Reseña: No te vayas con amor o sin el

Roles invertidos

Las relaciones de poder están claras y definidas al inicio de un contrato laboral. La frontera social entre dos personas es tan evidente y el rol de patrón – sirviente hoy en día está defasado, pero las posiciones siempre están claras. La empatía puede unir pero también puede ocurrir una simbiosis entre ambas partes, acá se vuelve un enfoque más interesante.

«Es el ejercicio de amo y esclavo donde se entiende que la emancipación sería la derrota de uno por sobre el otro. Esta obra tiene como novedad que cuando el esclavo toma el poder, es decir, se emancipa, quiere ser amo. Entonces se desarrolla la singularidad que da a entender que, aparentemente, la lucha de clases no tendría solución”. Es la sinopsis de la obra original de Norman Briski. Romina Richi lleva el texto de Briski a las tablas en No te vayas con amor o sin él, una obra dónde nada es lo que aparenta.

Lucila Mangone y Leonora Balcarce son las elegidas para encarnar a los personajes de esta tragicomedia. Una casa con decoración de antaño, un plumero, una silla de ruedas y dos mujeres en roles sociales distintos pero confundidos serán parte de los elementos que conforman esta obra.

Balcarce y Mangone vienen con fuerza, carisma y soltura, gran parte del segundo aspecto es la química actoral que hay entre ellas, también la dirección de Richi. Las tres son amigas cercanas y esta obra se vuelve un ejercicio cercano y familiar. Richi es la encargada de la escenografía y diseño de luces de su obra. Calca de manera exacta lo que sería una casa de alta clase pero atrapada en el tiempo con tapices, muebles viejos, espejos, cortinas y tonos beiges.

Richi se compromete de manera seria a recrear la obra de Norman Briski (Briski hace la voz en off que se escucha durante la mitad), esta fusiona una relación de clase y la hace una sola, pues esta simbiosis de personajes se vuelve un lazo difícil de romper, se necesitan una a otra.

No te vayas con amor o sin él, está disponible viernes y sábado a las 19 en la sala Cortázar del Paseo La Plaza. Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.

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