Crítica: Hogar

Por Juan Ignacio Aguilar

Abre de negro y una emisora de radio argentina nos ubica espacialmente.

Sor Paola ingresa a trabajar en un convento italiano bonaerense en su paso previo a ser monja. Sus propias convicciones serán puestas a prueba cuando entre en contacto con Fátima y Luciana, dos jóvenes madres solteras entre otras tantas a las que el convento provee de hospicio.
Con un guión que fácilmente puede caer en lugares comunes, Maura Delpero se distingue haciendo más enfásis en esa silenciosa interioridad de sus personajes. El primer acto trascurre como una muy detallada carta de presentación de sus tres protagonistas, cada una con un conflicto bien diseñado y de sútiles pero importantes implicancias para los otros. La historia principal avanza a un ritmo adecuado, dejando espacio a la cámara para que haga su magia y transmite eso que las palabras no pueden: la emoción vivida por este grupo de madres, y la joven hermana católica cuya convicción empieza a flaquear.

Es una película de personajes, y el armado de éstos no podría haber sido mejor. Dejando de lado, eso es, al excelente equipo de actores al frente.
Agustina Malale hace su debut como una Luciana dividida entre su amor por su hija y su decepción con la vida que dicha responsabilidad la obliga a llevar. Por momentos cariñosa para luego dejarse llevar por un impulso violento, Malale roba cámara con total naturalidad. Rebelde y deshinibida, tiene su contrapeso en la Fátima de Denise Carrizo. A pesar de su mayor responsabilidad como madre, hay undejo de vacío en la psique de Fátima que Carrizo transmite en sus momentos más privados, cuando la iluminación y un simple sonido ambiente dejan ver un gran trauma que todavía no parece superar. Para peor, un nuevo bebé está por llegar y Fátima no deja de temer por el futuro que pueda darle a sus entonces dos hijos.

Completa el trío la Sor Paola de Lidiya Liberman. Su relación con las chicas y sus respectivos hijos la pondrán en un difícil camino para con el gran compromiso que está por cumplir.
Mención especial para el reparto de niños, con Alan Rivas como el dulce Michael e Isabella Cilia como Nina, una excelente joven actriz cuyo rol pone en funcionamiento el giro más dramático de la película.
De diálogos suficientes y con un predominio del silencio, Delpero plasma su guión a través de planos de gran angular que ponen de manifiesto el enorme poder que la Iglesia católica ejerce. Una fotografía muy íntima a manos de Soledad Rodríguez da pie a que el espectador conjeture, a la vez que también llegue a empatizar en esos breves momentos nocturnos en que las chicas sueñan con más. En paralelo con la atmósfera en la que se desenvuelve, la banda sonora sólo actúa en forma catártica ante el extremo silencio: cuando las chicas tiene que desahogarse.

Modesta, minimalista, y muy emotiva. Maura Delpero logra combinar una gran trabajo desde detrás de cámara con una magnífica dirección de actores. Puede que “Hogar” tenga gusto a algo conocido, pero tiene un corazón enorme y distintivo que compartir.

Calificación 8.5/10

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