Análisis: The Last Campfire para Nintendo Switch

Por Luciano Macchioli

Hello Games es una pequeña desarrolladora que, por lo bueno o por lo malo, alcanzó reconocimiento mundial por su ambicioso título No Man’s Sky, lanzado en agosto de 2016. Cuatro años más tarde se animan a explorar otros géneros con The Last Campfire, que llegó a todas las consolas de actual generación.

En esta historia, nuestro protagonista será Ember, una pequeña criatura que, luego de sufrir un accidente en su bote de madera, llega a unas tierras misteriosas. En ellas encontrará almas errantes que deberá ayudar en pos de retomar su camino. El trasfondo de este mundo se alcanza a dilucidar mejor con unas hojas de diario, que funcionan a modo de coleccionables.

El gameplay radica en pequeños puzzles que debemos resolver para ayudar a las almas errantes anteriormente mencionadas. El diseño de éstos roza la perfección. No son muchas las herramientas que tendremos a disposición y, a pesar de esto, en ningún momento el juego se torna repetitivo. La dificultad está muy bien equilibrada para no ser ni fácil, ni frustrante.

El apartado gráfico es muy sencillo y nada ambicioso. Pero lejos de ser algo negativo, el mundo que se nos presenta se ve precioso y se adecúa de manera perfecta a la experiencia.

Su banda sonora, en línea con lo anterior, es sencilla y preciosa a la vez. Por más que siempre se sitúe en un segundo plano, por momentos dan ganas de no avanzar en los niveles para que la música que nos acompaña no deje de sonar. Así de buena es.

Ya hablamos de todos los aspectos en que The Last Campfire es realmente bueno. Ahora, ¿en qué podría fallar un juego desarrollado por Hello Games? Les dejó un segundo para pensarlo… Sí, en su apartado técnico. 

Es francamente inentendible como un título que no ambiciona en lo gráfico, sin muchos elementos en pantalla y con niveles cerrados pueda tener los problemas de frames que tiene. En cada transición, en cada diálogo con un NPC, en cada momento que abramos el inventario, encontraremos estos inconvenientes. Sumado a esto, en los momentos es que tengamos que desplazarnos en bote, algunas paredes se glitchearán y se volverán invisibles, generando un caos visual en la pantalla.

No quiero detenerme en los problemas técnicos porque las aproximadamente 6 horas en las que completaremos el juego son una delicia. Seguramente llegue el correspondiente (y necesario) parche que solucione todos los problemas de rendimiento. The Last Campfire es de esas pequeñas experiencias que te dejan un buen sabor y que todo jugador debería experimentar.

Calificación: 8/10

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