuelta de todo y de todos, habla y habla, pero cuando le conviene, sabe escuchar.

La actriz Rosario Varela, comparte escena con los actores Nacho Bozzolo e Ignacio Torres. Es un logro en la obra, ese grado de compañerismo, producto de vivir juntos, tantas horas, que se da entre Mabel y el enfermero. De un lado, Iván, el cuidador que lejos está de ser Fabiancito, el hijo egoísta de Mabel. Excelentemente lograda la atmósfera, no vamos a contar más, pero la actriz le da mucha humanidad al personaje, el público disfruta con una mujer, que los músculos son los que a veces fallan, pero todavía piensa y razona. Sufre, por un hijo, Fabiancito, que le gustaría que sea más parecido a Iván, su cuidador, por lo inocente, porque la acompaña y trata de escucharla.

La historia sigue, la recomendamos porque cuenta con simpleza, lo que no es fácil de narrar, como es el paso de los años,el abandono, los amores como un recuerdo juvenil.

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La obra terminará y Mabel con sus achaques físicos, pero con un espíritu joven, en un tono casi de comedia, producirá en el público disfrute y adoraremos a Mabel, deseándole salud y plenitud por muchos años más.


Reseña Diana Decunto – inboxmatutino@gmail.com

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