Crítica: La rueda de la maravilla , de Woody Allen

Crítica de Maximiliano Pouchan

Coney Island, verano de los años 50. Playa, mucha gente, juegos, restaurantes y una enorme rueda de la fortuna, nos darán el escenario y el título de esta historia.

Mickey (Justin Timberlake) es un salvavidas y aspirante a dramaturgo. Él nos contara esta historia de la cual fue testigo y formó parte.

Todo comienza con la llegada de Carolina (Juno Temple), huyendo de su marido mafioso tras haber hablado de más con la policía. Busca refugio con su padre, Humpty (Jim Belushi), al cual abandonó luego de la muerte de su madre. Entonces conoce a Ginny (Kate Wislet), que es camarera, actual esposa de su padre y madre de un niño piro maníaco de su matrimonio anterior. Ella la lleva a su casa ubicada en medio del parque, subiendo unas escaleras al lado del tiro al blanco. Allí en ese departamento, que parece un pequeño bar abandonado, se encuentran, discuten, liman asperezas y el decide recibirla en su familia, ayudándola económicamente con el dinero que gana manejando un carrusel. Hasta aquí podría ser un film típico de este director. Pero no. No es un policial ni una comedia. Es un melodrama, una historia sobre seres que luchan contra su destino y sus miserias.

Ginny no es feliz con su marido, no puede controlar a su hijo y está próxima a los 40. Esta presa de una realidad de la cual no cree poder salir, hasta que conoce Mickey. El la hace sentir una mujer bella y que la vida le puede presentar otras realidades y aspiraciones. Ella vuelve a sentirse la actriz que fue en su juventud y empieza a creer que su trabajo y su vida son solo un papel que interpreta circunstancialmente. Entonces Carolina conoce a Mickey. Y todo parece derrumbarse.

“Cuando de amor se trata, a menudo nos convertimos en nuestro peor enemigo. “ Dice Ginny y así será.

Woody Allen es uno de los directores más interesantes y prolíficos de la historia del cine. Ha sabido permanecer vigente, gracias a la cantidad de recursos expresivos que ha manejado magistralmente a lo largo de su carrera. Las expectativas en torno a su obra son grandes.

Nos sorprende entonces que la película sea tan teatral. Primero en su casi unidad espacial y en la falta de grandes imágenes cinematográficas. Y Segundo en la presencia casi directa de la obra de Tennessee Williams. El film casi no tiene humor y su escasa simpatía es poco importante. Apenas podemos percibir rasgos de personalidad del director en la música, que ambienta la historia, y en alguna que otra referencia a su obra anterior o su vida.

Sin embargo, todo esto casi no interesa. El film no se cae nunca, es denso, profundo e irremediablemente humano. Las grandes imágenes nos la regala Vittorio Storaro con su bellísima y mágica luz, que atraviesa la realidad que compone el claroscuro de estos seres contradictorios, nobles y miserables que habitan este universo narrado por un estudiante de dramaturgia. El elenco impensado aporta el punto exacto en cada interpretación destacándose Kate Wislet, haciendo uno de sus mejores trabajos.

Es muy probable que aquellos que vayan a ver cine de Woody Allen no sientan que lo sea, pero verán una muy buena película, simplemente hay que entregarse al juego.

Calificación 9/10

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