Reseña: Olvidate del matadero


Por Sofía Luna Roberts
Buenos Aires

entre 1829 y 1852 estuvo gobernada por Juan Manuel de Rosas, en donde la participación vecinal en la política cambió sus formas durante su gobierno. La rivalidad política entre los federales y unitarios estaba en pleno auge, la libertad de prensa desapareció y la oposición fue perseguida. Las clases medias y populares canalizaron su acción política (apoyando al gobierno) en formas políticas más primitivas y de acción directa, en forma de manifestaciones y acciones violentas contra los opositores. Este es el contexto histórico en donde la obra “Olvidate del matadero”, bajo la dirección de Claudio Martínez Bel y protagonizada por Pablo Finamore, despliega su historia y nos cuenta la realidad de un tiempo perdido y casi abandonado. Esta obra se presenta todos los viernes a las 20 hs en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636).


Basada en un cuento de Esteban Echeverría, la pieza teatral transcurre en el año 1840 y quien narra los hechos es Misky, el hijo de una criada del mismo Echeverría, que ha tomado el vicio de la lectura y lee cualquier papel que caiga en sus manos. Entre ellos, el manuscrito oculto de Don Esteban: El matadero. Misky presiente la importancia de este texto, Don Esteban lo manda a olvidar lo leído y él, sometido, empieza a armar un plan de recuerdos de experiencia confiando que olvidará la lectura. A lo largo del relato, el protagonista intentará entender la Argentina de ese momento, tarea que no es para nada fácil: la lucha entre unitarios y federales cobra un nuevo sentido a partir del gobierno de Rosas y toda la sociedad parece dividirse.


Entre varios puntos interesantes de la obra, se destaca indudablemente la actuación de Pablo Finamore, con supervisión dramatúrgica de Mauricio Kartún. Su interpretación cautiva y envuelve al espectador casi de manera hipnótica. Le pone el cuerpo a ese personaje que habla de su dedo ensangrentado y se comunica con su madre que ya no está presente. Se distingue el despliegue actoral de Finamore que no solamente hace gala de un amplio abanico de recursos vocales (aullidos, onomatopeyas, repetición de palabras), sino también de un gran trabajo físico y capacidad corporal.
La obra gira en torno a las palabras, el protagonista aprendió a leer y no puede parar: le fascinan las letras, lo sorprenden las oraciones y párrafos. Misky se la pasa leyendo papelitos y folletines que saca de su bolsillo a la par que hace imitaciones de ruidos de animales y de todos aquellos personajes que desfilaron en esa mañana en el matadero, contando con lujo de detalles y, con una poética muy bien lograda, los recuerdos que perduran en su mente y que se niega a olvidar. La puesta que presenta la obra es minimalista, solamente se visualiza una escultura escenográfica que cumple diversas funciones dentro de la imaginación de Misky.


“Olvidate del matadero” es un unipersonal que se anima a salir de lo convencional, de aquellos textos clásicos, para apostar con una nueva idea. La historia juega con el despliegue de dos relatos: el oficial, y el otro, el oculto. A través de los confusos recuerdos de Misky de lo que él vio y escuchó, se puede intuir aquellos que a primera vista no se ve. La obra nos presenta una historia rica que, además de repasar un hecho histórico, invita al espectador a reflexionar sobre el pasado para tratar de entender el presente.

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