Crítica: Porno Para Principiantes

Por Bruno Glas

“Porno para principiantes” se propone como una comedia sobre dos tipos que deben dirigir una porno ante la presión de un productor mafioso. Claro que ninguno de ellos tiene mucha idea de cómo hacerlo. Pero lo de “principiantes” no se aplica sólo a ellos. Toda la película parece no tener en claro cómo llevar adelante una comedia con una temática sexual de fondo.

El porno es siempre explícito. Con todas sus variantes, no le interesa otra cosa más que mostrar gente cogiendo, el acto sexual, con lujo de detalles. En “Porno para principiantes”, paradójicamente, no hay porno casi. Se ven los sets de filmación de la película que Víctor debe rodar, se juega más de una vez con las referencias verbales hacia los genitales, pero no mucho más. Ni culos, ni pijas, ni tetas, ni nada: apenas alguna imagen fugaz que se ve a través de otra pantalla que aparece en el filme (un celular y una tele vieja). Como si su aparición en el plano fuese censurada a propósito. Que una comedia sexual donde el porno aparece problematizado no se anime a exponer los cuerpos de los personajes en su totalidad es un problema.

La explicitud nos hubiera dado una película quizás más salvaje, más jugada. Extraño que una comedia “para adultos” con sexo de por medio no se atreva a mostrar más, a explotar más sus posibilidades. El sexo (hay apenas una escena donde dos personajes tienen relaciones, y ni siquiera dura demasiado) o la corporalidad aparecen mayormente a través de los diálogos. Y si el acto sexual en cuestión brilla casi siempre por su ausencia, o por su censura, los diálogos humorísticos apelan en cambio a la mayor explicitud posible. Y el humor de “Porno para principiantes” es viejo. No lo digo por su concepción fácil, chabacana, que juega con el doble sentido (vean “Virgen a los 40” o “Supercool” para ver cómo puede hacerse humor del más sarpado que resulta gracioso, además de adecuarse a la historia que se narra). El humor de “Porno para principiantes” es viejo porque los gags llegan tarde, y sabemos que tendrán lugar antes de que aparezcan. Véase sino lo que ocurre cuando Víctor y Aníbal van a visitar a la madre del primero al hospital, y el médico de turno le da una inyección para reanimarla (se entiende, digo, ¿no?). O el momento en que Ashley, la actriz porno, cena con Víctor y la familia de su novia; momento en que toda incomodidad queda desaprovechada, disolviéndose en el humor fácil. Los gags se ven venir a kilómetros de distancia, como si al director le hubiera tentado más montar una serie de chistes sueltos sobre diversos escenarios, antes que construir con eficacia una situación para que éstos tengan el timing preciso y nos hagan reír.

Pero hay que decir que hay un único momento logrado en esta película. Se trata de la búsqueda del actor que de bien en cámara para el filme de Víctor. Es una secuencia de montaje rápido, donde desfilan los posibles candidatos, que van desde deportistas hasta linyeras. La seriedad de la voz narradora en off contrasta con lo hilarante de la imagen. Será el único instante donde el humor se ajusta con solidez a la narración, un momento que no parecería pertenecer a esta película.

Calificación: 3/10

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