BANFF: Mountain Film Festival World Tour

Por Bruno Glas

El Festival Nacional de Cine de Aventura no es, en principio, un festival de cine en el sentido tradicional. Los cortos que se exhiben no están orientados por la lógica “estética” del cine tradicional, pero tampoco por la expresión crítica de la realidad propia de un documental. Más bien, lo que el festival busca es compartir la experiencia real de los realizadores, protagonistas de sus hazañas en la naturaleza.
Los cuatro cortos vistos en el festival comparten algo interesante en cuanto a su idea de fondo, independientemente de sus tramas: el factor humano es lo central, no sólo en los desafíos que los recorridos comportan para los aventureros, sino en la realización. En este sentido, la puesta de cámara resulta el elemento de mayor importancia, puesto que de ella depende la inmersión en el viaje.
El primer corto se titula Rogue elements: Corbet’s couloirofrece un recorrido en mountain bike por el circuito de Corbet, en las Montañas Rocosas. El uso de subjetivas y de planos generales favorecen una visión vertiginosa del terreno, aunque el uso de música termina por generar una sensación de videoclip, que a la larga resulta bastante molesta.
The passage, segundo corto, cuenta, como un recuerdo, el viaje de los padres del director, que en 1974 se lanzaron al océano Pacífico con las canoas que ellos mismos construyeron. Casi treinta y cinco años después, el realizador emprende de nuevo junto a sus padres, ahora viejos. El clima de intimidad familiar y la visión palpable del paso del tiempo se dejan entrever a lo largo del relato y lo sostienen con convicción a lo largo de la casi media hora que dura. Mención especial merece la escena de la construcción de las canoas, que demuestra todo esto a través de la materialidad de la embarcación en cuestión.
Ice & palmspuede que resulte el corto más flojo, en parte porque la aventura de los amigos Max y Jochen a través de los Alpes está contada a través de un montaje demasiado veloz. Los viajes a través de cicloturismo, montaña y esquí se apelotonan uno atrás del otro con demasiada velocidad, como si no hubiera un riesgo real por parte de quienes lo llevan a cabo, demasiado seguros de su propia capacidad.
For the love of Maryes el último, y el mejor de los cuatro. Comparte con The passagela idea del paso del tiempo como algo tangible, captado por la cámara. George Etzweiler tiene 97 años y es corredor de montaña (¡!). En su viaje por el monte Washington hasta la cima, lo acompaña el recuerdo de su difunta esposa. La vitalidad recorre al protagonista a través de su cuerpo con casi un centenio encima, y su tremendo valor al subir el pico más alto del Noreste de los Estados Unidos tiene algo de obstinado, como si en verdad estuviera escapando a su propia muerte. De allí que lo veamos feliz enfundado en su indumentaria deportiva, y en los primeros planos de su rostro sonriente, esculpido por el tiempo, materia prima del cine.

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