Review: 3 anuncios por un crímen

Mildred es una mujer de mediana edad, áspera,un tanto masculina en sus maneras, dura como una piedra y al límite de la violencia. Es de ese tipo de personas que se manifiestan en su vida, con valores que no siempre coinciden con la moral de turno, pero que indefectiblemente se someten
al rigor de su propia ley, para su bien ó para su mal.

Uno no se atrevería a invitar a Mildred para que te alegre la fiesta, ahora, si estás en problemas, y ella te dijo que estaría con vos… andá preparando las vituallas, puede que sea un largo y sinuoso viaje, pero no lo harás solo. Mildred vive en un pueblito en los suburbios de Missouri (EE.UU.), y hace varios meses violaron a su hija, la mataron salvajemente y destrozaron su cuerpo, le prendieron fuego. Sucedió en un camino apartado, poco transitado, un tanto
periférico, a la vera de unos carteles de esos que tanto hay en las rutas.
Mildred contrata el servicio de esos carteles.

3 anuncios.
Tal 3 cruces en el Gólgota de ese suburbio de Missouri que hablan de un sacrificio, el de la joven hija de Mildred, el de ella misma…

“Violada mientras moría”

“¿Todavía no hay arrestos?”

“¿Cómo pasó, jefe Willoughby?”

Harta de no obtener justicia, de que la investigación por el horrendo asesinato de su hija no obtenga resultado alguno, Mildred grita al pueblo, a su pueblo, su reclamo. Y es escuchada por los medios. Y también por las autoridades y por sus conciudadanos. Entonces es, que esos 3 anuncios funcionan como un
revulsivo, un catalizador de voluntades, recibirá algún apoyo: la gente de raza negra, los latinos, los apartados de la fiesta. Y tendrá poderosos opositores: el cura que viene a darle consejos y Mildred lo pone en su lugar (que es el de los
miserables); y los policías. El relato los ubica aún con la impronta racista y
fascistoide en casi todos, pero especialmente en el agente Dixon, muestrario de brutalidad y prejuicio. Y otros, que apoyan a esta runfla de impresentables.

El sheriff Willoughby, objeto del ataque en los anuncios, es apreciado por el pueblo y por sus subalternos. Y aunque no es un dechado de sagacidad, es un buen esposo, un tierno padre, y enfrenta un interrogante (el asesinato de la
chica), que luego observaremos está más allá de sus capacidades, las propias y las del recurso humano que maneja ( “De 15 policías que tengo, debería echar a 11 por racistas. Y me quedaría con 4 homofóbicos”, dice).
Convengamos también, que Mildred no es un compendio de virtudes. Aunque mejor que los policías, es capaz de acciones brutales y tampoco está exenta de prejuicios. Para conseguir sus fines, no observa en detalle los medios a utilizar.
Todos los personajes de la película parecen tener opacidades y cargar culpas. Pueblo chico, infierno grande, expresa el dicho. Y en este pueblito de Missouri parece ser así.
El jefe Willoughby se suicida (tenía un cáncer terminal, que todos en el pueblo sabían) y el único retén de la bomba humana que es el policía Dixon, ya no está, por lo que por una explosión de violencia descontrolada y sin sentido, Dixon es expulsado de la fuerza policial por el nuevo jefe asignado. Un sheriff de raza
negra. Paradojas del destino, que se dice. Y si de paradojas hablamos, es Dixon, el ex policía, el golpeador, el racista, el borracho, quien escuchará una conversación casual en un bar (donde, si no), de alguien que cuenta como violó a una chica, para luego calcinarla. Dixon provoca al jactancioso abusador, y en una pelea obtiene su ADN.
También la patente de su vehículo. Lleva ésta información a la policía y luego de las averiguaciones pertinentes, les informan que es un soldado combatiente en
el Oriente, en una de las tantas guerras que emprende el gran país del norte. Les dicen que no es posible que haya estado en Missouri cuando sucedieron los hechos. En suma: es obvio que les mienten. Protegen un buen instrumento para
matar. Y si de paradojas plantea la película: un viaje en busca de justicia, pero que se parece un tanto a la venganza, une a Mildred y a Dixon, en camino a otra parada de ese infierno tan temido, como inexorable.

El inglés Martin McDonagh realizó un film estructurado como un policial, pero con densidad de tragedia griega, cruel, sin concesiones, donde todos los personajes son perdedores y de algún modo permeables a las ominosas fuerzas en juego.

La música de Carter Burwell, habitual musicalizador de los Hnos Coen, es sutil y elocuente en sumo grado.
El guión de McDonagh, es el sólido andamiaje que sostiene la potencia narrativa de la película. Frances McDormand compone un personaje difícil de empatizar, y lo logra con
maestría. Su Mildred es una furia con el corazón lacerado. Soberbia actuación. Woody Harrelson compone un sheriff Willoughby querible, con gestualidad mesurada, lo que es raro en éste actor. Uno de sus mejores trabajos. Sam Rockwell como el policía Dixon, tal vez al límite de la caricatura, pero no desentona.
Muy buen film.

Guión y Dirección: Martin McDonagh
Fotografía: Ben Davis
Música: Carter Burwell
Elenco: Frances McDormand. Woody Harrelson, Sam Rockwell, Peter Dinklage,
Caleb Landry Jones
Origen: EE.UU.

A. R. Belano

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