Reseña: Turandot en el Teatro Colón

La opulencia de Turandot en el Teatro Colón

Nessun dorma,
nessun dorma
All’alba vincerò
Vincerò!
Así dice el Aria más famoso de la última ópera de Giacomo Puccini; quizá la interpretación más recordada es la del legendario Luciano Pavarotti. Durante este momento, el Teatro Colòn aplaudió hasta más no poder debido a la emoción que inundó la sala.



Turandot es la ópera más exótica de comienzos de siglo XX y quizá, el fin de la ópera clásica para dar el paso a la vanguardia.  Inconclusa por la muerte de Puccini, fue completada por Franco Alfano y estrenada el 25 de abril de 1926 en La Scala de Milán.

El Teatro Colón tuvo el honor de presentar Turandot desde el 17 de mayo hasta el 29. Hace años que el palacio porteño no reestrenaba este clásico universal. Conocida por su ambiciosa y exuberante puesta en escena, la historia de la princesa Turandot, renuente a casarse con el príncipe de Persia; es una línea clásica romántica con tintes tragicómicos, aunque está ambientada en Pekín, es un resultado ecléctico interesante.

Turandot está compuesto por tres actos y tres cambios de escena, cada uno representa los exteriores de un palacio de la China imperial. La exactitud en los detalles, el trabajo de carpintería y pintura (siendo el dorado el color que más resalta) es soberbio. Los budas guerreros que se ven lateral  en el escenario y la influencia del feng shui, nos traslada al mismo tigre asiático. La idea original, concepción escénica y escenografía es gracias al maestro Roberto Oswald.

La dirección musical se conforma por los maestros Carlos Vieu y Beatrice Venezi, siendo esta última, una de las pocas mujeres que ha tenido la oportunidad de dirigir una ópera en el Teatro Colón.

Las sopranos Veronika Dzhioeva, Mónica Ferracani y Anastasia Boldyreva  son las responsables de interpretar a Turandot, siendo el segundo acto el que más destaca debido a la técnica de sobreagudos. Las tres cantantes deslumbran durante las funciones.

Los tenores argentinos Marcelo Puente y Jorge Puerta logran encarnar al príncipe de Persia de una manera remarcable, siendo la prueba final el Nessun dorma, aria que logra conmocionar y llorar a los espectadores.

El vestuario va a la par de la escenografía. Es estrambótico y deslumbrante. Brilla en todas las apariciones de cada personaje de reparto y coristas. El dorado, rojo y verde son los colores más destacados en los vestidos hechos a mano y con un diseño elegante, dejando lo mejor para el personaje de Turandot.
Anibal Lapiz es el maestro encargado de vestir y reponer la escena, ambas hacen simbiosis ante lo exótico de la obra en sí, pero también ante la increíble opulencia que nos ofrece el Teatro Colón.

Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web.

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