Reseña: Misery, con Juan Gil Navarro y Julia Calvo

En 1990 se estrenó la adaptación cinematográfica de Misery, el clásico de Stephen King publicado en 1987. Todos recordamos a Kathy Bates interpretando a Annie Wilkes, una mujer trastornada, obsesiva y peligrosa. Gracias a ese papel, Bates obtuvo el primer y único Premio Óscar de su carrera. Y, cuando se habla de Misery, es imposible no recordar la inolvidable escena de la maza.

Desde Broadway llega a la calle Corrientes una nueva adaptación teatral de Misery, una producción que busca dejar boquiabierto al público porteño y mantenerlo al borde de la butaca.

Con texto original de William Goldman, la obra ya había tenido una versión argentina en 1999, protagonizada por Rodolfo Bebán y Alicia Bruzzo, también bajo la dirección de Manuel González Gil, en el Teatro Metropolitan. Más de dos décadas después, González Gil vuelve a asumir el desafío con una nueva dupla protagónica y una puesta actualizada, que profundiza el terror psicológico y el enfermizo vínculo entre la admiración y el poder. El director apuesta por una versión más arriesgada, directa y cruda, mucho más cercana al espíritu de la novela y, por extensión, de la película.

La historia sigue a Paul Sheldon, un escritor que intenta dejar atrás el éxito comercial de una popular saga romántica para comenzar una etapa más ambiciosa de su carrera. Tras sufrir un accidente automovilístico, es rescatado por Annie Wilkes, una enfermera solitaria que se presenta como su «fan número uno». Lo que comienza como un acto de salvación pronto se convierte en una pesadilla cuando Paul descubre que está prisionero de una mujer obsesiva, dispuesta a todo para obligarlo a devolverle la vida a su personaje favorito.

Julia Calvo está, sencillamente, fuera de este mundo. Su interpretación es histriónica, impredecible y de una personalidad tan errática como compulsiva. Desde su primera aparición demuestra que comprendió a la perfección la complejidad del personaje, disfrazando la aparente dulzura de Annie con una oscuridad profundamente perturbadora. Sus estallidos dramáticos son impactantes y logra transmitir con absoluta convicción la inestabilidad mental de Annie Wilkes.

Por su parte, Juan Gil Navarro ofrece una actuación sobresaliente, a pesar de que gran parte de la obra transcurre postrado en una cama. Demuestra que no hacen falta grandes explosiones interpretativas para construir un personaje sólido y conmovedor. Su trabajo se sostiene en los matices, el miedo contenido y la vulnerabilidad.

La escenografía diseñada por Lula Rojo es uno de los grandes aciertos de la puesta. Oscura, móvil y dinámica, transforma constantemente el espacio escénico mediante un inteligente uso de la utilería y los desplazamientos. Los actores se mueven en la penumbra guiados por manchas de luz sobre el suelo, mientras cada cambio de escenario ocurre casi como un truco de ilusionismo. La iluminación resulta fundamental para sostener el suspenso y, junto con la música de Martín Bianchedi, construye una atmósfera inquietante que potencia cada momento de tensión.

Si bien Misery es la adaptación teatral de un clásico literario y de uno de los grandes éxitos del cine de Hollywood, la versión de Manuel González Gil encuentra una identidad propia. Sin alterar el contexto original, consigue acercar la historia al público argentino y, sobre todo, extraer el máximo potencial de sus intérpretes.

Misery se presenta los jueves, viernes y sábados a las 21:30 en el Teatro Metsura.

Escribió Sebastián Arismendi para La Butaca Web

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